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Reflexiones Amorosas

SAN JOSÉ MODELO RECTO DE LOS TRABAJADORES

POR: Antonio Fernández

“¿No es Éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?”. Hay dos tonos para expresar lo enunciado, uno de admiración sincera y la otra de disgusto y por lógica de frialdad, nada encontramos en los nazarenos de lo primero, pero sí de lo segundo, de haber sido la primera hubiera sido movida por la fe y el gozo de escuchar al Hijo de Dios su sabiduría cuya doctrina recorre la intimidad del alma a servir a Dios, pero la segunda mostro la envidia y la soberbia que dice al interior, “¿No es esté el hijo del carpintero?” Palabra acompañada por el tono de una voz molesta que expresa disgusto que se convierte en coraje pasa a la ira y de ahí la furia, la segunda parte del versículo manifiesta su actitud como si dijera: “Nosotros somos de prosapia más alta, ellos son gente sin mérito ni derecho” Cegados por la indignación surge la incredulidad, escuchan a Jesucristo Nuestro Señor molestos y más ver que ocupa el lugar del Maestro en la sinagoga, hizo que nada guardaran en su interior, explica San Jerónimo Doctor de la Iglesia, reconocido Padre de las ciencias bíblicas; “Maravillosa necedad la de los nazarenos. Se admiran de que la Sabiduría posea la sabiduría, y el Poder. Pero viene en seguida el error, porque miran ellos a Jesús como al hijo de un carpintero, por eso dicen: «¿Por ventura no es Este hijo de un artesano?”. Lo enunciado en este versículo deja el sabor de una burla pérfida que menosprecia la divinidad de Jesucristo Nuestro Señor, que deseando en Nazaret ciudad de los recuerdos de su vida, volvió a dejar sembrada la semilla de su palabra en los nazarenos, la respuesta fue ingrata e inconcebible y fuera de si todo deseo en ser atraídos por Jesucristo Nuestro Señor que mostrando su enseñanza a las almas con quien convivio lo negaron. Volviendo a San Juan Crisóstomo veamos la contestación que objeta su proceder falto de fidelidad a su Señor muestra el delito; “En todo eran ellos insensatos, rebajándolo por el oficio que tenía juzgan a su padre, a pesar de que sabían por la historia antigua muchos ejemplos de hombres nobles cuyos padres eran de baja esfera. David fue hijo de un labrador, de Jesé; Amós, de un pastor, y él mismo fue también pastor. Precisamente por esto tenía más mérito, porque a pesar de la humildad de su padre hablaba cosas tan sublimes; lo cual da a entender con claridad, lo que Él era no era resultado de la educación humana, sino de la gracia de Dios”.

“¿Y sus hermanas no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene esto?”. San Hilario invita a reflexionar estas interrogantes; “Se empeñan en rebajar al Señor a causa de sus parientes, y aunque el brillo de su doctrina y de sus milagros los llenaba de admiración no podían persuadirse de que era Dios el que hacía todo esto en el hombre, y acuden al oficio del padre para ultrajarle. Entre tantas cosas magnificas como hacía, solo se dejan arrebatar contemplando su humanidad y por eso dicen: «¿De dónde a este hombre todas estas cosas?». Hasta aquí el Evangelista ha dado a conocer la indolencia de juzgar los nazarenos a Jesucristo Nuestro Señor no como a Dios, sino como hombre, hablan de Jesús despreciativamente, igual lo hacen de San José llamando a Jesús, “El hijo del carpintero” con arrogancia señalan a su Madre la Virgen María y hermanos de ser mujeres sin reconocimiento. Lo anterior nos da a conocer como obra la soberbia maligna en las personas que no ven y escuchan la palabra de su Redentor la ponen en predicamento de si será verdad o mentira inclinándose a esta posición dejan la duda de que sea verdad. La maldad humana deseosa de vivir de acuerdo a su gusto, agrado y placer deja de lado lo que implica sacrificio y aquello que eleva el alma a su Creador se escuda en la ironía entre los que así piensan para que rebajando la divinidad de Cristo Nuestro Señor, y la pureza de María, la entrega de los discípulos y las santas mujeres calificándoles como a pecadores del mundo, y no como San José alma de santidad que obedeció lo dispuesto por Dios a él en la obra de redención, obvio que desconocen vivió situaciones difíciles que otro hubiera flaqueado, porque en “Ese carpintero” San José, existe lo que en ellos está vació: fe, fidelidad, humildad y obediencia única goza a Dios Nuestro Señor y deposita múltiples bienes, gracias y dones; fue San José de su Señor instrumento fiel a sus designios, lleva a Egipto al Redentor y a su Madre, establecido en ese país muestra el celo del trabajo de carpintería, siendo este el oficio que le dio los medios para solventar los gastos de familia, y la providencia de Dios los caminos para que por el trabajo enseñarnos a obtener los medios para dar a la familia casa, vestido y sustento, en este medio

de trabajo abnegado, constante e ingenioso de su padre nutricio, nuestro Redentor desde pequeño aprendió y bendijo el oficio de carpintería y con él todos los demás oficios y forma de trabajo que desarrollan las personas, fue la abnegación y perseverancia que mostro San José Obrero a los siglos: quien al trabajo dedique su tiempo no lo realice viendo solo la remuneración material, sino agradecer a Dios nuestro Señor su magnificencia de proveer del trabajo los bienes personales y temporales para manutención de la familia, no acumular riqueza para satisfacer cosas a que induce el mundo poseer.

“Y se escandalizaban de Él. Mas Jesús les dijo: “Un profeta no está sin honor sino en su país y en su familia”. Profetiza el Señor una verdad real que vive el mundo, sobre todo el pragmatismo en que está sometida surge de la envidia: ¿Cómo es posible que “ese” tenga lo que tiene? Y si se continúan los “posibles” Nunca se acaban pues el interior envidioso de las personas es sin fin, no hay justicia para reconocer, la cuestión es mentir que algo queda, pero en el Señor ese dudar queda a los siglos ser más reconocido, pero la envía exclama: ¿Cuándo lo conocí era un don nadie? Estos comentarios ofensivos surgen del corazón soberbio y maligno, ahora llevemos esta actitud a la que el Señor injustamente recibió de los nazarenos, brotó la crítica humillante e hiriente: Cristo Nuestro Señor enseña a ser manso y humilde de corazón, suplicando hacer nuestro corazón semejante al suyo, lo que San Juan Crisóstomo invita a meditar; “Pero mirad la mansedumbre de Cristo: no los ultraja, sino que les responde con mucha dulzura; y por eso sigue: «No hay profeta sin honra, sino en su patria y en su casa». Aprendiendo de San José Obrero, cómo jefe de familia fue prudente con su esposa María, sabiendo quien era el Niño Jesús obro con reflexión y precaución para evitar daños. He aquí el modelo a imitar por todo jefe de familia, más la euforia que se ha sembrado en el mundo de prepotencia, de poder económico, de maldad, de desprecio influye en la vida de toda persona, en la familia se desquebraja la autoridad del padre y de la madre de tal forma que sucede lo mismo que al Señor; “Un profeta no está sin honor en su país y en su familia” Cierto, un padre de familia en este siglo está sin honor en casa, es escuchado pero ignorado, es respetado de dientes afuera, pero interiormente critican y cuando aprieta la cuña se defienden con los errores del pasado que no se perdonan, se exhiben para humillarles y herirles, aunque los padres pierden los estribos, mantienen la responsabilidad, que será aprender de San José teniéndole modelo en el trabajo y sea la suavidad paternal que ilustra San Juan Crisóstomo; “Pero mirad la mansedumbre de Cristo: no los ultraja, sino que les responde con mucha dulzura; y por eso sigue: No hay profeta sin honra, sino en su patria y en su casa». “Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe”.

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