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Reflexiones Amorosas

LAS TRIBULACIONES DAN LA LUZ DE LA VIDA ETERNA

POR: Antonio Fernández

En su Carta San Pedro esclarece que para el cristiano católico obtener la perfecta alegría, no dejará de perseverar en la palabra del Señor porque perseverando en ella encontrará el premio eterno al término de su existencia terrena ilustra como habrá de llevarse el orden de vida espiritual en el mundo; “Como siervos de Dios. Respetad a todos, amad a los hermanos, temed a Dios, como siervos de Dios” Difícil para el corazón incrédulo, para el corazón perverso y para el corazón posesionado por la soberbia maligna, para el corazón de fe comprender que por la oración alcanzará si así lo desea, la fusión que une vivir en intimidad con Cristo Nuestro Señor y el cristiano católico, para ello se tendrá la condición espiritual de comprender: la fe es un don de Dios Padre que profundiza la condición primordial de creer en la divinidad de Cristo Nuestro Señor como Hijo de Dios, ello tiene el valor del mérito de la fe por la que se dispone a la acción y efecto de conformidad hacia Él, fácil será para aquel que tiene voluntad bondadosa, caritativa y misericordiosa ser indulgente con él prójimo no se pondrán justificaciones injustificables, viendo en el prójimo que vive el agobio y la aflicción del dolor al mismo Cristo Nuestro Señor disponerse a robustecer la fe. El mandamiento de Dios Nuestro Señor que el Primado de la Iglesia orienta a encontrarnos donde está el medio para vencer las tribulaciones que agobian el alma a la que no se le deja en una idea, sino que siendo la palabra verdad eterna de Dios en el pecador, será convertirla por sí mismo conservar al interior del corazón la enseñanza que San Pedro instruye;” Respetad a todos, amad a los hermanos, temed a Dios”. Regla sencilla a cumplir, pero cuando las miserias de la vida convierten en tribulaciones lo que en verdad es prueba de fe se puede perder la luz de la esperanza no descubriendo el camino de la vida que principia y termina en Jesucristo Nuestro Señor, la verdad entre uno y otro momento se manifiesta en a cada alma que recibe múltiples testimonios de que ha sido, es y será el Cristo Nuestro Salvador incansable buscador de la fe en los corazones de las almas creadas por Dios su Padre. ¿Qué hacer para que la encuentre dentro de Mí mismo? Aprendamos lo que el Evangelista imparte sobre la Catedra del Señor; Veamos, llevan ante los discípulos del Señor a uno que está poseído por el demonio, no saben qué hacer para expulsarlo, los familiares de esté hombre exponen ante Nuestro Señor Jesucristo las condiciones del hijo que el Divino Maestro conoce, más los familiares le dicen han pedido a sus discípulos lo expulsen y no han hecho nada; “Entonces, Él les respondió y dijo: ¡Oh raza incrédula! ¿hasta cuándo habré de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo!”, ¿Comprenderían los discípulos la ira divina? Es un reclamó justo que si bien lo sintieron no supieron que hacer ni que decir, teniendo los poderes que el Señor les entrego podían haber obrado la expulsión, pero se quedan pasmados, ¿Porque titubearon y se confundieron? Como todavía su fe no era suficiente temieron hacerlo. Quizá sea repetitivo lo que se expone, el punto vital de la existencia humana en todo aquel que quiera salvar su alma y ganar la gloria eterna, es creer en Cristo Nuestro Señor, en su obra, en su divinidad, en su resurrección y en su mandamiento, ello significa cumplir su voluntad en convertirse y vivir de acuerdo a su mandato; “Y Jesús les respondió y dijo: “¡Tened fe en Dios!”. Estamos ante la reprimenda y censura por incredulidad, temieron aplicar los poderes que entrego el divino Maestro a sus discípulos. Por lo que es de comprender que el vacío de la fe aumenta las tribulaciones que la vida envuelve por el dolor, la pena y soledad, angustia y mucho más, eso no quiere decir que Dios abandona al doliente, Él está a su lado sufriendo y padeciendo mucho más de lo que padece el pecador, pero mientras la fe no fluya del corazón a los labios limpia y sincera, Él permanece en espera, y de nuestra parte el corazón atado a la incredulidad. ¿Qué difícil es no vernos así mismos padecer sin entender porque se padece? ¿Qué difícil es sufrir el dolor y la pena sin verse en el espejo de nuestra realidad? ¿Qué difícil es entender que lo que se padece es la prueba de fidelidad que el Señor dispone?

¿Qué difícil es no comprender que falta lo primordial para salir del cerco que por nuestras negligencias estamos encerrados, y entre más se busca la salida más se cierra el círculo del agobio? .

Las actividades del mundo requieren exigencia a los mejores en aptitudes y capacidades, pero unido a estas cualidades se adhieren otras que son la del maloso oportunista, el que esconde el mal con actitud de bueno, son tantas las apariencias unas sinceras y otras engañosas, en este vaivén de las cosas surgen momentos que la conducta de las personas de ir bien pasa a mal cayendo en tribulaciones y turbaciones, sencillamente porque no se apegan a conservar lo que tienen, sino que la ambición exige ir a más y encontrar en la vanagloria y ostentación la satisfacción al “Yo”, el interés por no perder el bien logrado se disciplinan a cumplir más allá de sus capacidades, en el fondo de su propósito está el ascenso, ganancia, logro de bienes materiales o el bien que se quiere, en buena forma es razonable perder y ganar, luchar y se esforzarse, al final un mal paso y todo vuele al principio, así es la vida, cuando se avanza no se ve otra cosa sino la obsesión y preocupación de ganar creyendo que siempre se avanzará sin caer no se piensa en ello todo se cómo si el éxito fuera para siempre, pero cuando se llega a la caída cuesta mucho esfuerzo levantarse o quizá ya no será posible, porque la ambición es celosa a no perder lugar en el mundo, esta realidad comparada con la voluntad de Dios en Cristo Nuestro Señor, quien no vino al mundo hacer ostentación de ser el Hijo de Dios, vino a salvar Israel y al mundo del pecado, vino a enseñar el camino de salvación, vino a descubrir la fe, vino a ver en los corazones si quedo o no sembrada la semilla de su doctrina y en la que no está, sembrarla, ¿Y cuál es el resultado? La respuesta la da Nuestro Señor; “Porque muchos son llamados, más pocos escogidos”. Se refiere al pueblo escogido de la Antigua Alianza; a las bodas de su Hijo con la humanidad convida el Padre primero a los judíos por medio de sus “siervos” los profetas fueron despreciados y con ello perdieron a la cena. Los “otros siervos” los apóstoles, rechazados esta vez por el pueblo, como Él lo fuera por la Sinagoga, destruida Jerusalén, los apóstoles y sus sucesores, invitan a los gentiles y llenan la sala de Dios. Quien no lleva el vestido nupcial carece de la gracia santificante, sin la cual nadie puede acercarse al banquete de las Bodas del Cordero, por ello todos los seres humanos son llamados por Dios, mas pocos por si mismos se ganan ser elegido.

Cristo Nuestro Señor es el único dueño de las almas a las que quiere en sus bodas. Dios es incansable, su deseo esparce ternura y compasión como en el hecho evangélico anuncia; “Me volveréis a ver”, llegó el momento de confirmarlo a sus discípulos y consolar el ánimo por la tristeza que sobrevendrá en ellos, revela su grande misericordia el corazón amoroso de Padre comprensivo, condescendiente e indulgente, a pesar de añadir la esperanza que fluyen de sus divinos labios: “de volver a verse pronto” el corazón agobiado por la pena no dio atención. Bien conoce la reacción cuando se dispone explicar con detalle la obra de redención y su resurrección, para ello se entregará a sus enemigos y morirá derramando su preciosísima sangre, será escarnecido y padecerá la ignominia de la negación e incredulidad como lo anuncio en tres ocasiones.

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