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Reflexiones Amorosas

ENTREGANDO SU VIDA REDIME AL PECADOR

POR: Antonio Fernández

Jesucristo Nuestro Señor da conocer que la conducta humana ante la agresión de la soberbia maligna, su defensa está en dominarla imitando su humildad y mansedumbre, para ello se describen dos puntos de su enseñanza; “Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo y diente por diente”, significa ir a la venganza, al desquite, a satisfacer el “yo” del poder, a la represalia, el imposible perdonar, a olvidar la pacificación del ímpetu para detener la agresión sea provocada o accidental contra el prójimo cuando la pasión es dueña del impulso ¡Que difícil! detenerla. San Juan, clarifica el mandato divino para contener la ofensa agresora de una alma por la razón que sea no le es justificado perder el control de sí mismo para atacar y agredir, degradar o denigrar u ofender físicamente incluso arrebatar la vida, lo saludable para toda alma es la humildad ante la injusta agresión del que la recibe como el que la inicia, es dar un paso atrás y frenarse, instruye el Señor; “Más Yo os digo: no resistir al que es malo; antes bien, sí alguien te abofeteare en la mejilla derecha, preséntale también la otra”. Y como conclusión de su palabra, dado que la del Señor es verdad y ejemplo a seguir, previene a los siglos; llevado a la casa del sacerdote Anás y ser interrogado, las acusaciones son sinrazones, injustas y contradictorias, dijo; “¿Por qué me interrogas a Mí? Pregunta a los que han oído, qué les he enseñado; ellos saben lo que Yo he dicho. A estas palabras, uno de los satélites. que se encontraba junto a Jesús, le dio una bofetada, diciendo: ¿Así respondes Tú al sumo sacerdote? Jesús le respondió: Si he hablado mal, prueba en qué está el mal; pero si he hablado bien ¿por qué me golpeas?». El Señor pide paciencia y docilidad, la humanidad no escucha, no tiene deseos de tomar para sí la enseñanza del Señor, no fija su atención en ello porque a su “Ego” le resulta infantil, aniñado y vano, porque el agresor necesita satisfacer su “Yo” por ser “ofendido”. Reza el Señor en el Sermón de la Montaña; “Bienaventurados los mansos, porque heredaran la tierra”, San Agustín reafirma la enseñanza del divino Maestro; “Pelean los que no son mansos y se disputan las cosas temporales, pero siempre serán bienaventurados los humildes, porque ellos heredaran una tierra de donde nadie los podrá arrojar”. ¿Podremos comprender y asimilar que Jesucristo Nuestro Señor siendo Dios pudiendo defenderse y vencer las injustas acusaciones y castigos a su divino cuerpo por sus enemigos, no lo hizo? ¡Claro que podía y puede hacerlo!, San Juan revela que la redención de la humanidad es obra de su misericordiosa mansedumbre, reza el evangelio; cuando al Señor, una gavilla de gente del sanedrín dirigidos por Judas Iscariote con un beso lo entrega para ser tomado preso, vino una reacción de quienes venían con Él; “Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó e hirió a un siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. El nombre del siervo era Malco. «Mas Jesús dijo a Pedro: «Vuelve la espada a la vaina; ¿no he de beber el cáliz que me ha dado el Padre?». Mateo explica con detalle este momento en que el Señor tranquiliza la pasión e hizo razonar a los exaltados; «Vuelve tu espada a su lugar, porque los que empuñan la espada, perecerán a espada. ¿0 piensas que no puedo rogar a mi Padre, y me dará al punto más de doce legiones de ángeles?” Jesucristo Nuestro Señor manifiesta a los siglos que su predicación es ejemplo y obra, así ha de entenderse la norma pronunciada por Él en el Sermón de la Montaña. Y aunque muchos pongan en duda la palabra del Señor por su incredulidad, su enseñanza es siempre actual; “Los que empuñan la espada, perecerán a espada” Dicho de otra manera se entiende del Señor, “el que ha hierro mata, a hierro muere”.

Ahora bien, ¿Por qué la acusación corrió por boca del sanedrín calificándola de ridícula?; “Sí alguien te abofeteara en la mejilla derecha, preséntale la otra”. El Sanedrín estaba a la espera del Mesías que le diera el poder del mundo, primero expulsar a los romanos de Israel para ellos ocupar su lugar llevando como caudillo al Mesías. Los pueblos del mundo eran paganos e idolatras y supersticiosos pero guerreros, les llamó la atención lo del Mesías con poder, y temieron, pero cuando supieron que

ese Mesías era Jesucristo Nuestro Señor enseñando a Israel a perdonar al prójimo, a poner la otra mejilla cuando te golpean se rieron del pueblo judío y decían, ¿Con ese caudillo nos vencerán? Siendo esta la acusación por el que el sanedrín lo desconoció y rechazo, desprecio y negó la divinidad a su propio Mesías. Para reflexión de este hecho en el que se muestra Cristo Nuestro Señor ser el Pastor que da su vida por sus ovejas, es valorar y profundizar que el Señor fue dando paso a paso camino a la redención de las almas. Él sabía cómo sucederían las cosas, cada acontecimiento sea para el cristiano católico una enseñanza para retornar no solo la vista y los sentidos, sino el alma y corazón al Señor que entregando su vida redime al pecador. Jesucristo Nuestro Señor permitió ser llevado al centro de la sinagoga, lugar donde se conspira contra de su divinidad, lugar donde realizan los conciliábulos en su contra, punto donde confabulan sus hostilidades los que dicen creer en un dios que no es Dios. El Evangelista San Juan expone lo que viene a ser la causa principal del sanedrín contra su Mesías; “Y todos le preguntaron: «¿Luego eres Tú el Hijo de Dios?» Les respondió: «Vosotros lo estáis diciendo: ¡Yo soy! Entonces dijeron: ¿Qué necesidad tenemos ya de testimonio? Nosotros mismos acabamos oírlo de su boca.» Entendamos, su maldad está realizada, el Señor pudiera haber dado otra respuesta, pero fue claro, Nuestro Señor conocía que está declaración la estuvieron esperando en el tiempo de su peregrinación por Israel y nunca la pudieron obtener, ahora su deseo de redención la dio porque estaba pronto para llegar a ello. Y para confirmar el deseo del Señor, San Mateo lo deja claro cuando exponen sus acusaciones ante Pilato; «Hemos hallado a este hombre soliviantando a nuestra nación, impidiendo que se dé tributo al César y diciendo ser el Cristo Rey. “Las acusaciones primeras a Pilato no le fue nada interesante, lo vio como una acusación sacada a fuerzas de los acusadores que le temían, por lo tanto, sin valor para el Impero romano, lo que si fue de su interés es lo referente; “Ser el Cristo Rey” Porque eso podía afectar a Roma y a Él como Tribuno, por lo que fue a Él para ver si en realidad es Rey; “Pilato lo interrogó y dijo: «¿Eres Tú el rey de los judíos?» Respondióle y dijo: «Tú lo dices. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a las turbas: «No hallo culpa en este hombre.». ¡Claro! ¡No hay culpa! Entonces ¿Qué paso? La incitación de los sacerdotes, ancianos, escribas y fariseos a la plebe de Jerusalén que ocho días antes lo aclamo Rey, ahora lo acusan de sedición. Así continuo Nuestro Señor Jesucristo el camino al patíbulo de la redención de la humanidad del pecado.

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