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Reflexiones Amorosas

JESÚS RESUCITÓ CON SU MISMO CUERPO Y PROPIA VIRTUD

POR: Antonio Fernández

“Más él les dijo: No tengáis miedo, A Jesús buscáis, el Nazareno crucificado; resucitó, no está aquí. Ved el lugar donde lo habían puesto”. (Mc 16, 6)

La Santa Madre Iglesia confiesa; “¡Si! Es justo alabar a Dios en todo tiempo, mucho más lo es en este día, en que Cristo Nuestro Señor, nuestra pascua, inmolado para expiar los pecados del mundo, nos ha dado la vida con su muerte y resurrección. Pascua es el pecado destruido, la muerte vencida y la vida divina recobrada”. Se nos ha pedido: “Es justo alabar a Dios” Y es nuestro deber retribuir al amor misericordioso de Cristo Nuestro Señor glorificar a Dios; es bendecir la obra redentora dispuesta por nuestro Padre Celestial, cuyo punto culminante es la resurrección de su divino Hijo: Es reconocer y honrar a Jesucristo Nuestro Señor quien resucita con su mismo cuerpo y propia virtud como lo dio a conocer a sus discípulos; “Que Él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sacerdotes y de los escribas, y ser condenado a muerte y resucitar al tercer día”.

Los Santos Evangelios señalan dos ocasiones más que en su contenido es el mismo mensaje, cada anuncio lo cierra el Señor con su palabra promesa de su realeza donde Marcos es más específico; “Más tres días después resucitará”: Es posible que los discípulos dieron más importancia a la persecución y castigo injusto que recibiría su Maestro, y poca la atención a la resurrección, no es de dudar que esa ligereza se debía a que su fe todavía era incipiente, por ello no apreciaron de momento que el triunfo de Cristo Nuestro Señor es la verdad fundamental del cristianismo católico que ellos después de la ascensión a los cielos será punto trascendente para la evangelización del mundo. Ilustra el Pbro. Spadafora: “ El alma siempre unida a la divinidad, y en la mañana del domingo volvió a unirse con el cuerpo para darle vida nuevamente ”La predicción de Cristo Nuestro Señor quedo cumplida y con ello la redención de la humanidad realizada, desde luego, para que cada componente de ella redima por sí mismo su alma del pecado, Nuestro Señor Jesucristo será para todo arrepentido sinceramente; “El camino, y la verdad y la vida; nadie va al Padre , sino por Mí”.

Todo acto litúrgico que la Iglesia ofrece para reedificar el alma del pecado: la Misa, frecuencia de sacramentos, la oración, devociones, obras de piedad y nuestra fe en Cristo Nuestro Señor se afirmará por estos bienes como lo fue en

sus discípulos al verle resucitado; “Redimió el Cordero a las ovejas; Cristo, inocente, reconcilió con su Padre a los pecadores”.

Vaya controversia humana cuando por la soberbia maligna se carece de fe por no creer lo que la razón cree, la incredulidad jamás avivará la fe que desecha; la otra es cuando la fe es obtenida por creer lo que la razón quiere creer se creyó y se aceptó la verdad expuesta por palabra del Señor. Jesucristo revela su resurrección a los fariseos dando conocimiento a la señal que mostrará la incredulidad de su error y la ceguera de no entender que ha dicho la verdad del milagro prodigioso por el que demuestra su autoridad divina; “Destruid este Templo, y Yo lo reedificaré en tres días”. Vino la avalancha de crítica y reproche, reprobación y censura a consecuencia de creer lo que los ojos de los sacerdotes y jefes del sanedrín ven las cosas materiales con que ha sido construido el Templo de Jerusalén, los hombres que trabajaron, el diseño y detalles de los arquitectos eso los hace orgullosos de la obra material y no la espiritual, sin entender que fue la voluntad de Dios la que permitió su construcción, pero carentes de credibilidad enjuician su palabra; “Se ha empleado cuarenta y seis años en edificar este templo, ¿y tú en tres días lo volverás a levantar?”. Continúa el evangelista, dando a conocer la realidad que se comprende cuando es firme en el alma la fe y confianza en el Señor se puede apreciar y gozar lo sobrenatural; “Pero Él hablaba del Templo de su cuerpo”. Bien, los discípulos entendieron con exactitud lo que significaba la frase después de la resurrección, pero la gente de la sinagoga no entendió nada, se escandalizaron porque en la pequeñez de su mente les era imposible aceptar que puede reconstruirlo en tres días lo que años tardo en construirse. En efecto la palabra que dio a conocer Jesucristo: ”Yo lo reedificare en tres días”. Y en vez de profundizar en su palabra meditándola hasta encontrar la causa del porque el Señor les dio saber algo que de momento no comprendían, hicieron lo contrario, más que creer en ella la condenaron pues los fariseos y la gente del sanedrín se valieron de su palabras para acusarlo en el sanedrín; “Y algunos se levantaron y adujeron contra Él este falso testimonio; Nosotros lo hemos oído decir: Derribaré este Templo hecho de la mano del hombre, y en el espacio de tres días reedificaré otro no hecho de mano de hombre”, en primer lugar como se dice en las cosas del mundo, los acusadores del sanedrín maquillaron la palabra del Señor, porque la idea que afirman al acusarlo no lo dijo en el sentido que ellos toman para acusarlo, la otra, es que en la acusación ellos mismos reconocen y dan la lanzada sin razonar en lo que están diciendo, pues dicen “reedificare otro, no hecho de mano de hombre” En ello están afirmando de la palabra del Señor su resurrección, en efecto sin la mano del hombre Jesucristo Nuestro Señor resucito al tercer día como lo profetizo con su mismo cuerpo y propia virtud. Pero la palabra del Hijo de Dios la ajustan con su dicho; “Tú que derribas el Templo, y en tres días lo redificas, ¡Sálvate a Ti

mismo! Sí eres Hijo de Dios, bájate de esa Cruz”. Los escribas, sacerdotes y ancianos del sanedrín incitan al pueblo a escarnecer precisamente al Hijo de Dios, ¿Qué diremos? La realidad, ellos se pusieron a sí mismos y por propia voluntad la soga al cuello, es una increpación grave burlar, mofarse y con ironía humillar ridiculizando la palabra de Dios, como hoy infinidad de hijos suyos trastocados por la incredulidad hace lo mismo, no solo nos sentimos sin fuerzas porque no estamos ahí para decirles la gravedad de sus insultos y la condena en que han caído, veamos lo que el apóstol Santiago enseña a meditar en ello; “Sí uno oye la palabra (Dios) y no la practica, ese tal es semejante a un hombre que mira en un espejo los rasgos de su rostro; se mira, y se aleja (del espejo), y al instante se olvida de cómo era”.

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