Mensaje de Navidad del Obispo de Torreón

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Luis Martín Barraza Beltrán, obispo de la Diócesis de Torreón, en su mensaje reflexiona sobre el sentido de la Navidad.

Un gran deseo de bondad invade el corazón de todos nosotros en la Navidad. La inocencia y la Humildad del Hijo de Dios que nace en Belén, en un pesebre, provoca un gran revuelo en el interior del ser humano. La utopía de la humanidad fraterna, solidaria, y justa se aviva muy dentro del alma. Sentimos una gran necesidad de que todos nuestros seres queridos estén bien, que sean felices, pero sólo ellos, sino todos los seres humanos. Queremos que la paz y la armonía reinen por doquier; que no haya sufrimiento, soledad, enfermedad, ni hambre. Es admirable el impacto que causa el espectáculo del Dios-niño nacido en un establo. La visión de Isaías acerca de la reconciliación universal se respira en el ambiente: «Habitará el lobo con el cordero, la pantera se echará con el cabrito, el novillo y el peón pacerán juntos…» (Is 11,6).

La Navidad nos confronta con el proyecto original de Dios para cada uno de nosotros: «Él nos eligió en Cristo desde antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables ante él por el amor» (Ef 1,4). Esto es lo mejor que hay en nosotros, el llamado de Dios a la santidad, a la convivencia fraterna. No abrirnos al proyecto de Dios nos hace daño internamente, nos predispone a la violencia. No dejemos que se vuelva todo este ambiente de fiesta una ilusión pasajera. No perdamos de vista al Dios-con nosotros. Hemos dejado de escuchar la voz del Señor, traemos un poco perdida nuestra vocación de seres humanos, y no se diga de hijos de Dios.

El «Sueño»de Dios acerca de la humanidad nueva, revelada en el pesebre sigue siendo visto con sospecha, como lo fue su visita histórica. La belleza del pesebre consiste en el total abandono a la Providencia Divina de la Familia de Nazaret. No poseen nada, sólo a Dios. Es un hermoso espectáculo de compromiso con su pueblo desde la ternura de Dios. Sin embargo, nosotros desconfiamos de esta propuesta del Dios humilde, preferimos las soluciones desde el poder. Tal vez pensamos que el despojo de Dios en un pesebre es un escenario muy romántico y, por lo tanto, un adorno original, pero no como estrategia para solucionar los problemas que nos aquejan, que siempre tienen que  ver con abusos de poder.

En esta Navidad acerquémonos a la inocencia del proyecto original de Dios para la humanidad. Contemplemos a Jesús pobre en el pesebre para admirar su belleza, ahí se nos revela el verdadero rostro del hombre; hermano para los demás. Jesucristo con su desamparo en Belén nos enseña que es más fácil el camino sencillo del amor y la mansedumbre, sólo por este camino podremos encontrar la paz y la protección de Dios.

A través de la comunicado de prensa, el Obispo de Torreón, así se refirió a la esencia de la Navidad que se originó en un sencillo y humilde pesebre

 

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