Las gorditas se mantienen en pie de lucha a la vera de la carretera “Los Ángeles”

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POR: Higinio Esparza Ramírez

Bajaron las ventas entre un 70% y un 50%, pero ellas no han bajado los brazos y siguen al pie del comal. Venden gorditas a la vera de la carretera al poblado “Los Ángeles”, municipio de Lerdo y son el eje de un corredor gastronómico rural, uno de los sectores afectados con las disposiciones para contener la pandemia del coronavirus y tratan de cumplirlas al pie de la letra. Sin embargo, sus clientes son muchos y siguen formando filas ante las rústicas cocinas para hacer sus pedidos, ya sea para comer en largas mesas con bancas laterales, o llevar a casa. El consejo de guardar la sana distancia campea en los establecimientos, pero no todos le hacen caso.

Las aglomeraciones son inevitables en dos o tres restaurantes de los que registran mayor actividad pero en estos días han disminuido y el uso del tapabocas forma parte ya de la cotidianidad, aunque algunos imprudentes todavía se resisten a usarlo. Hay vigilancia por parte del municipio para exigir la observancia estricta de las medidas sanitarias, y en el caso de faltas, los oficiales sólo hacen llamadas de atención sin recurrir al abuso, aclara enfática Miriam Encerrado Sánchez, propietaria y cocinera del restaurante de gordas y desayunos “La Cabaña”, uno de los ocho o más restaurantes de este singular corredor de comida rápida, ubicado adelante del parque nacional de Raymundo, un lugar de paseo cerrado temporalmente debido a la cuarentena.

Todos esos negocios generan empleos y sirven de sostén a familias del propio ejido donde están asentados. Las mujeres tortean, guisan, preparan y despachan las gordas de nopalitos, papas verdes con frijoles, rajas con frijoles, chicharrón, asado y moronga y los desayunos con dos huevos estrellados, frijolitos y el guisado que usted prefiera.

Si el cliente quiere pan de dulce -buñuelos, empanadas, semitas- sólo tiene que cruzar la carretera para comprarlos en una cocina-panadería de enfrente. La circulación vehicular es lenta porque hay bordos y vigilancia. Es un paso obligado de automovilistas, conductores y traileros que transitan o vienen de San Luis Potosí, Durango, Zacatecas y Chihuahua. De igual modo llegan familias de Torreón, Gómez Palacio y Ciudad Lerdo, agricultores menonitas y habitantes de La Honda, Zacs. y de Guadalupe Victoria. “La Cabaña” tiene doce empleados, entre cocineras y meseros y su dueña Miriam tortea al mismo ritmo que sus compañeras.

En el restaurante Santos 2, más hacia el norte, pocos coches y clientes han acudido en los días recientes pero su escasa presencia estimula a las cocineras que amasan, tortean y dan forma a las gordas ante un mostrador de platillos con sazón a floresta y libertad. Sus ventas también han disminuido pero la dueña nos dice que la crisis no las ha doblegado y siguen en pie de lucha diaria para sobrevivir a las exigencias económicas y de salud, pero sobre todo, porque ésa es su única fuente de trabajo. En las mismas condiciones laboran los negocios de enfrente: Ale, con menudo y gordas de cocedor, “El Papucho”, Gaby y una palapa de mariscos y carne asada.

El optimismo es manifiesto en el pasaje alimentario al aire libre, aunque la soledad abruma al restaurante El Monje, a las tiendas naturistas y de regalos, pero todavía es temprano y esperan su pronta recuperación. El variado alimento tipo antojo servido en gordas de maíz o de harina cocidas con leña, tiene una gran demanda en la comarca, principalmente en los centros urbanos y de hecho se encuentra convertido en un elemento de identidad de los laguneros. Las gorditas laguneras, por lo tanto, están tratando de sobrevivir, se adaptan a la situación de emergencia

sanitaria y sortean con esfuerzo la crisis económica, al mismo tiempo que las cocineras insisten ante sus clientes en el cumplimiento estricto del sano distanciamiento para evitar los contagios, partiendo del hecho de que esta práctica es una responsabilidad ciudadana lo mismo que el uso del tapabocas y el lavado de manos. Hay aires de optimismo y esperanza en el ánimo de las modestas vendedoras de gorditas y su actividad -es evidente- alivia los malestares del largo encierro forzado.

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