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La odisea en busca de empleo

POR: José Luis Urdaibay

En tiempos oscuros, en el argot del trabajo; el desempleado es aquel que busca trabajo y no se lo dan. Por la crisis de salud, muchos han sido desincorporados de sus centros laborales. Y ahí, inicia la vivencia amarga del subempleo o de la falta de experiencia o escasez de oferta.

Primero, el viaje se inicia, adquiriendo un paquete de hojas amarillas, para solicitud de empleo, segundo, el desfile glamoroso de letreros en los postes, paredes y esquinas del centro de la ciudad. Se detienen los que se quieren re integrar. Leen y recortan papelitos con direcciones y números de teléfono. Si te alcanza compras el periódico, apartas las demás secciones y te vas de inmediato a anuncios clasificados en busca de oportunidades de trabajo y si me mejor te va, de contar con internet, buscas desesperado quién requiere de tus servicios y habilidades.

Agotada ésta primera trama, todas las flechas apuntan al Sistema Nacional del Empleo; al Sistema Municipal del Empleo. Dos instancias locales laguneras. Ahí en ambas, existe un periódico mural de avisos, si pides cita, ellos te ofrecerán un oficio, que te entregan para llevarlo al centro de trabajo, aunque, el oficio no te garantiza que te emplees.

Si es así, entrarán muchos, laguneros, en las frías estadísticas, unos 28,000. torreonenses, irrumpiendo en la economía informal, poniendo un changarrito o de taxista si se tiene suerte, de lo contrario empezarás lavando coches –no tiene nada de malo- todo trabajo legal es digno, pero no te alcanza para completar las necesidades básicas de una familia que tiene que pagar renta, servicios de luz, agua, alimentación y vestimenta, en un buen día lavando coches te alcanzará para la papa, mitigar el hambre de tus vástagos, tu cónyuge y el propio.

Por otra parte la trama, oculta, va empujando al buscador, a acudir al más inmediato ejercicio de repasar los objetos útiles de la casa: Electrodomésticos. –Herramientas – Joyas –si se tiene, que en la mayoría de los casos no, entre otras prendas de interés para entregar en el Monte de Piedad; te pedirán tus datos, y te entregarán una credencial con tu número único. Las ayudas son menores, 500, 250. 200 pesos, para salir de la urgencia, la credencial es para que vuelvas. Muchos artículos de ingreso, pocos al rescate. Casi todo, para el desempleado se pierde.

Entonces llegar al llamado para una entrevista de trabajo, a la que hay que atender de inmediato. Siguiendo los consejos, debes acudir a la cita con la apariencia de un Catrín, de buen ver. Como no se tiene dinero, hay que acudir al corte gratuito, se impone en las escuelas para estilistas, por ejemplo en el

Instituto la Washington, donde de tanto y tanto aparece un letrero de corte de pelo y barba gratis. La escuela tiene varias sedes, la mejor en Zaragoza y Allende.

De allí a caminar con las preguntas en la mente; el furor lúcido de los entrevistadores-contratamos-dicen-personas con edades entre los 18 y los 35 años.

¿Quién dice que la experiencia no cuenta? No hay prejuicio, pero es necesario para el otro puesto tener entre los 18 y los 40. Dos años de experiencia. No hay manera, para el que ya rebasó esa edad encontrar empleo, te ven como bicho raro y viejo, aunque apenas llegas a los pasaditos cincuentas.

El recorrido llevará al buscador, a encontrar comida a la mano. Lo indicado, un comedor que supervisa el DIF detrás del monumento a Hidalgo, cerca del puente a Gómez Palacio.

El precio es de calidad, comida estilo económico. Después de todo, la elección del platillo es lo de menos, 25 pesos, cuatro flautitas y ensalada. Eso está bien para el que vive solo, pero para los hijos y esposa no alcanza.

Regreso del desempleado, aprovechando la energía de los alimentos, al centro de la ciudad, donde se encuentra la mayor cantidad de letreros, cartulinas y anuncios en fotocopia, de trabajos fantásticos de medio tiempo de más de 1,500 pesos. Eso sí, sin prestaciones.

Visto también el mundo virtual, el internet, miente. Trabajos falsos, que sólo roban tu dirección y tu Whats App. Eso sí con la esperanza de que mañana, en plena crisis, será algo mejor.

El busca empleos sigue caminando, se le ocurre que eso si puede recoger, latas de aluminio y cartones como un aviso premonitorio, nunca se sabe. Pero la travesía pareciera larga y sin salida, porque en el túnel de la desesperanza no hay una mínima luz que lo guíe al sitio anhelado para llegar a casa, ante tu familia con el rostro pintado de esperanza y dignidad, porque al fin ha encontrado trabajo.

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