Ilusiones

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

PARA desgracia de los mexicanos, por falta de conciencia crítica, se aceptan las mentiras difundidas por los medios de comunicación utilizando la propaganda (entendida en su concepto manipulador). Y pareciera que a la sociedad la integran personas instruidas, dueñas de grandes conocimientos sobre temas diversos.

Sin embargo, no es así. La mayoría de la gente rechaza las ideas de otros. Las opiniones que no son afines a la propia son denostadas. Si en verdad tuviésemos un alto cociente intelectual, entonces ¿por qué tropezamos con la misma piedra todos los días? Esto es, mantenemos la práctica de aconsejar cómo evitar problemas, o la forma de resolverlos, mientras que cotidianamente incidimos en aquello de lo cual advertimos y hasta amonestamos.

El intercambio de ideas, que permita la sustitución de pensamientos incorrectos al aprender de otros, sufre rechazo. Muchos personas trepan a su torre de marfil donde despotrican contra políticas económicas gubernamentales; deportes (por ejemplo que el equipo del cual son seguidores es mejor que otros); que un dios determinado es el único y verdadero Dios y los de otras religiones son falsos; los atributos de la película de moda hasta los beneficios de un multiorgasmo.

En fin, todo cuanto abarca el quehacer humano. En los agradecimientos del autor de un libro sobre yoga encontré la siguiente idea, cuyo pensamiento me parece debería ser rector de nuestra actitud ante cualquier escucha: “… pasamos muchas horas discutiendo diversos temas en los cafés de Berkeley. Sin su ayuda, este libro no habría sido posible”.

El escritor aceptó las opiniones de sus interlocutores. No las consideró erróneas o equivocadas. Cuando escuchamos a otros, sobre todo si creemos es gente sin educación académica, quienes tienen poco o mucho conocimiento, sobre todo aquellos que carecen de humildad, no somos capaces de aceptar que esas personas puedan ser capaces de ofrecer una idea esclarecedora de un pensamiento no bien definido.

La pedantería y el falso orgullo es nuestra zanahoria que en una fábula se utiliza para hacer caminar a un jumento.

¿POR QUÉ recordamos solamente el 10 de mayo a las madres? Deberíamos dejar de lado el consumismo y hacer todos los días un reconocimiento a la mujer dadora de vida.

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