Ilusiones

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POR: Hugo Ramírez Iracheta 

ALGUNAS personas se vanaglorian de no haber permitido nunca que nadie interfiriera en su libertad (espiritual, moral, libre albedrío) o como quieran llamársele a ese autoengaño de creer su pensamiento es totalmente autónomo.
Mi voluntad –dicen-, es la única rectora de todas mis decisiones y actos. Se olvidan del inconsciente.
Pocos aceptan vivimos de ideas y pensamientos ajenos. Nuestra vida la rigen conceptos de
sabios de la antigüedad. Y también modernos.
Sin embargo, en la época moderna la avaricia y la propaganda subyugan nuestra mente.
Ante su estímulo e influencia somos simples marionetas. Difícilmente alguien puede afirmar es libre.
De ser así, no aspiraría a mayores comodidades (las cuales consigue el dinero); un apego
desmedido a lo material, y no temería a la muerte, la enfermedad o la vejez.
PARA la existencia de una sociedad participativa que pretenda el desarrollo y progreso,
se requiere de reglas elaboradas y aceptadas por la misma sociedad.
Éstas deberán ser justas y equitativas pues sancionarían las relaciones interpersonales
ciudadanas. Entre otras, capital-mano de obra, hasta las de pueblo y gobierno.
De lo anterior derivaría la justicia social y la desaparición de los abusos del poder político.
<<Garantizar empleo, educación, salud y bienestar para reducir la pobreza y, con ello, disminuir la delincuencia al dar condiciones y opciones de vida digna a la población. Asimismo, se fomentarán programas de desarrollo social, sobre todo en la agricultura, la industria y las telecomunicaciones>>.
Este es un párrafo del Plan Nacional de Paz y Seguridad del presidente Andrés Manuel López Obrador. Eso queremos todos los mexicanos.
EL CAPITALISMO salvaje, sistema socioeconómico llamado así por la aplicación de prácticas
económicas que arruinan a los pueblos, es el mayor enemigo de modelos económicos que
pretenden favorecer a los pobres.
El lucro obtenido por el método de “libre comercio”, otro eufemismo del capitalismo, es inconcebible.
También increíbles son los estragos causados a las economías de las naciones.
Pero con astucia se expone una expectativa falsa: “Después de una gran crisis se presenta
una gran oportunidad”.
La “ocasión propicia” para los países pobres consiste en aceptar apoyo financiero y tecnológico de las naciones desarrolladas. Lo anterior es una trampa. Al admitir ayuda económica, con métodos legales o ilegales, los capitalistas se apoderan de las riquezas nacionales de los pueblos.
Todos tenemos el deber de no permitir se violen los derechos a la vida de los seres humanos.

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