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En tiempos de pandemia todos implorando a Dios

POR: Jesús M. Moreno Mejía

“El miedo no anda en burro” (Refrán popular)

«El amor en tiempos de cólera”, novela de Gabriel García Márquez, ha dado pie a mi imaginación para escribir algo sobre la pandemia mundial del COVID-19 y sus implicaciones en la vida, y aun cuando la obra de Gabo es una singular historia de amor en medio de un brote del cólera, tiene algunos matices que coinciden con el devenir del mal que hoy sufre la humanidad.

En principio, aclaremos: se produce el cólera con una bacteria, y en cambio el COVID- 19 (que popularmente se le conoce como coronavirus), es una enfermedad viral, ambas son causadas por contagio de personas infectadas, como sucedió en 1918 con la epidemia de Influenza Española en México, que solamente en Coahuila causó 21,000 muertes, y cantidades más o menos similares en otras entidades, mientras que en otras naciones arrasaron poblaciones enteras, según lo registran los anales de la historia de la humanidad.

Ahora bien, en uno y en otro caso a la gente le invade un terrible pavor a contraer el padecimiento, después al conocer los horribles efectos y consecuencias (sobre todo la muerte) del contagio.

El miedo es, y ha sido siempre, una condición del ser humano, con el que hemos lidiado desde tiempos inmemoriales, posiblemente desde el mismo primer hombre de nuestra especie (el homo sapiens), que en ciertas ocasiones lo llegamos a controlar y vencer, pero en la más de las veces caemos derrotados.

Y es que el temor está en la mente de toda clase de personas, salvo aquellas que por falta de información oportuna pasan por alto todo tipo de advertencias, pero también tenemos que agregar a los que por ignorancia supina desentienden irresponsablemente las recomendaciones oficiales.

El hecho es que no debemos caer en un pánico irrefrenable, y para ello no dejar de ser cuidadosos en cumplir las medidas preventivas que nos dictan las autoridades sanitarias, mismas que ya medio mundo conoce y sería prolijo repetir (lavado constante de manos; sana distancia, etc.)

Ahora bien, como en la actualidad vivimos inmersos en un mundo material, desdeñamos aquello que no vemos, o sea el mundo de la espiritualidad, a la que recurrimos cuando nos sentimos amenazados por un mal que no comprendemos del todo.

No es nuestra intención invitar a nuestros lectores a que caigan de rodillas y dándonos golpes de pecho, suplicando la protección divina, pero sí que reconozcamos somos creaturas dotadas de cuerpo y alma (aunque esta no la veamos), pero también que estamos dotados del libre albedrio, y por tanto cada quien puede o no invocar al ser divino que tenga en mente o pensamiento, llámelo Dios, Alá, Jehová, Buda o como quiera identificar a ese ente superior.

Incluso el Presidente, Andrés Manuel López Obrador, se presentó como un ferviente creyente religioso, no obstante ser identificado como un auténtico líder de izquierda, asegurando que su defensa al coronavirus lo enfrentaría “con mucha fe”, exhibiendo para ello estampitas y escapularios religiosos en sus manos.

Total, en las actuales circunstancias todo mundo se persigna y ora a Dios para que la amenaza de la enfermedad desaparezca, incluyendo a los que manifiestan ser ateos o agnósticos.

De lo anterior, la pregunta obligada a nuestros lectores ¿y usted qué opina de todo lo anterior? ¡Hasta la próxima!

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