El miedo como arma ofensiva

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

Cuando un temor aparece en la sociedad, los grupos de poder político y económico pueden, y de hecho lo hacen, transformarlo en miedo. El miedo es utilizado para control de las masas. No importa si es real o ficticio. Tampoco interesa su naturaleza. Sólo importan los conflictos socioeconómicos y políticos que ayuden a crear.

El miedo es considerado un arma ofensiva. Y en el mundo neoliberal los medios de comunicación son aliados y/o cómplices de los gobiernos y partidos políticos corruptos.

Una de las muchas definiciones de política es: “Actividad orientada en forma ideológica a la toma de decisiones por un grupo para alcanzar ciertos objetivos”. También: “Una manera de ejercer el poder con la intención de resolver o minimizar el choque entre intereses encontrados que se producen dentro de una sociedad”. ¿Pero esto la política que verdaderamente se practica?.

La sociedad aparentemente no es afectada y pareciera no interesarle si es una amenaza a la integridad física de los individuos, las familias o del grupo social. Quienes se apropian de él lo manipulan a su antojo y logran una enorme influencia en el comportamiento de la gente.

El miedo tiene muchas definiciones. Una de ellas especifica: “Sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario”. Este sentimiento a su vez provoca desconfianza, la cual, manejada por expertos, hace a la gente aceptar mentiras, medias verdades, tergiversación de la verdad y acusaciones sin pruebas. Varios países de Latinoamérica enfrentan este conflicto. México es uno de ellos.

Los partidos políticos y grupos económicos prefieren pueblos sin educación desinformados y analfabetos políticamente, tanto cuando son gobernados o se pretende hacerlo. En ocasiones se accede al poder mediante el engaño (la propaganda); en otras se utiliza la desestabilización social y económica, utilizando métodos de guerrilla urbana.

El dominio obtenido a través del miedo (difuso, abstracto, casi psicótico), proporciona a quien lo utiliza la capacidad de imponer ideas que la sociedad acepta como “propias” y cree son para su “beneficio”. Por ejemplo, políticas económicas puestas en práctica sin el conocimiento popular; escasa o nula información de los planes de gobierno; programas de obras públicas, la aplicación del erario y cómo y en qué se gasta.

Uno de los métodos para crear miedo es la repetición sistemática de datos falsos que provoquen temor o pena moral. La validez de este concepto fue demostrado durante la Segunda Guerra Mundial. Joseph Goebbels aplicó 11 principios de propaganda, enlistados por él, los cuales dieron auge al Tercer Reich de Adolfo Hitler. En la actualidad, pese a que la sociedad intuye o tiene conocimiento de las falacias de los medios de comunicación, se aceptan como verdades.

Algunos medios se han convertido en cómplices de los gobiernos corruptos, o sus dueños tienen intereses políticos. El periodismo “grande” nunca ha sido libre.

Ha sido un negocio y sus dueños lo manejan como tal. En contraparte hay ejemplos históricos de real periodismo independiente. Los hermanos Jesús y Ricardo Flores Magón y Miguel Ángel Granados Chapa.

En la actualidad el futuro político de México, como muchos otros países que rechazan el neoliberalismo, luchan por imponer la democracia o el conservadurismo. Dos fuerzas donde la primera expresa ideas de justicia y libertad. El segundo defensor del capital. Una clama justicia social. El otro es fiel al principio “El dinero lo es todo”.

¿Quién será el ganador? ¿El periodismo desinformativo o el pueblo? La lucha es desigual. El periodismo tiene de su lado al gran dinero y la propaganda. Un principio de Goebbels establece la silenciación: “Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen al adversario, también contraprogramado con la ayuda de medios de comunicación afines”. En contraposición, está el hartazgo del pueblo. La plebe está extremadamente molesta por los años de explotación.

Este rechazo a la injusticia y la explotación parece ser poco, pero su importancia es mucha cuando la gente comienza a tener conciencia de la opresión en la que vive y de sus derechos inalienables que tiene como ciudadano y ser humano.

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