Dicen en las calles

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

EL DINERO. Su posesión nos tiene obsesionados. Todo corremos para alcanzarlo, como el burro tras la zanahoria. Y aunque la metáfora podría, y lo hace en veces, nos molesta. Lo cierto es que pocos podemos negar que la imagen nos retrata magistralmente. Estamos en poder del sistema capitalista, esclavos casi por voluntad propia y muy agradecidos por los placeres que brinda el dinero. Pensamos que está bien porque creemos que todos estamos en la misma vasija donde se cuecen los pecados de la ambición y la avaricia.

AUTODESTRUCCIÓN. La del capitalismo fue predicha por Joseph Alois Schumpeter (1883/1950), economista austro-estadunidense. Él vaticinó que el capitalista se destruiría a sí mismo. Dos de sus muchas frases al respecto son: “El capitalismo destruye las empresas poco creativas y competitivas” y: “El proceso de acumulación de capital las lleva (a las empresas), continuamente a competir entre ellas y a innovar y sólo sobreviven las más potentes”. Y cada paso que los egoístas señores del dinero realizan en su avidez nos acercan a nuestra propia (sin saberlo) destrucción.

MALO. El recuerdo para los mexicanos el 6 de julio de 1989. Ese día Carlos Salinas de Gortari llegó a la presidencia mediante fraude electoral en complicidad con el PAN. Fue el principio de una mayor decadencia del pueblo. En mayo de 1989 se acordaba la venta de 250 empresas nacionales a la iniciativa privada. Entre ellas Telmex, Mexicana de Aviación, Televisión Azteca y Siderúrgica Lázaro Cárdenas. Y el 27 de junio de 1990 los legisladores del PRI y el PAN modificaron el artículo 28 Constitucional que permitía la privatización de la banca nacional. Se entregaron a particulares 18 sistemas bancarios a amigos y socios. Hoy tienen inmensas fortunas y se han convertido en los personajes más ricos del mundo. ¿En serio nadie recuerda esos nefastos hechos?

DESINFORMACIÓN. La de los medios de comunicación nacionales, no todos, puede parecer sorprendente, increíble y difícil de creer por su pretensión y cinismo. Pero aún para quienes saben poco sobre cómo se manejan, ya pasó la época del fácil engaño contra el radioescucha, el lector o el televidente. El televidente medio poco sintoniza los noticiarios. Perdió la confianza en el lector de noticias convertido en comentarista experto en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Un “todólogo” conocedor de ciencias sociales y humanísticas que abarca toda la gama del quehacer humano. Para

muchos periodistas terminó la era del periodismo veraz e independiente. Dicho con un eufemismo que le queda perfecto, comenzó la etapa de la propaganda.

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