Contrapunto

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

EL RETIRO u olvido de varias asignaturas del sistema mexicano de educación es un descomunal error. Su aplicación es de suma importancia para incrementar el sentido nacionalista; facilitar el desarrollo y el progreso y defender la soberanía nacional (no permitir que naciones extranjeras exploten los bienes naturales del país y se nos trate como extranjeros en nuestra propia patria). Estas materias son civismo, historia, moral y ética.

La pedagogía empleada hace decenas de años, carece de las disciplinas mencionadas. Se le dio mucha importancia a la ciencia y la tecnología y fueron soslayadas las artes. El espectáculo frívolo, distractor, que estupidiza, recibió un fuerte impulso. Lo anterior nubla la conciencia social y el razonamiento y hace desaparecer lentamente la capacidad de crítica.

Estos planes de estudio se hicieron arquetípicos y eran autorizados por gobiernos que daban mayor importancia a las enseñanzas de técnicas científicas,

tecnológicas, manuales y artesanales. Estaba ausente el conocimiento humanístico.

Una acepción sobre educación (Wikipedia) establece: “La educación puede entenderse como el proceso por el cual se transmite el conocimiento, los hábitos, las costumbres y los valores de una sociedad a la siguiente generación”. Se explica: educación viene del latín educere que significa “sacar”, “extraer” y educare que significa formar instruir.

Esta perspectiva sólo puede concretarse en un pueblo libre y un gobierno justo. Desgraciadamente, una mayoría de países tienen gobernantes cuyo interés es apoderarse de la mayor cantidad de los dineros de las arcas públicas. La ignorancia cívica posibilita esta transgresión.

Para hacer factible su codicia y evitar el señalamiento de gobernantes autoritarios, despóticos, tiránicos o explotadores, utilizan triquiñuelas. La más significativa es impedir que los pueblos sean educados y cultos, pues el conocimiento evita la manipulación.

Si la ciudadanía tiene acceso a una concientización cultural y conductual donde las

nuevas generaciones adquieran los modos de ser de generaciones anteriores y el proceso educativo se materialice en una serie de habilidades y valores que produzcan cambios emocionales y sociales en el individuo, entonces realmente se tendrá una real educación.

Una reforma educativa con sentido social es imperativa en un México explotado hasta la saciedad.

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