Contrapunto

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

CUANDO se habla del deterioro ecológico del planeta se comete una inexactitud. El error consiste en culpar al hombre. Sin embargo, no toda la gente tiene el mismo nivel de culpabilidad.

Los dueños de los grandes monopolios son quienes más daño provocan a la ecología en su avidez de utilidades. Lo causan a través de los métodos empleados en la explotación de las materias primas y sistemas de producción.

El desarrollo y progreso de la era industrial han sido considerables. Pero también enormes los perjuicios al medio ambiente. Si bien los adelantos científicos y tecnológicos han traído beneficios, no todas las naciones los han recibido.

La competencia por obtener máximos beneficios económicos influyó para iniciar una competencia no siempre limpia o lícita. La competitividad empuja a muchos empresarios a no respetar las normas instituidas para evitar perjuicios a lugares donde se extraen materias primas; sitios donde se ubican las factorías; a los obreros y a los consumidores.

En esta actividad de quebranto a la naturaleza también participa la gente común. Lo hace al consumir productos y utilizar artículos cuya preparación mata poco a poco al planeta.

El uso indiscriminado de plástico, que tarda cientos de años en degradarse, crea cementerios en todos los sitios donde se bota. Es un ejemplo entre muchos. El problema es mundial. Hasta en países con mínimo o ningún desarrollo son afectados por el funcionamiento de fábricas que no obedecen leyes de cuidado ecológico.

El calentamiento global causa estragos en todas las naciones del mundo. No importa que no tengan industria o no haya vehículos cuya expulsión de gases destruye la capa de ozono, misma que protege a la atmósfera de los rayos ultravioleta del sol. Pocos empresarios respetan los códigos elaborados para mantener a salvo a la Tierra.

Los industriales prefieren grandes dividendos sin importar los daños ocasionados. Esta es una decisión tomada por unas decenas de empresarios que afecta la vida de miles de millones de personas. ¿Qué es un mal necesario para el hombre? Pocos creen esta mentira. Parece imposible que el progreso industrial no esté a la par al desarrollo espiritual del hombre.

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