Contrapunto

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POR: Hugo Ramírez Iracheta 

LA EXPECTATIVA de los mexicanos puesta en el presidente Andrés Manuel López Obrador se fundamenta en que supo inspirar confianza en un pueblo sin fe en la política, los políticos y los gobernantes.

Por décadas el país fue saqueado y condenado a la miseria a más del 50 por ciento de la población. Los funcionarios públicos olvidaron fueron elegidos para servir a la sociedad, pero en lugar de eso se convirtieron en sus peores depredadores.
La esperanza de la plebe por una vida digna renació cuando el uno de julio el candidato del Movimiento de Regeneración Nacional ganó las elecciones.
Y el uno de diciembre inició formalmente, por vez primera en México, un gobierno de izquierda.
Esta ideología política ha sido vilipendiada y hasta satanizada por no convenir a intereses de empresarios inescrupulosos, pero también por miembros de sectores de la sociedad
mal informados. Les han hecho creer que se pretende quitarles sus propiedades para entregarlas a los pobres. No es verdad. En su acepción más simple, la izquierda trata de que los pobres tengan un trato justo, digno y más humano.
Así pues, el presidente López Obrador deberá enfrentar muchos retos en su mandato. La plebe anhela sean erradicadas la corrupción y la impunidad. Esas prácticas han obstaculizado el combate a la pobreza y la desigualdad. El trato digno y justo es su mayor anhelo.
Además de la quiebra económica en que deja al país Enrique Peña Nieto, el Estado mexicano se encuentra en una de las peores crisis de credibilidad de las que se tenga
historia. Actualmente, México ocupa el 135 sitio lugar en corrupción de 175 países.

Desgraciadamente mucha gente de la clase alta y media ha creído la malintencionada propaganda de ciertos medios de comunicación masiva que afirman López Obrador
no podrá realizar sus promesas porque fueron ofrecimientos populistas
o las condiciones económicas del país no lo permitirán.
Sin embargo, una promesa de campaña lo asegura y lo confirma su ofrecimiento de realizar un referendo en tres años donde el pueblo votará si lo ratifica o no en el cargo. Ese compromiso es inédito en un gobernante democrático.
Y para muchos tiene el profundo significado de quien tiene la plena convicción y seguridad de alcanzar su objetivo: Lograr la Cuarta Transformación de México.

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