Contrapunto

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

UNA CARACTERÍSTICA del capitalismo salvaje, y la de su antecesor, el neoliberalismo, es la exaltación del ego. Es decir, la práctica del pensamiento egoísta, la cual hace olvidar el interés hacia el prójimo y sólo deja lugar para la preocupación por el bienestar propio. El capitalismo, que en teoría permite la libertad propiciatoria del desarrollo individual y el derecho a la propiedad privada, en realidad está diseñado para crear diferencias económicas abismales y, por consiguiente, la guerra de clases (originada por la envidia de las posesiones materiales de otros. Una de sus grandes aberraciones es el acaparamiento de la riqueza de una nación, hecha por un reducido grupo de personas, mientras millones se debaten en la pobreza extrema o la pobreza. Datos extraoficiales difundidos por organismos no gubernamentales, indican que casi 70 millones de mexicanos viven en la pobreza, 40 de ellos en extrema pobreza. Esto es el resultado de la especulación en las economías de las naciones que realizan los dueños del “gran dinero”. Los daños derivados de problemas socioeconómicos son los culpables de la miseria de amplios sectores de sociedades de muchos países. Esto sobreviene de un ataque económico bien planeado, estructurado y coordinado con años de anticipación. Su propósito es apropiarse, con argucias, de las riquezas naturales de pueblos subdesarrollados. Esta actividad antiética puede denominarse con toda propiedad genocidio. En ella no se mata con balas o bombas. Se utilizan las hambrunas y las enfermedades. El hambre crónica se ha intensificado en países pobres. Y mientras diariamente mueren por millares niños, adultos y ancianos, los gobiernos de países del “primer mundo” permanecen impasibles. Pareciera que, atendiendo directrices de un poderoso grupo con influencias en el mundo entero, buscan o prefieren el exterminio de millones de individuos de etnias de color. Los medios poco informan sobre niños esqueléticos con vientres abultados; madres flacas con bebés en brazos sin poder ofrecerles algo de alimento; ancianos al borde de la tumba, personas desfallecientes por inanición, falta de atención médica y medicinas. Estas imágenes parecen sacadas del más terrible libro de la Biblia, el Apocalipsis. Tienen poca difusión en los medios de comunicación masiva.

Es posible que la indolencia del público se vuelva mayor con la aceptación del capitalismo
salvaje entre la clase baja y media. Claro que la hipocresía impulsa a la burguesía a manifestar (mientras vive en un relativo confort sin llegar al lujo de los billonarios),
hueca condolencia por los miserables que mueren cada día.
Lo más triste de todo es cuando quienes disfrutan una vida placentera viven sin
preocuparse de sus conciudadanos. Con su insensibilidad esta gente olvida la solidaridad
social y mata la compasión y la empatía.

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