Contrapunto

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EL AGUA es un bien nacional que inversionistas particulares lo han convertido en pingüe negocio. La venta de agua embotellada en recipientes pequeños y hasta de 20 litros produce fabulosas ganancias. Sin embargo, el proceso de higienizar el líquido al parecer es defectuoso.

Desde hace tiempo se ha denunciado públicamente que las empresas encargadas de destilar el vital elemento, el cual se contamina con arsénico en las profundidades de los
vasos donde se acumuló durante millones de años, también retiran los minerales (electrolitos) que nutren el cuerpo y son indispensables para la salud.

Además, circula el rumor de que algunas empresas no purifican el líquido y rellenan los garrafones con agua de grifo, les colocan sellos falsos, o bien pudieran ser oficiales, pero no la potabilizan realmente. Este fraude atenta contra la salud del consumidor.

Por otra parte, un gran porcentaje de la población carece de recursos económicos y bebe el agua distribuida por los sistemas municipales, cuyos niveles de arsénico y cloro son superiores a los que permite la norma mexicana de salud. El hidroarsenisismo es factor desencadenante de varias enfermedades.

El líquido contaminado con bacterias, envenenado con arsénico o sin suficientes minerales
para quienes consumen agua embotellada o de la llave, son delitos que ninguna autoridad investiga, a pesar de crear problemas de salud que matan a cientos de persona  al año.

Esta dificultad la enfrentan cuatro municipios de La Laguna de Durango: Gómez Palacio; Lerdo; Tlahualilo y Mapimí; y cinco en La laguna de Coahuila: Torreón; Matamoros; San
Pedro de las Colonias; Viesca y Francisco I. Madero.

En este último, durante la década de los 50tas., el hidroarsenisismo apareció como una pandemia. Pocos meses después se conocieron casos similares en San Pedro de Las Colonias y posteriormente en los municipios de Torreón, Gómez Palacio y Lerdo.

Hace más de medio siglo aumentaron las enfermedades hepáticas, renales, pancreáticas,
pulmonares, circulación sanguínea periférica, alta presión, diabetes y cáncer. La gente de escasos recursos al consumir agua no descontaminada, sufre más frecuentemente los males citados.

Lo anterior, aunado al aumento poblacional en los municipios citados y conociéndose la insalubridad en la distribución del agua, así como del arsénico que contiene, propició la venta de agua envasada.

Esta práctica prosigue porque deja ganancias millonarias a los embotelladores. Esto representa un fuerte gasto para las familias humildes.

Mientras tanto, los sistemas municipales funcionan con muchas dificultades y, aparentemente, distribuyendo agua no potable.

La situación ha permanecido por décadas sin respetar las leyes que norman el uso del
agua superficial y del subsuelo. La corrupción persiste pues la prioridad de los grupos de
poder económico y político es la utilidad, sin importar la salud y bienestar del pueblo.

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