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Compartiendo diálogos conmigo mismo

ESTAMPAS VIVIENTES

(Que el dueño del tiempo, -nuestro Creador-,

nos injerte el don de saber echar una mirada,

con la sabiduría del discernimiento)

I.- EL PENSAMIENTO LIBRE DE NECEDAD

Los francos pensadores siempre mantienen madura la lucidez,

para crearse sus tersos abecedarios y recrearse en el verso,

para crecer bajo la esencia de rehacerse al amor de amar,

que es lo que verdaderamente nos trasciende por dentro

y nos realza por fuera, ¡es como sentir el sol en las venas!

Este entusiasmo, volcado en servir, nos colma y nos calma,

nos encamina hacia el camino del entendimiento solidario;

pues nada somos por sí mismos, sino agrupados en latidos,

agregados a cultivar el nosotros, congregados en donación,

y llamados a vivir cautivos de esa gloria que nos fraterniza.

Dejémonos aflorar por ese latir que no conoce expiración,

que ha de reconocerse libre para no ahogarse en las penas,

pues la dicha de la naturaleza es liberarse de toda desdicha,

darse luz y enmendarse de las sombras que nos esclavizan,

reconquistando lo vivo que es como se conquista la vida.

II.- EL OJO PENETRANTE DEL CORAZÓN

Anuncio del hombre de ojos penetrantes, siempre en guardia,

proclamación de la escucha y aclamación de su buen pensar,

con la ternura de saber mirar y de verse, e ir hacia el futuro:

Cuando está ausente el corazón en nuestro acontecer diario,

todo se hunde en la mentira, nada se cimienta en la verdad.

Somos los dueños de nuestros afanes y desvelos, de sentir

la boca del sabio en nuestras entretelas, de abrigar poemas

nacientes de las dulces caricias de unos labios inmaculados,

de imaginar un armónico recreo en todos los horizontes,

pues no hay mayor festejo que ofrecer nuestro propio valor.

Reaparezca esa visión profunda de nacernos y renacernos,

lo que hoy siente tu interior mañana lo forjará tu mente,

no cerremos puertas ni nos encerremos como las piedras,

abramos las ventanas del sentimiento, quitemos prisiones;

que mientras el espíritu tiene sed, la utopía conserva ansias.

III.- CON LA MEMORIA DEL ABUELO

La memoria de nuestros predecesores nos reconduce al ser,

a ese ser vestido con el tiempo y revestido por la historia,

plagado de vivencias que toman vigor e imprimen aliento,

porque detrás de las andanzas está la energía de las escenas,

las que nos prenden los legados nobles que nos ennoblecen.

Un linaje que no protege sus orígenes se queda sin raíces,

jamás puede echar tronco porque no respeta a los abuelos,

perderá la orientación y también el rumbo de sus ramas,

nunca recobrará los bellos andares que le dieron camino,

un pasaje hacia sí mismo, sin poder desgajarse de sus cepas.

La gratuidad de la vida nos exige gratitud en la transmisión,

asimismo se nos requiere por propia conciencia personal,

acudir a su encuentro sin tictac, tampoco eludir su llamada,

asistir con los oídos dispuestos a la escucha permanente,

puesto que de ese enraizarse brotan flores y salen frutos.

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