Press "Enter" to skip to content

Tiempo de Peregrinaje

LA VIVENCIA DE LA VIRTUD

POR: Víctor Corcoba Herrero

Venimos al mundo tras romper en llanto,

después de desgarrar la estrofa galáctica,

a experimentar esta dimensión mundana

y a percibir lo rudo de este soez itinerario,

de no dejarnos acompañar por la bondad.

Vuelva la compasión a ser nuestra pasión,

la pasión por hacer el camino del verso,

el verso que ha de hacerse mirada de luz,

la luz que ha envolvernos en la verdad,

la verdad que nos dona vida en la virtud.

La moralidad de los andares creará ruta,

plasmará nuestras huellas sobre la tierra,

forjará la inspiración en todas las cosas,

moldeará nuestros balanceos viciosos,

y modelará el orgullo antes de la caída.

EVIDENCIA DE LOS SENTIMIENTOS

Desechemos cualquier interés mundano,

pongamos corazón en nuestras andanzas,

apartemos de nosotros las simulaciones,

también quitemos los deslices patéticos,

pues aquel que no se quiere, está muerto.

Que no decaiga el parentesco espiritual,

retorne el dulce efecto del afecto profundo,

lo que evidencia nuestra origen universal,

la pertenencia a la familia del Crucificado,

a la que estamos llamados por el amor.

Sentirse amado, es un estado de ánimo

que nos vivifica, la concreción de la fe,

la certeza de Jesús que desde la cruz

abre las manos al perdón y nos renueva,

invitándonos a seguir su obrar exigente.

CONVENIENCIA DE SOMETERSE

Toda variedad ha de someterse al respeto,

ha de crecer en la consideración hacía sí

y hacia los demás, y ha de verse en paz,

para merecer coronarse como servidores,

que es lo que da sentido a la existencia.

La nívea cognición no se entregaría nunca,

si no se conceptuase que surgen ocasiones,

en los que debe postrarse y bajar la vista,

para reencontrarse consigo y enmendarse,

en favor de los humildes y de los últimos.

Tan valioso como poseerse es amansarse,

subordinarse a la sensibilidad de relación,

contenerse en los lenguajes desparramados;

que la clemencia es paciente en la escucha,

aunque sintonice cosas que no le agraden

Algo más que Palabras

NOSOTROS, LOS HUMANOS

POR: Víctor Corcoba Herrero/Escritor Español

“Dejémonos fascinar por ese ser, más corazón que coraza, al que sólo lo puede socorrer otro idéntico”.

Siempre se ha dicho que el mundo nace en nosotros, y que dentro de sí, es donde toma vida. Por eso, es importante cuidarnos y, también, hacerlo con el entorno que nos rodea; puesto que, todos formamos parte de ese hábitat común, con enormes desafíos por delante. En cualquier caso, las perspectivas mundiales continúan siendo muy inciertas, puesto que aún queda mucho por forjar para superar la pandemia y evitar un aumento persistente de la desigualdad. Desde luego, la ausencia de un proyecto colectivo nos distancia y empequeñece. Por desgracia, seguimos en esa pugna de intereses que nos enfrentan mutuamente, hasta destruir nuestra natural esperanza. Tampoco hemos aprendido de lo vivenciado y cada cual se mueve a un rumbo egoísta, que nos deja sin corazón. Sea como fuere, no podemos continuar perdidos.

El linaje, en su conjunto, tiene que dar prioridad al gasto sanitario, priorizándolo en vacunaciones. Asimismo, la política fiscal, ha de estar focalizada, en respaldar, tanto a las empresas como a los hogares afectados. Jamás podemos caer en la pasividad, es menester salvarnos de nuestras miserias humanas, más allá de las inútiles fronteras que nos hemos levantado, cuando en realidad lo que hay que facilitar es la búsqueda de consensos, máxime en este momento crítico que vivimos, con tantos agentes desestabilizadores. Al fin y al cabo, somos un pedazo de universo hecho luz, pues no nos hagamos sombra unos a otros. Si acaso, dejémonos fascinar por ese ser, más corazón que coraza, al que sólo lo puede socorrer otro idéntico.

En el nosotros, los humanos, no puede haber un todo contra todos, sino un hacer de cada uno en favor de los demás, lo que exige una responsabilidad conjunta, que nos garantice una asistencia y acogida, donde nadie pueda sentirse extraño. El problema es que un camino de unidad, únicamente puede ser recorrido por gentes libres, dispuestos a no viciarse, para dejar asegurada la subsistencia de cada cual y construir bases más sólidas para el futuro. El tesón, la confianza entre análogos, rompe todas las barreras. Urge, por consiguiente, que salgamos de cualquier moda ideológica, que cultivemos lo auténtico, y fortalezcamos con espíritu reconciliador el sentir de nuestros propios lenguajes, para hacer cuando menos un mundo más justo y más sano, menos agonizante y siempre con ánimo de acción y reacción; desde la pobreza y la igualdad de género, hasta el cambio climático, la divergencia de ilusiones y el cierre de la brecha financiera.

Pensemos que nuestras gestas hablan sobre nosotros, tanto como nosotros sobre ellas. No malgastemos el tiempo y démonos a respetar a través de nuestra estrechez visual, con la convicción que da escuchar los pasos, la dimensión de sentirnos parte de ese andar armónico, junto con las motivaciones inherentes para amar y acogernos.

Ahora bien, si no tenemos ese espíritu de quietud interno, difícilmente vamos a generar ese aire de concordia que fortalece nuestra debilidad. A propósito, la primera tarea de poeta que todos llevamos consigo, es la de gestar un mundo abierto. Uno debe de aprender a reprenderse, a salir de uno mismo, a vincularse en otros corazones para que el sueño de los inherentes latidos se hagan realidad, en ese poema viviente, en el que resida la mano tendida siempre, acuñada por el inmaculado deber de la hospitalidad y el diálogo constructivo para estrechar lazos, activar el respeto de los derechos humanos y la consecución de un avance inclusivo y sostenible. Ante este entorno, hoy más que nunca, tal vez necesitemos líderes que activen otras atmósferas, más bien de cultivo de una mayor conciencia crítica y no sólo el bienestar material. En consecuencia, no podemos clausurar nuestros propios andares a una vida encerrada, tenemos que propiciar el movimiento de progreso, pero igualmente dignificarnos como especie pensante.

Lo que no puede hermanarse son sociedades empedradas, que no sienten, polarizan y marginan. Quizás tengamos que aprender a repoblarnos de poesías, a vivir como pueblo y a juntar todos los huertos en un nosotros, que nos pongan alas a la vida y nos hagan familia; antes de que reaparezca una cultura de muros que nos impida ver el horizonte de lo humano en lo trascendente, que es lo que en realidad nos hace volar, después de haber sido golpeados por sistemas que atesoran únicamente beneficios, corrompiéndolo todo con tendencias ideológicas vengativas, manipulando y falseando hasta nuestro personal destino poético. Con la transparencia al poder y los sueños de la libertad a escena, seguramente puede ayudarnos a vernos más vivos, junto a ese carácter amable de confrontar ideas, reconstruyendo puentes. Vinculémonos de verdad, bajo este quehacer de principios y valores.

Compartiendo Diálogos Conmigo Mismo

NADIE PUEDE QUEDARSE QUIETO

(Siempre en movimiento, que la vida se abraza en un vuelo)

I.- DE SERVICIO A TODAS HORAS

Hemos venido para servir, no para servirnos de nadie,

tampoco estamos en la tierra para quedarnos quietos,

cada cual tiene una misión a descubrir por sí mismo,

un cometido de entrega en cuerpo y alma a los demás,

que ha de llevar a buen término hasta dejar el cuerpo.

No hay mejor aspiración de caminante que repartirse,

hasta partirse el corazón por entregarse y perdonarse,

por quererse y por querer, puesto que amarse y amar,

nos exige acción inquebrantable en donación eterna,

compasión perpetua y pasión por extender los brazos.

Permanecer inmóvil es nuestra especial decadencia,

necesitamos sentirnos vivos para poder donar vida,

pedimos aire para darnos aire, luz para acariciarnos,

que la caricia del alma, claridades calza, no tinieblas,

pues estamos aquí para resucitar en el verso y ¡volar!

II.- EN GRATUIDAD SIEMPRE

Hemos venido para vernos y movernos en gratuidad,

para soñarnos y sentirnos en camino siempre unidos,

para caminar mar adentro, rompiendo oleajes avaros,

que la usura nos resta generosidad entre los hermanos,

pues la avaricia todo lo corrompe y lo rompe sin más.

Es muy doliente valerse de los que luchan por hallarse,

aprovecharse de nuestras propias miserias mundanas,

beneficiarse de la gran bondad de algunos caminantes,

favorecerse para extender el dispendio del ser que soy,

pues si Dios nos ha salvado, también nos salva gratis.

No me gustan las compras tormentosas ni posesivas,

tampoco me abstraen las ventas para saldar quiebras,

lo que me aflige es este mercado infame de desvelos,

que nos conducen y reconducen al maldito peculio,

que acrecienta mil fortunas, pero desvalija las virtudes.

III.- AVANZAR EN SABIDURÍA

El signo más cierto de la cognición es la entereza firme,

la serenidad constante ensancha la conciencia del saber,

una sabiduría que hay que saber emplearla para el vivir,

que ha de empezar a morar interiormente para arraigar,

un obrar con decencia y un descansar en el bien dando.

Si ponerse en camino cada amanecer no es nada cómodo,

avanzar en sabiduría es descubrir valores que no vemos,

manifestar comprensión hacia todo lo que nos circunda,

tomar pulso e impulso, no encerrarnos en las desdichas,

y hemos de ser ese eslabón de dichas entre generaciones.

Alcanzar la sabiduría puede ser posible, ofrecerla al otro

con nuestras acciones nos requiere una alegría continua,

poblada de entusiasmo y repoblada por las indulgencias,

teniendo un corazón prudente para digerir los aconteceres,

alojándonos con las plegarias en la mente misma de Dios.

Algo más que Palabras

SER TOLERANTES ES UN DEBER A EJERCITAR

POR: Víctor Corcoba Herrero/Escritor Español

Ser tolerantes es una obligación de todos y de cada uno de nosotros; si en verdad queremos hacer del planeta el paraíso con el que soñamos. Hay que ejemplarizar liderazgos y realidades, gobernar coherentemente, sirviendo al bien colectivo sobre todo lo demás, aplicando las leyes sobre derechos humanos, prohibiendo actitudes criminales y corruptas, no permitiendo las discriminaciones contra las minorías, propiciando otras atmósferas más justas, que nos insten a la realización plena, que verdaderamente es lo que nos armoniza, activando el pensamiento crítico y el intercambio de ideas constructivas.

Hay que ponerse el objetivo de que no quede nadie en el olvido, si en verdad queremos construir un orbe de moradores en paz, comenzando por mejorar el sistema de salud global y finalizando por aprovechar este tiempo de avances de la revolución digital para acercarnos mucho más unos a otros.

En ocasiones, la intolerancia emana de un espíritu poco instruido en principios y valores, de la ausencia de voluntad comprensiva, del recelo a lo inexplorado y de un profundo sentido extremado del valor de lo propio, lo que nos hace ser verdaderamente egoístas e intransigentes. Hoy más que nunca, hace falta que los planes educativos se orienten en la formación humana del ser, al menos para que podamos tener continuidad como linaje. Estamos llamados a tomar conciencia de nuestra misión, que ha de ser siempre responsable; y, esto tiene mucho que ver, con nuestro propio crecimiento moral, espiritual y social. Es vital, por consiguiente, educar sobre el tema y enseñar el espíritu indulgente y los derechos humanos a los menores.

El sectarismo se acrecienta aún más cuando se usa con fines partidistas. Cada día son más los ciudadanos que piensan en la política para sus anhelos de poder. Usan argumentos embaucadores, manipulan hechos para contribuir a sus propias ganancias e intereses mundanos, acentuando odios y resentimientos entre las gentes y obviando aquello por lo que han sido elegidos por el pueblo. Así, el progreso no llega a los más débiles, normalmente este injusto globalismo favorece el espíritu de los más fuertes, favoreciéndose a sí mismos. Ojalá aprendamos a hablar claro, es la mejor manera de llegar a la verdad; y, de este modo, protegiendo el derecho a la información y a la libertad de prensa, conseguiremos enjuiciar aquello que nos esclaviza, y que no es otro, que la falta de horizontes para el desarrollo de todos, sin exclusión alguna.

Aprendamos, además, a no ser desconsiderados. Indudablemente, luchar contra la ceguera del descarte, cultivando la intolerancia por doquier, requiere una toma de conciencia individual. De ahí, lo importante que es poder examinar nuestros andares, movidos por el circulo vicioso que nos lleva a un estado permanente de cuestionamiento y confrontación. Desde luego, no podemos continuar bajo esta pugna destructiva. La solución forma parte de todos. Habrá que rebajar ese espíritu violento, afianzar la solidaridad con las víctimas de la intolerancia que daña las relaciones entre personas, familias y sociedades. Por eso, cuando una determinada política siembra el odio o el miedo hacia otras naciones en nombre del bien propio del país, es menester reaccionar a tiempo y corregir de inmediato este maldito rumbo de inútiles divisiones, cuando la casa común nos corresponde a todos su protección.

La ciudadanía no puede continuar pasiva, ha de ejercitar desde la tolerancia otro diálogo social más auténtico, comprendiendo el sentido de lo que su análogo dice y hace, aunque uno no pueda asumirlo y nos genere cierta tensión, lo transcendente es llegar a los consensos, desenmascarando el ocultamiento de la exactitud, porque además esto nos ayudará a reconocernos como gente en camino, que estamos llamados a entendernos. Ya está bien de imponer el uso de la fuerza entre semejantes. Despojémonos de rencores y aprendamos de tantas historias de horrores vividas, ya que nuestro fundamento último ha de ser siempre tender puentes tolerantes, romper muros intolerantes, conciliar sueños y sembrar sobre la tierra el espíritu de la reconciliación entre corazones diversos. Esta es nuestra gran asignatura pendiente. Trabajemos en ello

Algo más que Palabras

LA BUENA CONCIENCIA PARA TODO

POR: Víctor Corcoba Herrero/Escritor Español

“Caminar en antítesis, con nuestro particular raciocinio, es el estado moral más intolerable”

Siempre se ha dicho que hay que mantener viva la conciencia. Quizás sea el mejor espíritu para buscar el mejor efecto. Ahora, más si cabe, es menester trabajar en esa voluntad social del retorno a lo equitativo, para huir del continuo diario de contracciones que tanto nos amortajan. Precisamente, en un momento en que el mundo batalla contra la maldita pandemia de COVID-19, la perspectiva del Día Mundial de la Ciencia (10 de noviembre), debe estar más que nunca al servicio de la humanidad. No olvidemos que cualquier avance, a lo largo de nuestras andanzas, ha estado motivado por las acciones humanas. Hoy, como no podía ser de otra manera, también necesitamos respuestas adecuadas, sobre todo para salvaguardarnos como especie, en un planeta verdaderamente enfermo. En consecuencia, le corresponde a ese orbe científico trabajar duro y en unión, como asimismo a cada uno de nosotros, si en verdad queremos mejorar la salud, tanto la del planeta como la nuestra propia. Verdaderamente, cada cual desde su posición, está llamado a colaborar y a cooperar en ese bien colectivo que ha de derramarse en beneficio de todos. No podemos excluir a nadie. Nos necesitamos mutuamente. Unos para mejorar ese espíritu científico y tecnológico, pero además otros para humanizar nuestro personal destino. Caminar en antítesis, con nuestro particular raciocinio, es el estado moral más intolerable. Cuesta entender, por ende, el fin de la conciencia histórica, el desprecio a todo lo pasado, la manipulación permanente para justificar acciones que nos llevan al desmoronamiento total.

Necesitamos, pues, de otras estéticas para ahuyentar las miserias y poder tolerarnos. Ciertamente, la tolerancia de uno mismo ayuda a disculpar los defectos y también a hacer nuevos propósitos de obediencia y consideración, que tanto escasea entre nosotros. En todo tenemos que tomar una mayor cognición que, sin duda, permitirá poner remedio a tantos males que nos sobrecogen a diario. La quietud no ha provocado nunca ninguna contienda; la inquietud, sin embargo, ha cubierto la tierra de desesperanza. Desde luego, se echa en falta una mayor concienciación de los valores y los bienes fundamentales, que son la base de las relaciones entre los pueblos, la sociedad y la ciencia. De ahí, lo importante que es un replanteamiento naciente para promover el progreso integral de cada ser humano y de la sociedad en su conjunto. No podemos desfallecer en ello, el diálogo permanente y el discernimiento son indispensables, especialmente en este momento de tantas complejidades y confusiones. La cercanía entre semejantes nos exige, asimismo, otro ánimo más contemplativo. Todo esto suscita, mar adentro, un profundo deseo de gratitud. Es la sensación que experimentamos cuando admiramos un avance científico o una obra de arte, fruto de la lucidez del ser humano, pero a la par consecuencia de la conmoción de compañía que vive en su interior. Al fin y al cabo, tanto el arte como la ciencia, son herramientas que nuestro propio ser pensante ha activado para comprender el mundo que le rodea, incluso para aplicar esos conocimientos en su beneficio de salvaguardia y encomienda, ¡jamás de explotación!

Tal vez tengamos que proclamar, con una mayor seriedad, que estos sistemas de abuso y aprovechamiento de vidas humanas tengan tolerancia cero en el planeta. El vínculo de la ética ha de estar presente en todo, en los razonamientos científicos, pero también en el cultivo del arte, como en toda actividad humana. En este sentido, conocemos los peligros de algunas filosofías y religiones que cercenan sus enlaces con la razón, convirtiéndose en presas del fundamentalismo. Sea como fuere, los humanos tenemos la obligación de escucharnos entre sí, pero también el deber de embellecernos saludablemente, ya sea vislumbrando la autenticidad de las expresiones científicas, artísticas o filosóficas, o percibiendo esa llamada a repensar sobre nuestros estilos de vida; modos y maneras de actuar y ser. Por consiguiente, si acercar la ciencia o el arte a la sociedad es fundamental para que los individuos tengan los conocimientos necesarios, desde un justo proceder, y así puedan elegir sus verdaderas opciones de camino; igualmente es indispensable compartir culturas y progresos, porque nos ayudará a crear corporaciones más solidarias, al tiempo que favorecerá la comprensión sobre la fragilidad de lo que somos y del planeta por el que habitamos. Es verdad que a lo largo de esta crisis sanitaria sin precedentes, tenemos que aplaudir la labor de multitud de gentes, organizaciones e instituciones, esforzadas en la entrega generosa, en acercar la irradiación de las colaboraciones científicas a todo el globo, pero no menos exacto es, de igual forma, que la unidad de nuestros pueblos tampoco es un simple ensueño de las gentes; sino, al mismo tiempo, ineludible mandato de la providencia. Al fin, todo debe participarse universalmente. De no hacerlo, generaremos una atmósfera general de frustración, soledad y desesperación, ante el debilitamiento de los valores humanos y del sentido de responsabilidad.