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Los nefastos “Niños bien” vandalizan el Cañón de Fernández

En un espacio comprendido desde la presa Francisco Zarco al Cañón de Fernández -60 kilómetros en promedio- pandillas de patos del bosque, patos canadienses que andan de vacaciones, garzas y garzones, águilas cola roja, dan la bienvenida a los amantes de la naturaleza, y un bosque de galerías de ahuehuetes, álamo y sauces les proporcionan sombra fresca y vigorizante, alentados por agua limpia que contribuye, también, a la recarga de los mantos acuíferos regionales.

El Cañón es un área natural protegida de importancia mundial que forma parte del Desierto Chihuahuense, un territorio desértico con la mayor biodiversidad del planeta, sobre todo cactus que florean una vez al año sólo por las noches.

El desfiladero natural protege al río Nazas cuyas aguas cuentan con 27 tipos de peces y alimentan una abundante vegetación de ahuehuetes, álamos y sauces, aparte del matorral desértico que cree a sus orillas, con el agave Victoria en peligro de extinción y la flora desértica formada por huizaches, mezquites, y ocotillo.

Los registros oficiales confirman una superficie de 17 mil hectáreas, las más ricas en especies endémicas de plantas, animales y aves; sin embargo, los brigadistas de ecología que han realizado estudios de campo, reportaron una notoria falta de cuidado, e insistieron en la necesidad de proteger en ese sentido al eco sistema regional que tiene al río Nazas como principal fuente de agua y vida de la comarca lagunera.

El parque, además de sus aves endémicas y migratorias, es un humedal vital para la recarga del acuífero, un dato que deberán tomar muy en cuenta los planificadores del proyectado acueducto para traer agua desde la presa Francisco Zarco a la zona conurbada, y del cual sólo se han manejado datos técnicos sobre su funcionalidad, capacidad de conducción y costos, sin tocar para nada los posibles quebrantos que causarían a los boques de galería las grúas, camiones, tubos, aditamentos, helicópteros y cuadrillas de trabajadores e ingenieros que suelen destruir bosques con el pretexto de la modernidad.

¿Respetarán a la parvada de patos que día a día alegran con sus sobrevuelos, chapuzones y arribos un extenso humedal que abriga en sus orillas árboles de gruesos troncos y nervudas raíces bañadas por las aguas del río, teniendo como huéspedes -entre otros- a los patos migratorios de Canadá? ¿El vuelo del águila pescadora, de las auras y los cardenales chivo? Los disfruto cada vez que me llevan de paseo y me entero que la fauna del cañón la componen ardillas, zorros, cacomixtles y coyotes, conejos de patas blancas, la víbora con patas y las lagartijas de collar, que saldrán corriendo en busca de refugios que también ya han sido invadidos por construcciones de cemento y ladrillo.

El cañón -dicen los registros oficiales- es un sitio representativo e importante de la Comarca Lagunera con una cuenca baja del río Nazas de 32 kilómetros de longitud, 581 especies diferentes de aves, peces y vegetación y una densa flora que lo convierten en un oasis en medio del desierto. También hay tortugas que allí mismo nacen y se reproducen desafiando a las aves que rompen sus huevos en gestación.

“Paraíso de esplendorosos paisajes” llamó al cañón y su río el articulista de viajes Nicolás Triedo, una apreciación que confirman los laguneros domingo a domingo -y cada semana santa- con una gran presencia en aquellos parajes.

Por lo tanto, es merecedor de un gran aplauso el subsecretario de Recursos Naturales y Medio Ambiente, Raúl Villegas Morales, al impedir el acceso al Cañón de Fernández, a los llamados vehículos motorizados “arrasaterrenos” (racers se llaman en inglés) , manejados por “niños bien” de Torreón y Gómez Palacio, quienes a su paso arbitrario e irresponsable por la reserva natural, aplastan y matan tortugas, zorrillos, ardillas, conejos, correcaminos; dañan hasta desaparecerla, la flora circundante y asustan a los peces del humedal que le da vida a la comarca lagunera.

Advirtió el funcionario que esa actividad resulta altamente nociva en virtud de que amenaza la existencia del Cañón de Fernández en su calidad de reservorio de agua de importancia nacional e internacional y su floresta conformada por árboles centenarios.

Hay operativos de protección de las áreas protegidas por parte del gobierno de Durango y el municipio de Lerdo, pero en el colmo de su ignorancia ecológica, los vándalos motorizados recurrieron al amparo para continuar hollándolas, en un claro y cínico desdén hacia los ambientalistas empeñados en la defensa del Cañón de Fernández, supuestamente amenazado por otra contingencia: la construcción de presas derivadoras de las aguas del río y la instalación de túneles

para la conducción del líquido a las comunidades de la zona metropolitana. Todo un verdadero lío.

Desgraciadamente los nefastos “racers” no se han ido, y como aves de rapiña, continúan haciendo daño al Cañón de Fernández: el pasado lunes 11 de octubre, Milenio. La Opinión Laguna publicó: “Pese a restricciones de ingreso al Cañón de Fernández, los Racers continúan acudiendo al área protegida. Son “niños bien” que hace caso omiso a las disposiciones oficiales” para proteger y salvaguardar el cañón, un humedal natural reconocido por los gobiernos de todo el país firmantes del tratado “Ramser”, un acuerdo entre naciones enfocado a frenar la destrucción que amenaza a los recursos naturales del mundo y de la Laguna en particular.

Los Tratados de Córdoba en la pluma de Juan Noé Fernández Andrade

POR: Higinio Esparza Ramírez

(4 de septiembre de 2001. Auditorio de la UAL, con un sentido homenaje a Pedro Belmonte Rivas)

A Juan Noé Fernández Andrade, a los compañeros y amigos que como él, conforman la asociación civil “Voces Irritilas”, gracias por este reconocimiento, inmerecido por cierto, aclarando que lo de inmerecido, en mi caso, no es un lugar común, sino una verdad que tiene sus orillas. Pero en fin, no se trata de exponer cuestiones personales, sino de disfrutar este momento compensatorio de mis pocos y empíricos afanes periodísticos de más de sesenta años de antiguedad en la carrera, según los archivos de los organizadores del concurso estatal de periodismo Coahuila 2021, un premio por trayectoria que por cierto sigue en las nubes cibernéticas.

Aprovecho la oportunidad Juan Noé, para felicitarte por tu nuevo libro sobre los tratados de Córdoba (Córdoba, Veracruz) , considerados como el acta de nacimiento de México, firmados por don Juan Donujú, jefe político de la Nueva España y por don Agustín de Iturbide, jefe del Ejército Trigarante el 24 de agosto de 1821 en Córdoba, Veracruz, tu tierra, por tratarse -y tu ya lo has dicho, de un hecho histórico y fundamental poco conocido o valorado por los mexicanos, entre los cuales me encuentro porque en la escuela primaria siempre nos dijeron que fue don Miguel Hidalgo y Costilla el Padre de la Patria, sin figuras que le hicieran sombra en ese sentido. A don Agustín de Iturbide nos lo pintaban de otro modo, demeritando su papel en la firma del acta de independencia de México, tanto en la capital como en la provincia como sucedió en la ciudad de Torreón, donde suprimieron su nombre impuesto a la calle paralela a las vías del ferrocaril, cambiándolo por el de Venustiano Carranza, también merecido seguramente pero criticable porque le dijo al emperador: -”Quítate que hay voy”, borrando físicamente aquel recuerdo.

Por lo tanto, Juan Noé, ahora te toca luchar por la reivindicación de don Agustín de Iturbide, tal vez con una placa, un busto o algo parecido en la plaza mayor. Sería un desagravio a su memoria y un buen epilogo del libro que haz escrito referente a los tratados de Córdoba, de los cuales se derivó el primer congreso constituyente, y que a su vez generó la Constitución de 1824. Tu libro compendia a profundidad la efémerides de los 200 años de la firma, que como también expresas en una entrevista, es un hecho que tristemente no se conoce en el país.

Tan poco conocido no sólo por los mexicanos, sino por el propio gobierno y aún por los mismos historiadores, pues de otro modo no me explico por qué la secretaría de la Defensa Nacional apenas en enero de 2021, difundió vía internet copias del pacto y sus detalles. Gracias a tu diligente trabajo, copié síntesis de la información complementaria que acompaña al facsímil del tratado, como serían los siguientes conceptos:

“El 24 de agosto de 1821 se firman los tratados de Córdoba, acelerando la independencia de México y la retirada de las tropas españolas de la capital del país, firmado por don Agustín de Iturbide, comandante del Ejército Trigarante, y por don Juan Donojú, jefe político de la Nueva España. El movimiento de independencia personificado por don Agustin , y el teniente general don Juan Donojú, se instauró una nación soberana e independiente como imperio mexicano.

“No sólo fue el reconocimiento de la unión de las fuerzas insurgentes y realistas o el concilio de intereses entre la colonia y la Corona Española, sino un cuerpo jurídico estructurado que sigue siendo utilizado hasta la formación del primer congreso constituyente mexicano… El abrazo de Acatempan y el Plan de Iguala, complementaron aquel hecho histórico.

Reitero mi reconocimiento a tu persona y a tu trabajo periodístico, un periodismo de investigación, inquisitivo e infatigable que mantiene vigente la libertad de expresión en México.¿Por qué tanto silencio ante el daño reiterado a la libertad de expresión?, reprochas en una de tus obras literarias.

Aprovecho la oportunidad Juan Noé, para rendirle un homenaje a Pedro Belmonte Rivas, nuestro “Bienvenido Granda”, periodista y bohemio que en uno de sus artículos difundidos por el también compañero Jesús Máximo Moreno Mejía en su libro sobre los periodistas laguneros, narra: “Si volviera a nacer y tuviera la oportunidad de escoger, me inclinaría de nuevo por esta carrera de periodista, que si

bien es cierto, no da grandes satisfacciones económicas, también es cierto que proporciona experiencias que difícilmente pueden ser igualadas o superadas por otras profesiones, esas si muy bien pagadas”.

Su texto “Currente cálamo” (Corriendo la pluma), es válido para transcribir sus pensamientos cien por ciento periodísticos que contienen el párrafo ya citado y los que siguen: “”Estoy orgulloso de pertenecer a una especie -en extinción- de periodistas “hechizos”. Sí, de esos que nos hicimos al golpe de la tecla, al calor del crisol del lintipo, bajo el consejo sabio de experimentados tunde máquinas quienes sin egoísmo y como verdaderos maestros, nos transmitieron sus conocimientos, trucos y experiencias. Esa fue nuestra universidad, la mejor.

“Eso no quiere decir que menosprecio a los nuevos periodistas, a los egresados de la carreras de periodismo o de comunicación, pero por supuesto que no. Por el contrario, mi reconocimiento a para toda esa nueva hornada de periodistas, la mayoría de ellos brillantes y a quienes – algunos de ellos- en un momento los apoyamos como con nosotros lo hicieron nuestros viejos maestros”

Pedro Belmonte Rivas -acota Moreno Mejía- fue periodista durante cerca de 50 años, pero lamentablemente dejó de existir el dos de junio de 2012.

(A Irma Bolívar Ayala, felicitaciones por el reconocimiento que también te dio ese mismo día Voces Irritila, A.C.) Guardo una fotografía donde aparecemos, sonrientes tu, Irma, y yo, Higinio, con nuestros respectivos cuadros, es decir, los diplomas enmarcados. Que conste Cuau, son diplomas, no cuadros. Irma, por cierto, da cuenta gráfica y escrita de los reconocimientos en la primera página de su periódico Extra de la Laguna, que este viernes 10 de septiembre, aumentó su circulación por ese motivo)

Desafiando al tiempo a paso lento

POR: Higinio Esparza Ramírez

Viejos suspirantes son hoy, ayer fueron jóvenes fogosos, laboriosos y divertidos, bailaban mambo, cha cha chá, danzón y los ritmos afrocubanos que demandan excelente condición física; gozaban con la Princesa Lea, Wanda Siux y Lyn May y soñaban con Greta Garbo, Sofía Loren, Briggite Bardot y Llilia Prado. Respetaban a sus abuelos y en consecuencia a todos los viejos del mundo, pedían permiso a sus mayores y no existían los “ni nis” ni los celulares distractores, sólo la radio que los congregaba cuando peleaba El Ratón Macías contra el francés Alfonse Halimi.

En su añorada juventud los viejos se movieron con iguales inquietudes, ambiciones y espíritu aventurero; viajeros y mujeriegos, se desvelaban en los antros nocturnos y no le temían a nadie; peleaban en la calle a mano limpia y fumaban tabaco a escondidas de sus padres o de la policía los adictos a la mariguana: muy pocos sabían de estos últimos porque no eran tan descarados como los actuales adictos.

Se enredaban en noviazgos guardando las distancias debidas a menos que los arrebatos pasionales los empujaran por otras vías y aún así llegaban al matrimonio. Eran reverentes con las damas y a cada 28 de agosto abrazaban con alegría a sus abuelos.

El abuelo es feliz cuando los nietos buscan su sombra. En el circo se divierte más que ellos admirando a las trapecistas o rugiendo como león y se toman las fotos. En otro espacio de divertimento, lo sorprenden los gritos -“Abuelo, llévame a ver el tren” y lo mueven (al viejo, no al ferrocarril) o sus inventos de animales anfibios en las acequias que recorren en una figurada aventura donde aquel lucha a puro brazo con las bestias alienígenas llegadas de Marte.

Sólo cuando se trata del Día del Abuelo la sociedad acoge a los viejos. Después, los olvida, los menosprecia y los regaña

y son los jóvenes mal educados y los adultos irrespetuosos los que se ensañan, olvidando que ellos también llegarán a la senectud irremediable. El abuelo ya no desea ser niño, sino ponerse a la par y alcanzar respeto y tolerancia.

Hay un proverbio sueco que dice: “los jóvenes van en grupo, los adultos por pareja y los viejos van solos” y esa soledad es precisamente la que se acentúa cuando los integrantes activos de esta sociedad egoísta, tratan mal a los ancianos que también forman parte de la misma colectividad que ahora los aparta a un lado.

Pero no todo es desventura senil: con la credencial del INSEN se obtienen descuentos en el pago del impuesto predial y en el costo de las placas de circulación; pagamos la mitad del boleto en los viajes en autobús y en avión, aparte de disfrutar de rebajas en las grandes tiendas y en los partidos de béisbol de la Liga Mayor de La Laguna, menos en las funerarias, donde no hay rebajas ni siquiera de fin de semana.

Alrededor de los mayores de edad han surgido máximas de los grandes pensadores de la historia que lo mismo levantan el ánimo o lo apachurran con juicios certeros, verbi gracias: “Los años arrugan la piel, pero renunciar al entusiasmo arruga el alma”, previene Albert Schfeitser y enseguida puntualiza y saca de onda: “Con 20 años todos tienen el rostro que Dios les ha dado, con cuarenta el rostro que les ha dado la vida y con sesenta el que se merecen”. (Uff, esto ya duele).

Los hay de tono humorístico: “La edad también tiene sus ventajas muy saludables, se derrama mucho del alcohol del que antes no quedaba ni gota”, señala Gidi y John Knitex por su lado, es realista: “Se es viejo cuando se tiene más alegría por el pasado que por el futuro”. Santiago Ramón y Cajal remata –y feo-: “lo más triste de la vejez es carecer de mañana”.

Y para las mujeres con las arrugas de la senilidad encima, los refraneros de la historia les asignan un destino que es

más bien un elogio a su vanidad: “Cásate con un arqueólogo; cuanto más vieja te hagas más encantadora te encontrará”.

Charlie Chaplin, Da Vinci, Galileo Galilei, Isaac Newton, Franklin Roosevelt y Alberto Einstein, entre otros, tenían una edad promedio de 80 años cuando alcanzaron la cúspide como grandes científicos y forjadores de la historia. Y que me dicen de Sophia Loren, a sus 80 años todavía sacude el alma de sus sempiternos admiradores y los pone a lloriquear.

-Si hay heces de pájaros en la hoja en que escribo a mano estas divagaciones -escribo sentado en una de las bancas de la Alameda Zaragoza-, es porque las aves creen que soy una estatua como la que hay en los descuidados andadores del emblemático paseo público, sucias, mudas y deterioradas por el tiempo y el descuido. Se posan abrigadoramente sobre mi figura inmovilizada y pienso que es su manera de rendir honores al ser humano que ya es piedra y no las acosa.

Sus alegres vuelos los interpreto a la vez como una oda para los ancianos colegas que descansan sus años en las bancas de los paseos públicos o en sillas de ruedas fantaseando con Marilyn Monroe como es mi caso y me vuelvo optimista.

La sociedad ignora que somos fabricantes de sueños… Por ese motivo, Mister Gallo y la emisora local de Radio Centro, sus cantantes y el pianista Carlos Ramos, nos reúnen año con año en el Teatro Nazas para disfrutar canciones y melodías de nuestro maravilloso pasado. A la mañana siguiente, todos los viejos a seguir cantando como desafiando al tiempo…

El mundo cibernético pone los pelos de punta

La advertencia aparecida en el internet es clara y precisa; no deja lugar a duda, me sorprende y me confunde: “El mundo cibernético es un lugar peligroso; los criminales se infiltran en los sistemas e instancias, asaltan privacidades y trastocan estilos de vida, provocando situaciones catastróficas e inevitables. Los malhechores cibernéticos son astutos y diabólicos, altamente innovadores y persistentes, infractores de la ley y operan en las sombras.” (¿Se trata de un mensaje injertado por Lucifer, cuya principal arma de combate consiste en hacerles creer a los humanos que no existe?

Abro mi libreta con pastas de tejido vegetal elaboradas por afromexicanos de la costa chica de Guerrero y apunto las truculencias del mensaje que por casualidad capté en la pantalla de la computadora que me sirve para escribir y mandar mensajes y pienso al mismo tiempo: ¿Sabrán los educandos del nuevo ciclo escolar -por ahora vía internet- de los riesgos que implica el uso del sistema digital para su enseñanza y formación académica fuera de las aulas? ¿Lo sabe el gobierno?

El regreso a la escuela -virtual por ahora- demanda más seguridad y un primer paso sería la protección de los portadores portátiles: computadoras de escritorio, tabletas, teléfonos celulares y los demás dispositivos que surjan en esta veloz carrera de la tecnología. Abandono y descuido de las laptop, de los teléfonos móviles extraviados y la carencia de seguros contra los virus, figuran entre las principales causas que abren las puertas a los criminales cibernéticos, previene el informe leído en la pantalla.

Añade: “Hay espionaje, acoso, infiltraciones, robo de datos personales y lo peor, robo de nuestro dinero. No sólo son riesgos cibernéticos, sino también de terrorismo que se superponen cada vez más uno del otro. Hay amenazas contra los activos físicos, los gobiernos, las redes eléctricas, presas, redes de telecomunicaciones, sistemas de transporte e instalaciones nucleares civiles y oficiales”, remarca ominosamente el aviso preventivo. “Para combatir las amenazas cibernéticas -aconseja- es necesario que el gobierno y los ciudadanos entiendan que estamos juntos en la lucha contra un enemigo común, un enemigo oculto que opera detrás de nuestras organizaciones y dispositivos, difícil de detectar, de vencer y de castigar. ¿(Es un llamado con fines comerciales? me pregunto, pues me desconcierta que todo el mundo, comenzando con los nietos que tanto encantan, usa, sin quejas, el sistema cibernético)

En fin, continúo: Estas contingencias del mismo modo se han vuelto inadvertidas ante el escrutinio público, el escrutinio de los maestros sobre todo y quizá ello se deba a las necesidades de adaptación sobre la marcha al novísimo sistema que ahora tiene en casa a los alumnos suspendidos de la televisión, la tableta o el teléfono celular, sin padre ni madre que les oriente y proteja porque ellos tienen otras ocupaciones relacionadas con el mantenimiento del hogar. El profesor en línea no asume tales responsabilidades, pero sí lleva una gran carga encima: impedir desviaciones digitales.

Abjuro de las sinuosidades del ciber espacio y cambio de canal: “El exorcista”, es la invocación porque desde que vi la película me encantaron las escenas donde Regan levita con todo y cama; habla como Satanás, vomita sopa de verduras descompuestas sobre el rostro del sacerdote que intenta liberarla del demonio, utilizando crucifijos, rosarios y oraciones al mejor estilo presidencial, gira la cabeza para todos lados y desciende por la escalera patas para arriba, despilfarradora de una fuerza sobre humana que al final de cuentas les costó la vida al cura exorcista y a su ayudante. Ella misma, concluida la diabólica filmación, requirió tratamiento sicológico para retornarla a la normalidad, pero su vida ya no fue la misma. Continuó poseída por el demonio de las drogas y el alcohol y se apagó su estrella.

Lo que si quedó claro, fue que en la célebre película de terror, Satanás no pudo con ella y batalló para infiltrarse en su cuerpo y mente, vociferando como demonio del octavo infierno en la curva alta de la posesión maligna, intentando apoderarse de la inerme Regan (Linda Blair, su nombre verdadero).

No hay comparación entre uno y otro tema, quizá similitudes: el demonio trastoca estilos de vida, es astuto e infringe la ley, igualito que los criminales cibernéticos, pero uno de los asuntos me alarma (el ciber espacio) y el otro (la película luciferiana) me entretiene. Los dos, de cualquier manera, me enchinan el pellejo.

Nueva versión de ¿Quién se llevó mi queso?

Autor: Higinio Esparza Ramírez

Irma Targelia anunció, con platillos y cornetas. !Yo llevo un queso panela, en canasta, un kilo como botana para todos!. Llegó a la mesa, abrió el maletín donde guarda la ropa interior y puso la pieza láctea al alcance de todos los comensales griegos, pero no la cortó en lajas, ante la mirada imperturbable de Pericles, Equión y Al Tarif, este último recién llegado de Persia, con gruesos anteojos y cachucha de turista veneciano. Gaby Aspasia, la de las piernas turgentes, ignoró el incidente y se puso a pelear con una bolsa que se resistía a soltar las piezas de pollo doradas al carbón destinadas a su señor padre, Solón, el de la mente abierta, inteligente y serena.

Hepzibai y Cleo, los anfitriones, esperaban, también, las rebanadas de queso como botana, desdeñando las semillas, churritos y papas enchiladas llevadas por Al Tarif, preceptor del arte y la cultura que se cuidaba, del mismo modo, de omitir los alimentos con leche de vaca pesada e hiriente, enemiga de la flora estomacal. No toma leche, para acabar pronto.

Zenón y Janipa, su mujer, al fondo, no perdían detalle de las maniobras culinarias que esperaban con ansia. Copas de vino tinto calmaron sus angustias y se fueron sobre los chicharrones arriscados hechos chatarra que alguien de los presentes aprontó, también, como botana, la que se toma con vino, jamón, aceitunas, papas con chile y queso. Pepinos, esos sí, transformados en rebanadas por un cuchillo que iba de mano en mano, amenazante y filoso, acudieron en auxilio del panela fantasma, rociados de chile piquín, rojo y ardoroso.

Hepzibai, calvo y de cúpula rosada, los imitó copa y chicharroncitos en mano, de estos últimos una y otra vez hasta que Cleo, su mujer, hecha de coraje y sangre, inteligente, con emociones y opiniones, le ordenó: !ya no comas antojitos, evita los reflujos, los vómitos y los ardores de panza. HZB abrió las dos manos, dejó caer los chicharroncitos y alimentó a los de abajo, los perritos que siempre que llega al ágora, le hacen caravanas, frotan sus narices con sus piernas, y lo abrazan.

Kurda Sarah, desde su rincón cercano al baño, se refocila con lo que ve, tienta y gusta y espera, paciente, a que alguien le ponga a su alcance, pepinos, cacachuates y semillas, pero Al Tarif y su mujer, Narcisa, no sueltan prenda y

acaparan los chuchulucos plagados de azúcar, sodio y grasa, propios para chipiles desentados.

La algarabía resultante del reencuentro entre los compañeros de trabajo, involuntariamente dejó en el olvido el anunciando queso panela, que en cuestión de minutos comenzó a desaguarse en suero en la canasta que le servía de guarida. Nadie sabe y nadie supo, hasta ahora, el rumbo que tomó, no dejó huella, se alejó rodando y se sumió en el misterio.

Cadmio llegó presuroso junto con su mujer Semiele y su hija Dejamira, prendió el comal y en tiempo récord preparó una discada de camarón pelado, la vació en una olla de barro fabricada en el Peloponeso y la puso en un extremo de la mesa, custodiada celosamente por Al Tarif y el sujeto de la calva.

A taco y taco, los presentes acabaron con la discada, brindaron con cerveza y vino tinto y a las seis de la tarde, ahítos, exclamaron: “Nos vamos, alegres y contentos, gracias por tu hospitalidad Hepzibai y gracias por tu alberca: nos refrescamos pies y mente”. La alberca, les dijo, “no es mía, es de Cleopatra”.

Se fueron, en efecto, pero alguno de ellos se llevó el queso panela y ahora se hacen los desentendidos. Hepzibai se convirtió en fiscal y con la ayuda de Al Tarif, inició las averiguaciones entre los dilectos amigos, entre los cuales, especuló, está el que se llevó el queso. Ratones no hay y por lo tanto, la gruesa rodaja se oculta en las mochilas de los sospechos. ¿Quién es? Irma Targelia, la de los labios de fresa con crema, se hizo la inocente, lo mismo que Gaby Aspasia, Narcisa y Kurda Sarah. “Lo pusieron de aderezo en la discada de camarón, fue su defensa, ignorando que el camarón no lleva queso panela, sólo colesterol acompañado de rajas de chile morrón, cebolla, tomate y cilantro y las migajas de los que mastican chicharroncitos encima de la olla.

El queso, por lo tanto, se volvió humo, no dejó huella y se tiró a la aventura buscando otras mesas donde los comensales, aprecian su valor alimentario, fermentado en leche cuajada, preferido por los egipcios en sus tardes de luna, de sol y de estrellas. Hepzibai, volvió a soltar una lágrima, hecho un ovillo en el cojín donde reposa sus sueños, porque nuevamente se quedó sin queso… ni pollo.

(Taylor Caldwuell, autora del libro “Gloria y Esplendor” aportó los nombres que aquí se citan, con la idea de que su obra -719 páginas-, sea leída, completa, a nivel regional y sepan los lectores quienes fueron Fidias, Anaxágoras, Hecate, las Hades y Pericles, el gran amor de Aspasia, la de los senos lechosos: -Ah, amado mío, querido mío, mi amor y mi dios. Espérame. No me olvides. Le decía Aspasia cada vez que aquel picoteaba trozos de queso panela en la Acrópolis).