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¡No existe falta de tiempo, es falta de interés!…

Dicen que no existe la falta de tiempo, que existe la falta de interés, porque cuando la gente realmente quiere, la madrugada se vuelve día, el martes se vuelve sábado y un momento se vuelve oportunidad… ¿La verdad es que, quién no ha leído esto por ahí?…

Es más que claro que la falta de interés por parte de alguien, duele mucho y creo que todos al menos alguna vez lo hemos experimentado, hemos sentido que alguien no tiene el mismo sentimiento, compromiso para con nosotros, no existe el tiempo, la paciencia, las palabras, la compañía, el interés que deseamos.

Está por demás el decir que siempre creemos cualquier pretexto que nos ofrezcan, accedemos fácilmente pensando que algún día todo estará bien, o que quizá estamos pensando mal, la verdad es que tratamos de justificar cualquier excusa porque es lo que nuestro corazón quiere tratar de creer y nos aferramos, aunque estamos conscientes en muchas ocasiones que nuestra razón nos grita fuertemente que los motivos son totalmente diferentes. En el fondo sabemos que estamos perdiendo la confianza, la seguridad, la esperanza y sobre todo el tiempo, pero seguimos en la espera que nos correspondan tal y cómo queremos, pero a veces las cosas no suelen ser cómo uno lo sueña.

Forzamos tanto las situaciones y seguimos detrás de lo que queremos, que se nos nubla el pensamiento y confiamos plenamente en cualquier justificación que si el trabajo, la familia, los hijos, la cuarentena, la pandemia, la casa, el vecino, el perro, el perico… Total que tratamos de creer cualquier tonto pretexto que se nos dé.

Solemos caer en el error de seguir buscando, escribiendo, llamando; lo que sabemos que al final resulta ser una pérdida completa de nuestra dignidad, porque por más esfuerzos que hagamos sabemos en nuestro interior que todo está mal, que no debemos esforzarnos más, que llega el momento de dar un paso atrás y retirarse con la poca voluntad, dignidad, sueños y sentimientos que nos quedan. Nos cuesta creer que existen personas que por más intentos o esfuerzos que hagamos no ocuparemos un lugar, que sólo siguen presentes quizá por reafirmar su ego.

Así que dejemos de correr detrás de quien no quiere ser alcanzado, creo que todos valemos mucho y que hay decisiones que pueden ser dolorosas, pero más doloroso es aferrarse a alguien que no da señales de buenas intenciones, de lealtad, de compromiso o interés. No nos esforcemos, por alguien para quien somos invisibles, por alguien que no nos tiene entre sus prioridades.

A quien no te llame y no conteste tus llamadas, no le llames. No busques a quien no te extrañe. No extrañes a quien no te busca. No escribas, no te sometas al castigo de la indiferencia que demuestran mensajes ignorados o silencios infundados.

Los invito a leerme en el Diario Digital e Impreso EXTRA de La Laguna y en mi página de Facebook: Estrellas en el Cielo (Escritor).

¡Vamos de nuevo!…

POR: Estrellita de la Torre Lomelí

Creo que en el transcurso de nuestra vida, en ocasiones recorremos caminos que con el tiempo se cierran, existen ciclos que terminan, errores inevitables, personas que solo fueron punto de partida, trayecto, pero no el destino final.

Vamos conociendo personas que suben y bajan, que sólo nos van mostrando situaciones de vida, caretas y personalidades; personas que al final de cuentas nos dan lecciones, que agradeces hayan sido simples pasajeros, pero no nuestra terminal.

La verdad es que todos quienes están y quienes se fueron, durante el recorrido de nuestro viaje, pasan y nos dejan aprendizajes, nos motivan, nos obligan a luchar, esforzarnos, aprender, soltar, enmendar y sobre todo que nos enseñan a no caer de nueva cuenta en las mismas situaciones.

Creo que siempre llega el momento de dejar atrás, cada decepción, desamor, desengaño, traición, humillación, inseguridad, miedo, dudas, mentiras y fracasos. Sobre todo, tengamos en cuenta que debemos agradecer, que si no permanecieron a nuestro lado es por un motivo, la verdad de la vida es que todo cuanto nos pasa en el transcurso de nuestros días es por una razón muy especial, las mejores cosas de la vida dicen que siempre llegan al final, así sin esperar, sin pensar, sin avisos… Todo aquello que tal vez un día soñamos, tarde o temprano se nos será destinado, es cuestión de esperar.

E temas del amor, siempre existen circunstancias para darnos nuevas oportunidades, para reivindicarnos en nuestros errores, para establecer nuevos sueños y mejorar nuestras emociones.

¡Claro!, volver a comenzar requiere de esfuerzo, entusiasmo, de esas ganas de hacerlo mejor, de no fallar ni que te fallen, de dar y recibir, de luchar, de experimentar, de tomar las mejores oportunidades y no cometer los mismos errores pasados, de reinventarnos, de estar conscientes y plenos de lo que queremos y cómo lo queremos. Agradezcamos a todos esos que se cruzaron en nuestros caminos, que nos abrieron los ojos y nos mostraron desafíos de vida, para hoy crearnos más conciencia, mejorar el planteamiento de nuestros sueños y renovar las esperanzas.

Leí por ahí: “El fracaso es una oportunidad para empezar otra vez con más inteligencia” (Henry Ford).

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¡Buscando la Felicidad!…

POR: Estrellita de la Torre Lomelí                

Creo que a este mundo venimos a tratar de vivir la vida lo mejor posible, y es qué, en ocasiones la cotidianidad nos vuelve locos y nos encierra quizá en un lugar donde ya solo estamos por simple comodidad, agradecimiento, paz, conciencia y gratos recuerdos.

A veces estamos tan acostumbrados a una forma de vida, a ciertas personas, que nos vamos olvidando por completo de nosotros, de nuestra felicidad, de estar bien con nosotros mismos, y nos vamos dejando de lado con tal de no desacomodar a los demás, o por el tiempo que han estado a nuestro lado, que vamos sintiendo que les debemos tanto.

Dicen que la mejor forma de vivir, es disfrutar cada uno de nuestros momentos, recuerden que no somos eternos y lo mejor que podamos hacer es tratar de saborear cada instante e ir en busca de aquello que en verdad nos haga felices a nosotros.

Sabemos que el tiempo pasa tan deprisa que cuando menos lo pensamos, nos damos cuenta que no vivimos como queríamos, que no disfrutamos el tiempo, ni siquiera el amor. Me doy cuenta que en ocasiones estamos tan sumidos en una relación, que ya no nos ofrece absolutamente nada; que ya no existen palabras lindas, tiempo, calidad, atención, calor, ni romance; pero los años y el agradecimiento no nos permite ir en búsqueda de lo que en verdad desearíamos disfrutar, tener y conservar.

En ocasiones no nos damos cuenta que el tiempo pasa tan deprisa, que poco a poco se nos van alejando las oportunidades, las esperanzas de poder reencontrarnos, valorarnos y querernos como deberíamos. A veces llegamos a un punto que por más que queremos, nos da miedo redescubrirnos, volver a comenzar y tomar las riendas de nuestras vidas; ya sea por no lastimar a quien tenemos a un lado y por aquellos que tenemos alrededor y dejamos ir tantas oportunidades, sin siquiera pensar un poco en nosotros y la felicidad que podría acarrear.

Creo que a veces elegimos caminos que creímos serían eternos, esperanzadores, satisfactorios; pero también hay ocasiones que esos caminos se terminan y ya no nos complementan y nos hacen sentir solos, tristes y vacíos; pero los continuamos con tal de hacer feliz al otro, con tal de no salir de esa zona de confort, de no dañar a quien creímos tal vez sería para toda a vida. Pero nos damos cuenta que no todo es eterno y que la felicidad viene en envases pequeños que hay que tratar de volver a llenar.

Leí por ahí que la felicidad no se busca, que te encuentra; pero creo que no es así… Es necesario buscarla, encontrarla y tratar de conservarla. Para ser felices, en ocasiones necesitamos salir de la comodidad, de la cotidianidad, de personas que restan en lugar de sumar, quizá las cosas van a cambiar eso es seguro… ¿pero quién no quiere ser feliz en este mundo?.

Hay que saber qué, en estos momentos lo que debemos hacer es tomar todo nuestro amor, nuestro coraje, nuestros sentimientos, nuestra fuerza y luchar por salir adelante, por buscar también lo que es mejor para nosotros y que nos devuelva esas ganas de seguir, de luchar y vivir.

Muchas veces nos hemos preguntado si vale la pena entusiasmarnos de nuevo, y hoy les puedo contestar una cosa: “Hagamos que nuestra vida valga la pena”.

Hay que darnos cuenta que vale la pena cualquier sacrificio, aprender de los errores, incluso aprender del propio sufrimiento, porque eso nos hace ser quienes hoy somos, siempre hay que luchar por tratar de estar bien y sobre todo de volver a llenar esos vacío que hoy podemos sentir.

Sé que todo esto son simples palabras, letras entrelazadas con el único fin de darnos la idea de que no debemos estar en donde ya no hay nada, donde se esfumaron los sueños y esperanzas. Pero hay que estar conscientes que todo depende de nosotros y de hacer que cada instante de nuestra vida en verdad pueda volver a colmarnos de emociones, de sentimientos y felicidad.

No se trata de estar en donde pensamos que estaríamos de por vida, es más que claro que con el tiempo las cosas cambian y si ya no existe nada, para que continuar en donde ya no nos ofrecen lo único que buscamos…que es: “El amor, el apoyo y la felicidad!.

Tratemos de ser felices, que de eso se trata la vida…Por favor, sé feliz ahora, no mañana; que quizá mañana ya no estás. “La dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar”: Thomas Chalmer.

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A tres años de tu partida

POR: Estrellita de la Torre Lomelí

Hoy quiero dedicar esta columna a alguien que aunque no está físicamente, sus recuerdos continúan formando parte de mi vida, alguien de quien aprendí tanto: mi Señor Padre René de la Torre Rodríguez, fundador del periódico y Diario Digital EXTRA de La Laguna.

Creo que en ocasiones los sentimientos se apoderan de nosotros y se transforman en lluvia brotando por los ojos, en un huracán que va arrasando todo a su paso, aunque a veces es necesario expresarnos y sacar todo aquello que llevamos clavado en el alma, cual puñal atravesando nuestro cuerpo.

Sabemos que en ocasiones ese espíritu de fortaleza que crees tener, va poco a poco decayendo y ese cúmulo de emociones va atormentando y sale a relucir, aunque se hace un esfuerzo enorme por continuar, por levantarse en pie de lucha; al final las emociones nos van ganando y nos tumban.

Este 13 de abril, se cumplieron 3 años desde que tú alma abandonó el mundo terrenal para acudir al llamado del Creador, y he de decir que aunque van transcurriendo los días; el extrañar y tenerte presente en la memoria sigue intacto como el primer día en que partiste.

A veces es difícil continuar, estar sin tu calidez, tu sabiduría, cada enseñanza, tus muestras de apoyo y solidaridad para quienes te rodeaban. Es tan duro llegar a un lugar tan lleno de ti, tan lleno de esperanza, fe y sueños, en donde muchos quedaron flotando en el viento.

Creo que cada pérdida es tan dura, sobre todo de expresar todo aquello que llevamos dentro y el dejarlas salir, te ganan las emociones que se van acumulando en los ojos y se ven reflejan en el alma.

Creo que quienes te conocieron, tienen buenos recuerdos de ti, la verdad es, qué poder decir de ti un hombre excepcional, entregado, responsable y con ese toque de profesionalismo que siempre llevaste en tus venas.

Un gran reportero de la vieja guardia, autodidacta, siempre creando, disfrutando el noble oficio del periodismo aún en esos días que no te sentías bien, un asiduo trabajador entregado a su profesión.

Durante todo el tiempo que trabajamos juntos, aprendí tanto de ti; mi recorrido por el mundo de las letras es gracias a ti, tu forma de explicarme, tus lecciones, incluso tus exámenes sorpresa de ortografía y redacción, por ti conocí el bendito arte de escribir y las nociones sobre el periodismo.

Hay tantos recuerdos girando en mi cabeza de ti, tantos momentos felices que compartimos, lo que más llevo presente es cuando me dictabas tu columna “Sal y Pimienta”, yo me sentía la gárgola del monje loco, queriendo adivinar lo que querías expresar y te causaba gracia, porque nunca le atiné.

Hasta hace unos años, supe que también te gustaba escribir poesía; ya sé de donde nació mi gusto por escribir, es algo que llevo en la sangre.

Y qué decir de esos días que surgía el periodista que habitaba en ti y lo utilizabas conmigo, queriendo saber más de mí, mi futuro y mis planes de vida y nuestros sábados familiares de desayuno no podían faltar y esa frase tuya tan peculiar en la oficina: “Lento muy lento”, cuando necesitabas algo.

La verdad es que llevo tantos recuerdos tuyos grabados y trabajando a tu lado; muchos recuerdos más. Creo que aunque pase el tiempo, nunca dejas de extrañar y necesitar a alguien que formó parte importante en tu vida y con quien tuviste grandes lazos, nosotros no sólo padre e hija, sino de jefe y trabajador.

Ya han pasado tres años, pero tu esencia sigue habitando ese lugar que te llenaba de sueños e ilusiones, de compromiso, entrega y lucha.

Estar sin mis padres, en quien apoyarme, con quien acudir y estar; creo que es una de las pérdidas más difíciles que hay que sobrellevar.

Y bueno cómo dicen, la vida sigue y nosotros con ella, sólo queda mantenerlos siempre en nuestro corazón y en nuestra memoria a quienes ya no están con nosotros…

Y cómo decía mi señor padre: ES TODO POR HOY pero aquí nos seguiremos leyendo si Dios quiere en este mismo espacio…Aaaabbbuuurrr.

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¿A dónde vamos a parar?

POR: Estrellita de la Torre Lomelí

¿A dónde vamos a parar?, diría Marco Antonio Solís… Creo que en estos tiempos en los que muchos denominan como vida moderna, donde muchas cosas y situaciones, ya quedaron muy pero muy en el pasado, como: La educación, los valores, la atención, el apoyo, la empatía, la honestidad, el respeto, la tolerancia, la solidaridad, la generosidad, la bondad, la humildad y la moral.

Hoy nos estamos dando cuenta, como han ido devaluándose poco a poco los valores y las buenas costumbres. Creo que hoy por hoy, nuestros jóvenes y niños han ido tomando modismos que no deberían y en muchos casos en mi opinión personal, todo se viene dando debido a la falta de educación, a que no hemos podido tomar las riendas como padres.

Tanto los tiempos que hemos estado viviendo, la falta de tiempo de algunos padres, la falta de tacto, de comunicación, incluso el abandono, las separaciones, los divorcios, nuevas ideologías, la tecnología y tantas redes sociales que se nos presentan y sobre todo las nuevas generaciones a quienes muchos de nuestros hijos siguen como ejemplo a seguir; todo esto ha ido dañando sobremanera a nuestros hijos y sobre todo a nosotros como figuras de imposición.

Hay que darnos cuenta que nunca es tarde para comenzar, para volver a encaminar, para enderezar el árbol caído; antes de que sea tarde. Hoy es momento de tomar nuestros papeles como padres y aplicarnos un poco más, hay que tomar nuestro lugar; hemos visto que a través de las redes tantos jóvenes y niños van siguiendo actitudes que están afectándolos y no sólo a ellos sino a nosotros como padres, creo que muchos ya no ven a sus padres como símbolo de autoridad, confianza, disciplina y respeto.

Es por eso que hoy tantos jóvenes y niños van decayendo, otros van siguiendo malos caminos, hoy nuestra juventud ya no disfruta sanamente, ya no vive como debería, su sensibilidad va decayendo y la empatía se ha ido marchando.

Creo cómo padres vamos observando todas las malas decisiones que nuestros hijos van tomando, que quizá no saben diferenciar entre lo bueno y lo malo o no quieren darse cuenta, que van mal encaminados y cometen errores que pueden costarles su futuro, su integridad e incluso hasta la vida.

Es triste darnos cuenta ver todas las cosas negativas que se comparte a través de las redes sociales, y que para muchos de nuestros jóvenes y niños sean temas sin relevancia y graciosos. Entonces me pregunto: ¿Dónde quedaron los valores?, ¿dónde están los padres?, ¿Qué estamos inculcando a la juventud?, ¿dónde quedó la empatía?.

La verdad es que existen tantas preguntas a nuestro alrededor al ver las reacciones que muchas publicaciones causan a nuestra juventud cuando estos son cosas negativas, que en ocasiones afectan hasta terceras personas, que muchos comparten de nueva cuenta como si fueran temas graciosos y no ven que tanto afectan a los demás; vemos que no existe conciencia, ni sentimientos.

Es por eso Padres, y hablo como tal; hay que darnos el tiempo, el espacio para ver que ven nuestros hijos en las redes sociales, que tipo de personas siguen, que comparten, que tipo de amistades tienen; porque aunque nos parezcan cosas insignificantes e irrelevantes; también ahí nos damos cuenta que tipo de hijos estamos criando. Hay que saber educar hijos de provecho, de bien, conscientes, maduros, respetuosos, con valores; que puedan darse cuenta en que afectan las cosas negativas de los demás y que no alienten a lo malo, sino al contrario que puedan darse cuenta del daño que puedan causar… Se los dejo de tarea!.

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