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Reflexiones Amorosas

ENTREGANDO SU VIDA REDIME AL PECADOR

POR: Antonio Fernández

Jesucristo Nuestro Señor da conocer que la conducta humana ante la agresión de la soberbia maligna, su defensa está en dominarla imitando su humildad y mansedumbre, para ello se describen dos puntos de su enseñanza; “Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo y diente por diente”, significa ir a la venganza, al desquite, a satisfacer el “yo” del poder, a la represalia, el imposible perdonar, a olvidar la pacificación del ímpetu para detener la agresión sea provocada o accidental contra el prójimo cuando la pasión es dueña del impulso ¡Que difícil! detenerla. San Juan, clarifica el mandato divino para contener la ofensa agresora de una alma por la razón que sea no le es justificado perder el control de sí mismo para atacar y agredir, degradar o denigrar u ofender físicamente incluso arrebatar la vida, lo saludable para toda alma es la humildad ante la injusta agresión del que la recibe como el que la inicia, es dar un paso atrás y frenarse, instruye el Señor; “Más Yo os digo: no resistir al que es malo; antes bien, sí alguien te abofeteare en la mejilla derecha, preséntale también la otra”. Y como conclusión de su palabra, dado que la del Señor es verdad y ejemplo a seguir, previene a los siglos; llevado a la casa del sacerdote Anás y ser interrogado, las acusaciones son sinrazones, injustas y contradictorias, dijo; “¿Por qué me interrogas a Mí? Pregunta a los que han oído, qué les he enseñado; ellos saben lo que Yo he dicho. A estas palabras, uno de los satélites. que se encontraba junto a Jesús, le dio una bofetada, diciendo: ¿Así respondes Tú al sumo sacerdote? Jesús le respondió: Si he hablado mal, prueba en qué está el mal; pero si he hablado bien ¿por qué me golpeas?». El Señor pide paciencia y docilidad, la humanidad no escucha, no tiene deseos de tomar para sí la enseñanza del Señor, no fija su atención en ello porque a su “Ego” le resulta infantil, aniñado y vano, porque el agresor necesita satisfacer su “Yo” por ser “ofendido”. Reza el Señor en el Sermón de la Montaña; “Bienaventurados los mansos, porque heredaran la tierra”, San Agustín reafirma la enseñanza del divino Maestro; “Pelean los que no son mansos y se disputan las cosas temporales, pero siempre serán bienaventurados los humildes, porque ellos heredaran una tierra de donde nadie los podrá arrojar”. ¿Podremos comprender y asimilar que Jesucristo Nuestro Señor siendo Dios pudiendo defenderse y vencer las injustas acusaciones y castigos a su divino cuerpo por sus enemigos, no lo hizo? ¡Claro que podía y puede hacerlo!, San Juan revela que la redención de la humanidad es obra de su misericordiosa mansedumbre, reza el evangelio; cuando al Señor, una gavilla de gente del sanedrín dirigidos por Judas Iscariote con un beso lo entrega para ser tomado preso, vino una reacción de quienes venían con Él; “Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó e hirió a un siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. El nombre del siervo era Malco. «Mas Jesús dijo a Pedro: «Vuelve la espada a la vaina; ¿no he de beber el cáliz que me ha dado el Padre?». Mateo explica con detalle este momento en que el Señor tranquiliza la pasión e hizo razonar a los exaltados; «Vuelve tu espada a su lugar, porque los que empuñan la espada, perecerán a espada. ¿0 piensas que no puedo rogar a mi Padre, y me dará al punto más de doce legiones de ángeles?” Jesucristo Nuestro Señor manifiesta a los siglos que su predicación es ejemplo y obra, así ha de entenderse la norma pronunciada por Él en el Sermón de la Montaña. Y aunque muchos pongan en duda la palabra del Señor por su incredulidad, su enseñanza es siempre actual; “Los que empuñan la espada, perecerán a espada” Dicho de otra manera se entiende del Señor, “el que ha hierro mata, a hierro muere”.

Ahora bien, ¿Por qué la acusación corrió por boca del sanedrín calificándola de ridícula?; “Sí alguien te abofeteara en la mejilla derecha, preséntale la otra”. El Sanedrín estaba a la espera del Mesías que le diera el poder del mundo, primero expulsar a los romanos de Israel para ellos ocupar su lugar llevando como caudillo al Mesías. Los pueblos del mundo eran paganos e idolatras y supersticiosos pero guerreros, les llamó la atención lo del Mesías con poder, y temieron, pero cuando supieron que

ese Mesías era Jesucristo Nuestro Señor enseñando a Israel a perdonar al prójimo, a poner la otra mejilla cuando te golpean se rieron del pueblo judío y decían, ¿Con ese caudillo nos vencerán? Siendo esta la acusación por el que el sanedrín lo desconoció y rechazo, desprecio y negó la divinidad a su propio Mesías. Para reflexión de este hecho en el que se muestra Cristo Nuestro Señor ser el Pastor que da su vida por sus ovejas, es valorar y profundizar que el Señor fue dando paso a paso camino a la redención de las almas. Él sabía cómo sucederían las cosas, cada acontecimiento sea para el cristiano católico una enseñanza para retornar no solo la vista y los sentidos, sino el alma y corazón al Señor que entregando su vida redime al pecador. Jesucristo Nuestro Señor permitió ser llevado al centro de la sinagoga, lugar donde se conspira contra de su divinidad, lugar donde realizan los conciliábulos en su contra, punto donde confabulan sus hostilidades los que dicen creer en un dios que no es Dios. El Evangelista San Juan expone lo que viene a ser la causa principal del sanedrín contra su Mesías; “Y todos le preguntaron: «¿Luego eres Tú el Hijo de Dios?» Les respondió: «Vosotros lo estáis diciendo: ¡Yo soy! Entonces dijeron: ¿Qué necesidad tenemos ya de testimonio? Nosotros mismos acabamos oírlo de su boca.» Entendamos, su maldad está realizada, el Señor pudiera haber dado otra respuesta, pero fue claro, Nuestro Señor conocía que está declaración la estuvieron esperando en el tiempo de su peregrinación por Israel y nunca la pudieron obtener, ahora su deseo de redención la dio porque estaba pronto para llegar a ello. Y para confirmar el deseo del Señor, San Mateo lo deja claro cuando exponen sus acusaciones ante Pilato; «Hemos hallado a este hombre soliviantando a nuestra nación, impidiendo que se dé tributo al César y diciendo ser el Cristo Rey. “Las acusaciones primeras a Pilato no le fue nada interesante, lo vio como una acusación sacada a fuerzas de los acusadores que le temían, por lo tanto, sin valor para el Impero romano, lo que si fue de su interés es lo referente; “Ser el Cristo Rey” Porque eso podía afectar a Roma y a Él como Tribuno, por lo que fue a Él para ver si en realidad es Rey; “Pilato lo interrogó y dijo: «¿Eres Tú el rey de los judíos?» Respondióle y dijo: «Tú lo dices. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a las turbas: «No hallo culpa en este hombre.». ¡Claro! ¡No hay culpa! Entonces ¿Qué paso? La incitación de los sacerdotes, ancianos, escribas y fariseos a la plebe de Jerusalén que ocho días antes lo aclamo Rey, ahora lo acusan de sedición. Así continuo Nuestro Señor Jesucristo el camino al patíbulo de la redención de la humanidad del pecado.

Reflexiones Amorosas

BIENAVENTURADOS LOS QUE CREEN

POR: Antonio Fernández

Está Bienaventuranza es para quien cree en Dios sin exigirle prueba, siendo sin duda la mayor demostración de todas, la de María Inmaculada que se reza en el Magnificat: “Y dichosa la que creyó, porque tendrá cumplimiento lo que se le dijo de parte de Dios”. San Ambrosio declara e interpreta la confianza y el amor como la fidelidad y la esperanza firme de María la Madre de Jesucristo Nuestro Señor; “Ved la humildad de la Virgen, ved su devoción. Prosigue, pues: «Y dijo María: He aquí la sierva del Señor». Se llama sierva la que es elegida como Madre, y no se enorgullece con una promesa tan inesperada. Porque la que había de dar a luz al manso y al humilde, debió ella misma manifestarse humilde. Llamándose también a sí misma sierva, no se apropió la prerrogativa de una gracia tan especial, porque hacía lo que se le mandaba. Por ello sigue: «Hágase en mí según tu palabra». Tiene el obsequio, ves el voto. «He aquí la sierva del Señor», y es su disposición a cumplir con su oficio. «Hágase en mí según tu palabra», es el deseo que concibe”. He aquí la enseñanza de fe que recibe el cristiano católico de su Madre Inmaculada, es lección clara y comprensiva, pero el temor del incrédulo y en el que es escaso de fe, convierte el interior de su alma en una ceguera que no le deja verse en sí mismo su alma, es como si viviera en espera de que caiga sobre él la Espada de Damocles, de continuar en ese camino y aferrarse a él llegará el momento lamentable de su vida terrena donde conocerá como será su situación en la eternidad y no tener forma de retroceder o componer lo que en vida no se hizo y no se reaccionó en tiempo creyendo falsamente que nadie le ve permanecer en esa ocultación que envuelve a la persona, la hace increíblemente más temerosa al conocer la disposición y entrega de Nuestra Madre, cuando que Ella desea tomar esa alma y llevarla recuperada en sus benditas a depositarla en el Corazón de su Amado Hijo Jesucristo, es cuando uno se pregunta; ¿Porque no vislumbra su inteligencia el mal que se hace y el bien que rechaza? María la Madre de Jesucristo Nuestro Señor recibió como herencia las almas redimidas por su divino Hijo Jesús, la incredulidad no quiere que esa alma pecadora se introduzca en su bien obrar, ahondando en la actitud humana de saberse culpable de pecado, no recapacita que Dios es perdonador no de una vez sino las que sean necesarias para su salvación, bueno es traer a la memoria cuando Pedro pregunta su Maestro; «Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí y le perdonaré? ¿Hasta siete veces?» Jesús le dijo: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. Es la palabra de Dios un don para toda alma que venga al mundo, pero cuando la carga de pecados es tanta que ese pecador se retrae buscando una salida que ve posible, pero que hace por él mismo imposible al pensar: me conozco como soy y me dicen que imite en la fe a la Madre de Dios; ¿En qué? No tengo la capacidad de nada para hacerlo, es cuando surge de este mundo pragmático la negativa a la fe y confianza en Cristo Nuestro Señor, no obstante que dio a conocer la promesa de Dios de perdonar los pecados; “sino hasta setenta veces siete”. Por otra parte, aquel que niega al Hijo niega a su Madre María, y quien a ella niega, niega a su Santísimo Hijo imponiéndose así mismo un freno que no lo detendrá como fue en Judas Iscariote y Poncio Pilatos nada los detuvo y ahuyentados por la incredulidad de su alma lo fue la espiritualidad. Ejemplos de almas que han tomado el camino de la vida cómoda prefiriendo complacer al cuerpo en lo que más le agrada que seguir el mandamiento de salvación eterna, hay una causa y razón para esta conducta: no hay fe, tampoco confianza, ni convicción, ni temor de Dios, si a ese pecador se le invita a reflexionar la cerrazón en que vive se niega creer en la divinidad de Cristo Nuestro Señor y por ende tampoco en la pureza de María su Madre, no comprende el valor espiritual que Ella infunde por su fe en toda alma, si la madre de la tierra ante los problemas que enfrenta el hijo se preocupa y ayuda de una mil maneras, mayor es la preocupación de Nuestra Madre María Santísima en auxiliar al pecador aunque no lo merezca o diga “no creo” para Ella si lo merece y por tanto nada la detendrá en suplicar

a su Hijo Amado ayuda para ese y todo pecador que acuda o no a su regazo, su amor maternal suplicará ayuda a quien todo lo puede como quedó demostrado en las Bodas de Caná; “Su madre dijo a los sirvientes: Cualquier cosa que Él os diga, hacedla” Y se conoció el mejor vino que el mundo a probado, por ello es inconcebible que la Madre de Dios no teniendo mancha de pecado ni defecto se muestra amorosa porque como Madre vive en su corazón el ardiente amor que entrega a cada hijo que le fue encomendado en la Cruz; ”Mujer aquí tienes a tu hijo”.

Nuestro Señor en su peregrinación por el mundo dio conocer con solemnidad lo que en Él es gozo el reconocimiento de la fe de María su Madre. Al terminar el pasaje de la enseñanza de como obra el poder de satanás al ser expulsado de un alma y al tiempo vuelve adonde fue retirado, una mujer conmovida de su palabra exclamo de entre la multitud; “¡Feliz el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron! Y el Señor contestó: ¡Felices más bien los que escuchan la palabra de Dios y la conservan!”. Está palabra del Señor a dicho todo. San Beda Doctor de la Iglesia, ilustra a reflexión sobre estas palabras; “Una mujer confiesa con gran fe la encarnación del Señor, en tanto que los escribas y los fariseos lo tientan y blasfeman”. Es la fe de la mujer que creyó, por otra parte, la soberbia maligna del sanedrín. Nuestro Señor Jesucristo confirma manifestando a los siglos que la gran fe de su Madre María Santísima viene ante todo de escuchar la Palabra de Dios y guardarla en su corazón. San Juan Crisóstomo explica con claridad y precisa exactitud; “Sí María no hubiera escuchado y observado la Palabra de Dios, ¡su maternidad corporal no la habría hecho bienaventurada”! Pero Ella creyó, por ello goza de Dios en el Gloria Eterna” Abocándose nuestro Doctor de la Iglesia a las palabras de Nuestro Señor deja expuesta la alegría divina de Jesucristo Nuestro Señor al escuchar la voz de esa mujer glorificando a su Madre, dice; “Esta contestación no la dio el Salvador menospreciando a su Madre, sino manifestando que de nada le hubiese aprovechado el haberle dado a luz si después no hubiera sido buena y fiel. Además, si Jesús, que nació de María, no la hubiese beneficiado con las virtudes de su alma, con mucha más razón puede decirse que no nos valdrá el tener un padre o un hermano o un hijo virtuoso, si nosotros carecemos de su virtud”.

Reflexiones Amorosas

JESÚS RESUCITO CON SU MISMO CUERPO Y PROPIA VIRTUD

POR: Antonio Fernández

Nuestra Santa Madre Iglesia confiesa; “¡Si! Es justo alabar a Dios en todo tiempo, mucho mas lo es en este día, en que Cristo Nuestro Señor, nuestra pascua, inmolado para expiar los pecados del mundo, nos ha dado la vida con su muerte y resurrección. Pascua es el pecado destruido, la muerte vencida y la vida divina recobrada”. Se nos ha pedido: “Es justo alabar a Dios” Y es nuestro deber retribuir al amor misericordioso de Cristo Nuestro Señor glorificar a Dios; es bendecir la obra redentora dispuesta por nuestro Padre Celestial, cuyo punto culminante es la resurrección de su divino Hijo; es reconocer y honrar a Jesucristo Nuestro Señor quien resucita con su mismo cuerpo y propia virtud como lo dio a conocer a sus discípulos; “Que Él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sacerdotes y de los escribas, y ser condenado a muerte y resucitar al tercer día”. Los Santos Evangelios señalan dos ocasiones mas que en su contenido es el mismo mensaje, cada anuncio lo cierra el Señor con su palabra promesa de su realeza donde San Marcos es más específico; “Más tres días después resucitará”: Es posible que los discípulos dieron mas importancia a la persecución y castigo injusto que recibiría su Maestro, y poca la atención a la resurrección, no es de dudar que esa ligereza se debía a que su fe todavía era incipiente, por ello no apreciaron de momento que el triunfo de Cristo Nuestro Señor es la verdad fundamental del cristianismo católico que ellos después de la ascensión a los cielos será punto trascendente para la evangelización del mundo. Ilustra el Pbro. Spadafora: “ El alma siempre unida a la divinidad, y en la mañana del domingo volvió a unirse con el cuerpo para darle vida nuevamente ”La predicción de Cristo Nuestro Señor quedo cumplida y con ello la redención de la humanidad realizada, desde luego, para que cada componente de ella redima por sí mismo su alma del pecado, Nuestro Señor Jesucristo será para todo arrepentido sinceramente; “El camino, y la verdad y la vida; nadie va al Padre , sino por Mí”, Abre la puerta de salvación a todas las almas que han venido al mundo y deseen ganar la gloria eterna, porque siendo el día de su Resurrección el que ha hecho el Señor, el demonio quedo vencido y cerrado el camino para ya no someter almas al pecado ni serán llevarlas a su perdición, por ello tener presente todo acto Litúrgico que Nuestra Santa Madre Iglesia ofrece para reedificar el alma del pecado: la Santa Misa, frecuencia de sacramentos, la oración, devociones, obras de piedad y nuestra fe en Cristo Nuestro Señor se afirmará por estos bienes como lo fue en sus discípulos al verle resucitado; “Redimió el Cordero a las ovejas; Cristo, inocente, reconcilió con su Padre a los pecadores”.

Vaya controversia humana cuando por la soberbia maligna se carece de fe por no creer lo que la razón cree, la incredulidad jamás avivará la fe que desecha; la otra es cuando la fe es obtenida por creer lo que la razón quiere creer se creyó y se aceptó la verdad expuesta por palabra del Señor. Jesucristo Nuestro Señor revela su resurrección a los fariseos dando conocimiento a la señal que mostrará la incredulidad de su error y la ceguera de no entender que Nuestro Señor ha dicho la verdad del milagro prodigioso por el que demuestra su autoridad divina; “Destruid este Templo, y Yo lo reedificaré en tres días”. Vino la avalancha de crítica y reproche, reprobación y censura a consecuencia de creer lo que los ojos de los sacerdotes y jefes del sanedrín ven las cosas materiales con que ha sido construido el Templo de Jerusalén, los hombres que trabajaron, el diseño y detalles de los arquitectos eso los hace orgullosos de la obra material y no la espiritual, sin entender que fue la voluntad de Dios la que permitió su construcción, pero carentes de credibilidad enjuician su palabra; “Se ha empleado cuarenta y seis años en edificar este Templo, ¿y Tú en tres días lo volverás a levantar?”. Continua el Evangelista, dando a conocer la realidad que se comprende cuando es firme en el alma la fe y confianza en el Señor se puede apreciar y gozar lo sobrenatural; “Pero Él hablaba del Templo de su cuerpo”. Bien, los discípulos entendieron con exactitud lo que significaba la frase después de la

resurrección, pero la gente de la sinagoga no entendió nada, se escandalizaron porque en la pequeñez de su mente les era imposible aceptar que puede reconstruirlo en tres días lo que años tardo en construirse, en efecto la palabra que dio a conocer Jesucristo Nuestro Señor; ”Yo lo reedificare en tres días” Y en vez de profundizar en su palabra meditándola hasta encontrar la causa del porque el Señor les dio saber algo que de momento no comprendían, hicieron lo contrario, más que creer en ella la condenaron pues los fariseos y la gente del sanedrín se valieron de la palabra del Señor para acusarlo en el sanedrín; “Y algunos se levantaron y adujeron contra Él este falso testimonio; Nosotros lo hemos oído decir: Derribaré este Templo hecho de la mano del hombre, y en el espacio de tres días reedificaré otro no hecho de mano de hombre”, en primer lugar como se dice en las cosas del mundo, los acusadores del sanedrín maquillaron la palabra del Señor, porque la idea que afirman al acusarlo no lo dijo en el sentido que ellos toman para acusarlo, la otra, es que en la acusación ellos mismos reconocen y dan la lanzada sin razonar en lo que están diciendo, pues dicen “reedificare otro, no hecho de mano de hombre” En ello están afirmando de la palabra del Señor su resurrección, en efecto sin la mano del hombre Jesucristo Nuestro Señor resucito al tercer día como lo profetizo con su mismo cuerpo y propia virtud. Pero la palabra del Hijo de Dios la ajustan con su dicho; “Tú que derribas el Templo, y en tres días lo redificas, ¡Sálvate a Ti mismo! Sí eres Hijo de Dios, bájate de esa Cruz”. Los escribas, sacerdotes y ancianos del sanedrín incitan al pueblo a escarnecer precisamente al Hijo de Dios, ¿Qué diremos? La realidad, ellos se pusieron a sí mismos y por propia voluntad la soga al cuello, es una increpación grave burlar, mofarse y con ironía humillar ridiculizando la palabra de Dios, como hoy infinidad de hijos suyos trastocados por la incredulidad hace lo mismo, no solo nos sentimos sin fuerzas porque no estamos ahí para decirles la gravedad de sus insultos y la condena en que han caído, veamos lo que el Apóstol Santiago enseña a meditar en ello; “Sí uno oye la palabra (Dios) y no la práctica, ese tal es semejante a un hombre que mira en un espejo los rasgos de su rostro; se mira, y se aleja (del espejo), y al instante se olvida de cómo era”.

Reflexiones Amorosas

HOY JUBILO Y ESPERANZA, MAÑANA SENTENCIA

POR: Antonio Fernández

La gloriosa y jubilosa exaltación mesiánica;” ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!” conmovió al pueblo judío, que a los ocho días olvidó sus aclamaciones que dejo de lado su aclamación para seguir lo que el sanedrín le impuso, que el Evangelista da a conocer la irónica burla por la que disputarán a Pilatos el señalamiento que hace a Israel; “He aquí a vuestro Rey. Pero ellos se pusieron a gritar: ¡Muera! ¡Muera! ¡Crucifícalo!” Dejan testimonio de su rechazo y negación a los siglos de su propio Mesías que habían esperado desde siglos, responden con mentirá pues odiaban al César y al imperio romano que tiene sometido a Israel, los sacerdotes manifiestan lo contrario de la verdad; “¡Nosotros no tenemos otro rey que el César!”. Cuando la maldad tiene el propósito de obtener, todo es válido para el fin que busca, así mienta, acuse de lo contrario o calumnie todo es justificado, la apuración era que Pilato lo condenara a muerte. Cristo Nuestro Señor va a su paso hacia la redención, y todo sucede como Dios lo ha previsto antes de los siglos, no como el ser humano que actúa cuando busca la venganza contra el prójimo. La entrada triunfal de Jesucristo Nuestro Señor a Jerusalén es la única ocasión en que el reconocimiento fluyo voluntariamente de labios del pueblo judío. Cristo Nuestro Señor fue un día de su vida en este mundo aclamado como Hijo de Dios vivo, divinidad que revelo múltiples ocasiones en su peregrinar por el mundo; ser el Mesías anunciado por los profetas, escuchado, sí, pero no aceptado. La razón por la que Cristo Nuestro Señor en tiempo de la Pascua Judía dejo que fuera aclamado por la muchedumbre;” ¡Hosanna! “Que significa ¡Ayúdanos! Es para mostrar a la humanidad como todo aquel que dice amarle también puede traicionarle, no es de dudar que en pocos se aprecia que la exclamación es júbilo y esperanza ir con el Señor a Jerusalén. Dice San Beda;” Jesús consciente en ser llamado Rey, pero no es para exigir impuestos, formar ejércitos y luchar visiblemente contra sus enemigos, sino porque es el Rey de los corazones, y quiere conducir al cielo a los que creen y esperan de Él y lo aman”. Jesucristo Nuestro Señor ha sido, es y será en Él hasta la eternidad el primordial amor por las almas, estas amándole sean fieles al deseo de la salvación eterna, es lamentable que una inmensa cantidad de personas por no decir la mayoría, teniendo a su favor el amor de Jesucristo Nuestro Señor se mantienen alejadas de Él y hasta lo rehúyan. San Agustín alude ser por los malos hábitos;” Que la misma costumbre no los deja ver lo mal que obran” Ese mal trasciende la voluntad porque convierte en odio inexplicable del que no se comprende su causa, ni la razón de su incredulidad, no deja ver el error en que se ha caído y se crédito a la tentación diabólica que cierra oídos, corazón y todo el ser a la misericordia de Dios Nuestro Señor.

La persona por más mala que sea existe en ella la virtud de la verdad, por ella reconoce en Jesucristo Nuestro Señor a su Redentor el valor de salvación de su Pasión, crucifixión y muerte de Cruz; conoce que Cristo Nuestro Señor es amparo de su alma, por lo que el deber del cristiano católico es estar con Cristo Nuestro Señor el domingo de Ramos, siendo partícipe de la esperanza de salvación y jubilo cuando fue por un día reconocida su divinidad de Hijo de Dios, teniendo presente nuestras debilidades y miseria humana que llevamos en sí mismos, cuando por conveniencia intentaron aclamarlo Rey. Al escuchar del Evangelio sobre el pueblo que vino a salvar del pecado es movido por un impulso del mundo, no para replantear su vida espiritual en Jesucristo Nuestro Señor el camino de salvación, corresponder con fe viva no solo hoy sino toda nuestra existencia sea esperanza y jubilo, viviendo en el mañana de cada día la esperanza del pecador y sabiendo que se tiene que combatir la sentencia que rechaza su misericordia. En el Señor es gozo escuchar las aclamaciones de las muchedumbres, no las rechaza, pero desearía brotaran del corazón como se escuchan sabiéndose que de verdad es aclamado, porque como Dios conoce que a los cinco días esas voces que hoy lo aclaman, serán voces de escarnio

injusto contra su divinidad, por eso, como hijos de Dios, acerquemos nuestro corazón al suyo decirle: “¡Señor! Me esforzare para que mi disposición hacia ti no sea de palabra, sino de obra; que mis oraciones sean consuelo en tu agonía, y veas en mi el fruto de tu redención, me esforzare ir a tu lado como la hemorroisa que se conformaba con tocar tus vestidos, sino tratando de aligerar la carga de la Cruz que llevas sobre tu divina espalda en ese caminar de tu Pasión Santísima, amador de las almas”.

¡Sí! ¡Aclamemos a Cristo Nuestro Señor en el cielo, en la tierra y en todo lugar! ¡Aclamemos a Cristo en nuestro corazón! ¡Aclamemos a Cristo en el prójimo, en el pecador arrepentido, en el desvalido, en el aborrecido y despreciado, el que esta en agonía, y los que morirán sin agonía! ¡Aclamemos a Cristo en el corazón de los niños! A los que seria un bien espiritual imitemos su inocencia. ¡Aclamemos a Cristo y a María al pie de la Cruz! Cuando dirigiéndose a Ella dijo;” Mujer he ahí tú hijo”. ¡Aclamemos a Cristo! Cuando antes de entregar su alma al Padre, ruega por nuestra salvación;” Señor perdónalos, porque no saben lo que hacen”. A pesar de que sabemos lo que hacemos y lo que no debemos hacer; ¡Aclamemos a Cristo! Cuando a la lanzada del soldado en su costado, vinieron las ultimas gotas de sangre que en este prodigioso milagro da entender: “¡Hijos míos! La sangre derramada en mi Pasión ha pagado por todos los pecados. Entonces arrepentidos y con humildad, disponer el alma, el corazón dócil y generoso, sumiso y manso, con devoción, fe y confianza en Dios suplicar recibir en la Eucaristía su cuerpo, sangre, alma y divinidad, cerrar los ojos centrar los sentidos del alma en el Calvario, con Cristo Nuestro Señor en la resurrección, triunfante ascendiendo a los cielos, en intimidad con Dios aclamarlo; “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”

Reflexiones Amorosas

A NOMBRE DEL HIJO SE RECIBE DEL PADRE

POR: Antonio Fernández

“Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre. Pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado”. (Jn 16, 24)

Uno de los Padres de la Iglesia, San Teofilacto Obispo de Nicomedia, adelanta el resultado provechoso de pedir a nombre de Cristo Nuestro Señor lo que del Padre se recibe; “Vuestra alegría será completa cuando se os diere cumplidamente lo que pidáis”. El dicho popular dice: “Cierto es que en el pedir está el dar”, se considera una composición que vino al mundo a propósito de la palabra de Dios; “Pedid, y recibiréis” que la ajusta a sus necesidades personales y materiales pero no a las espirituales, se ha hecho de ello una sugerente forma de buscar palabras para obtener un propósito, unas de buena forma, otras sugerentes, algunas forzadas y obligadas por la coacción, otras son palabrerías melosas para crear agrado al que se le solicita el favor y por esta actitud lograr lo que se busca, en fin son tantas las formas de “pedir” en la convivencia del mundo cada quien conoce y sabe cómo ha obtenido o como lo han obligado contra su voluntad para que por su persona otro obtenga un beneficio justo o reciba una determinación injusta que desvirtúa el valor de salvación que viene de la palabra de Cristo Nuestro Señor.

Cuanto todo es bien hay tranquilidad, cuando es lo contrario despierta la pasión múltiples formas de buscar el desquite, alguien dirá: “así son las cosas del mundo” en realidad así es como lo ha hecho el ser humano cuando carece de caridad, e ignora la legislación de Cristo; “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros, para que así, como Yo os he amado, vosotros también os améis unos a otros”. El camino está señalado al predicar el Señor a quienes cada siglo ha pasado, pasan y vendrán a imitar la caridad de nuestro Salvador, por ello adelanta a demostrar: el amor comprensivo ante la falta es perdonar y soportar el dolor de la ofensa, en una palabra, es mostrar amor sin medida como Cristo ha enseñado, refirma San Juan la doctrina de su divino Maestro; “El amor no hace mal al prójimo” ¿Entonces por qué se hace complicado el amor al prójimo? Se ha olvidado que el Señor en su enseñanza no solo fue de palabra sino de obra, ello lleva a comprender que quien tiene el amor que Él pide tiene todas las virtudes, pero son las debilidades las que inducen hacer lo contrario, solo la inspiración de sanos pensamientos ayudará a ponerlos en obra con la asistencia del Señor. Para quien es poseedor o desea de corazón tener el amor limpio y generoso que obra en bien de su alma y del hermano al que por ese solo hecho ama, nada afectará en él la maldad de quien le busca perjudicar.

La doctrina de la Iglesia es poseedora de bienes a disposición de quien desee ordenar su vida a Dios, habrá de proponerse en su conducta de la vida diaria poner en práctica y profundizar las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad, de ellas la más importante es la caridad, al perder está se pierden las demás, ahora bien, al ahondar la vida de Jesucristo Nuestro Señor, observamos que en todos los actos de su vida aplico estas virtudes en bien de las almas, obrando en ellas sus prodigiosos milagros, en quienes escucharon su predicación reconocieron sus penas y pecados encontrando la tranquilidad en su alma, los que dedicaron tiempo sea en camino o en su casa repasar las parábolas, tener el gozo de conocer la enseñanza del Señor que viene de ellas, hasta en sus enemigos quienes atentos escuchaban no para aprender sino descubrir un error o contradicción y condenarle, pero sí fueron testigos de su enseñanza, lo importante para ellos y los siglos es que todos en su palabra conocieron que en su paso por el mundo el Señor obro las virtudes teologales, esto mismo vemos en él patriarca San José, padre nutricio del Hijo de Dios quien personifica al modelo de perfección de las virtudes teologales: la fe en la palabra de Dios es esperanza, ante la adversidad y la caridad defender, proteger y cuidar al niño Jesús como su hijo. Resumiendo, la obra del padre nutricio es creer, esperar y amar. Por lo que es bueno reflexionar, que, así como fue en el patriarca San José, lo fue en mucho mayor excelsitud María la madre de Jesús, y en las santas mujeres, los apóstoles, y las generaciones sucesivas de mártires, santos y santas como en hombres y mujeres de santidad, sus obras de la vida diaria fue pedir a nombre del Hijo lo que del Padre recibieron y reciben en el trascendente paso a la salvación eterna. La vida del mundo ha olvidado que el motivo de vivir en él es esforzarse para obtener los beneficios del alma y no los efímeros de las cosas materiales a las que entrega sus capacidades sin apreciar que al morir nada se llevará, esperando no sea tarde para recapacitar, hoy que se está en tiempo de vida es mejor atesorar bienes en el cielo que Jesucristo Nuestro Señor revela; “Amontonaos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni herrumbre destruyen, y donde ladrones no horadan ni roban”. Sino que perdurando en ellos se obtendrá la salvación esperada y deseada.

El, ser humano a través de la historia muestra la facilidad con que olvida cuando ha sido lastimado, herido sus sentimientos, golpeado física, moral y dolorosos padecidos en carne propia, eso mismo sucede al olvidar lo mejor que tiene en sí mismo, ¿Y qué es eso mejor que hay en sí mismo? El alma, bien depositado por Dios al arribar al mundo cada persona, la entrega limpia y pura, cristalina, sin mancha de maldad solo la del pecado original que queda borrado tan luego recibe el sacramento del bautismo, el alma acompañará el cuerpo de la persona desde el primer segundo de vida hasta el último latido del corazón, sean pocos o muchos años, aunque el cuerpo termine en la tierra el alma continua porque es inmortal, viene al mundo y se ira de él pero no se pierde, porque o goza la gloria que gano en vida o pasa al fuego eterno como dispone el Señor; “Y los arrojaran en el

horno del fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. ¡Quien tenga oídos oiga!” Unos y otros siendo conscientes de ello no encuentran dónde está ese punto del olvido porque se carece de la gracia pensar rectamente, no proponerse conformar su conducta a la enseñanza que Cristo enviado por Dios su Padre es entregarla a todas las almas, pero cuando no hay disposición al esfuerzo de la oración, no va el pecador a la recta armonía de la virtud. Explica San Agustín; “La falta de este conocimiento hace que tantas veces la oración parezca ineficaz, pues se pide en nombre de un Cristo desfigurado a quien el Padre no reconoce por su Hijo”. Conoce Dios Nuestro Señor de la naturaleza humana como obra después de sus continuas caídas y arrepentimientos, Él no cesa de su parte tocar las cuerdas sensibles de la fe, no deja de despertar del letargo en que la negligencia la tiene atada, a que la oración en sus discípulos despierte en su mente el conocimiento que tiene de la bondad del Señor, meditar sus promesas, pues todas vienen de su palabra que es verdad eterna, desearía el Señor que taladrarán en su corazón no solo sus discípulos, sino toda persona la promesa del bien eterno; “En aquel día conoceréis que Yo soy en mi Padre, y vosotros en Mí, y Yo en vosotros”. Los discípulos ¡vieron y escucharon! No mostraron comprensión a tan profundas como hermosas palabras que solo emanan del amor de Dios, y hoy conmueven infinidad personas para conformar el alma en su paso por este mundo…