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Tania denunció a su pareja y no la ayudaron. Está muerta. Su mamá teme que el asesino quede libre

Ciudad de México a 27 de Febrero de 2021.- Tania Oliva de la Rosa trató de escapar de la violencia física y psicológica que sufría con su pareja Jorge. Primero lo dejó y denunció penalmente tras ser severamente golpeada y amenazada con una pistola. Así lo expuso a las autoridades. Sin embargo, la joven no recibió la atención oportuna y la violencia feminicida la arrancó de sus seres queridos.

Ignacia de la Rosa, madre de Tania, clama por justicia para su hija y pide que se aplique todo el peso de la ley al asesino. La mujer está inquieta ante el proceso penal, pues el arma homicida no ha sido localizada, por lo que teme que esto sea utilizado por la defensa del imputado para que pueda evadir a la justicia, a pesar de que hay varios testimonios que vieron cuando la mató.

Para la mujer, el letargo con el que actuaron las autoridades, la burocracia, la lentitud y la falta de importancia o prioridad que le dieron a la denuncia de violencia física y amenazas fueron factores para que su hija fuera asesinada.

Tania tenía 25 años de edad, era madre de dos niñas y vivía en la comunidad llamada Rancho Llano del Tinto en San Luis Potosí. La joven trabajaba en labores del campo para sostener a sus hijas.

“Cortaba rastroja, a veces trabajaba ahí en el rancho donde ella vivía junto con su pareja Jorge”, narró su madre.

El día 6 de diciembre, Jorge, con quien tenía al menos siete años de relación, la golpeó tan fuerte en la cara que le quebró la nariz. Fue entonces que la joven decidió dejarlo.

Tania se trasladó hasta la comunidad de Santa Rita donde vive su madre y su tía.

“Esa noche ella vino aquí a la casa ensangrentada. Mi hermana me llamó para decirme que Jorge había golpeado a Tania y por eso la llevó al hospital y luego a interponer la denuncia”, contó la madre.

De acuerdo con el relato de Ignacia, cuando Tania acudió a pedir apoyo la citaron para seguir el caso hasta el 25 de febrero. Días después Jorge fue a buscarla a casa de su madre, pero ella no quiso verlo porque quería terminar por completo la relación.

“Nosotras ya estábamos haciendo planes de ponernos a trabajar y ver cómo íbamos hacerle para sacar adelante a las niñas”, explicó.

El 16 de enero las invitaron a los 15 años de una familiar. Ignacia no estaba segura de ir, pero la joven le dijo que aunque sea fueran a cenar y luego se regresaran.

Ignacia narró que durante la fiesta un joven invitó a bailar a Tania y ella aceptó. Cuando terminó la canción ambos regresaron a la orilla de la pista y fue en ese momento que Jorge llegó directamente a agredirla.

“La jaloneó de los cabellos, luego le dio un balazo en el cuello y otro en la sien. Todo fue muy rápido”, recordó su madre. Tania murió en el lugar.

Un hermano de la víctima y otros asistentes detuvieron inmediatamente al agresor, lo golpearon y encerraron en un cuarto hasta que llegó la policía.

El 19 de enero se realizó la primera audiencia en su contra por el feminicidio y quedó bajo prisión preventiva como medida cautelar.

Sin embargo, la madre de la joven teme que el asesino de su hija no tenga un castigo ejemplar, pues el arma con la que le disparó no aparece y ha escuchado rumores que eso podría complicar el proceso, aunque su asesora jurídica le ha dicho que “el caso va bien”.

“Nosotros creemos que tenía un cómplice, quien fue el que tomó el arma y la escondió”, añadió.

Ignacia dijo que no se explica por qué si Tania había denunciado al agresor no hicieron nada, no lo detuvieron; siguió en libertad hasta que le quitó la vida.

VIOLENCIA EN EL CONFINAMIENTO

El alza de la violencia machista que padecieron las mujeres, niñas y adolescentes en sus hogares —donde tuvieron que confinarse a causa de la pandemia de la COVID-19— obligó a decenas de ellas a huir del encierro con sus agresores y esto cuadruplicó los rescates realizados por la Red Nacional de Refugios (RNR).

De acuerdo con datos de la organización, durante el 2020 se efectuaron al menos 40 rescates urgentes de mujeres, de los cuales, 23 fueron tan sólo entre los meses de marzo y junio.

La cifra de mujeres rescatadas en 2020 representa un aumento de 300 por ciento con respecto al 2019, año en que se realizaron 10 rescates.

Además, el número de atenciones que brindó esta organización por vía telefónica y redes sociales (46 mil 514 personas atendidas) se incrementó 39 por ciento durante el año 2020 con respecto al año anterior.

Tania no sólo fue víctima de la violencia machista y de su agresor, también lo fue de la impunidad y falta de acceso a la justicia que tienen múltiples víctimas, como lo confirman los datos de la Red Nacional de Refugios.

La organización destacó que al menos dos de cada 12 mujeres que solicitaron acompañamiento ya habían pedido apoyo a una instancia gubernamental, pero no recibieron la atención esperada. Esto es para esta organización feminista una muestra clara de la revictimización y la falta de estrategias articuladas.

Otro reflejo de la impunidad en México, de acuerdo con la Red, es que el 27 por ciento de los agresores de las mujeres que solicitaron apoyo tenían antecedentes penales y el 29 por ciento usaban armas de fuego. Aunado a que el 14 por ciento contaba con vínculos militares o políticos, “lo que limita la posibilidad de que las víctimas puedan solicitar ayuda”.

Ignacia clama por justicia para su hija y también lanzó un llamado a las autoridades a prestar más atención y prioridad a las denuncias de mujeres violentadas, a darles la seguridad y resguardo necesario porque son potenciales víctimas de feminicidio.

“No quiero que otras mujeres tengan que pasar por lo que pasó mi hija”, dijo.

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