Suicidio… Marilyn y Elvis emblemas de la cultura popular

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POR: Higinio Esparza Ramírez

Don Héctor Martínez Serrano: -Al comentar el suicidio de un joven de 16 años, usted especuló: ¿Fue un cobarde o un valiente? Tres semanas después difundió la noticia de que otro joven de 22 años, intentó suicidarse de un balazo y se preguntó: ¿Pasión, pobreza, enfermedad, homosexualidad, depresiones? ¿Cuál será la razón? Hay un dato estremecedor: 800 mil suicidios al año en todo el mundo registran las estadísticas-.

Entiendo que un suicida -sea hombre o mujer, joven, adolescente o de edad madura-, no fue un valiente ni tampoco un cobarde. Más bien un ser humano confundido que por debilidad de espíritu no fue capaz de soportar sufrimientos físicos y morales, despechos amorosos, fracasos financieros, abandono espiritual o el rechazo egoísta por parte de los suyos y de la misma sociedad. Son innumerables los motivos que conducen a la llamada puerta falsa para salir de una vida personal ingrata. La soledad del mismo modo lleva a una muerte forzada por las circunstancias.

Calificarlo de cobarde sería un menosprecio a su memoria. Una ofensa sin fundamento. Quienes se atreven a censurarlo a la ligera, deberían conocer, antes que nada, las causas que lo orillaron a quitarse la vida por su misma mano. Genera, a cambio, compasión y pena y su fatal decisión entraña un severo reproche para quienes lo abandonaron o no pudieron asistirlo oportunamente.

Valiente tampoco cabe porque entre los sinónimos de la palabra, figuran decidido, animoso y temerario, conceptos para nada relacionados con la idea suicida. Mucho menos el que se mata entraría en la categoría de mártir, aunque hay similitudes cercanas pues la palabra se refiere, entre otras interpretaciones, a las personas que sufren grandes penas y miserias, abandonos y desengaños.

Entre las supuestas causas que orillan al suicidio en el caso de los individuos de edad avanzada, destacan las enfermedades terminales, los achaques insoportables, vergonzosos y degenerativos; el fastidio, las frustraciones y un aislamiento abrumador posiblemente imaginario o real.

Ahora me pregunto: -¿Qué les habría aconsejado a Marilyn Monroe o a Elvis Aron Presley si me hubieran llamado por teléfono para compartir penas, dolores y experiencias o simplemente para platicar?, pero no lo hicieron. Elvis murió a causa de un infarto agudo al miocardio provocado por un exceso de drogas -poli medicación diagnosticaron los médicos- (la especulación fue de que se suicidó) y Marilyn aparentemente se quitó la vida con una sobredosis de barbitúricos. Del mismo modo persiste la versión de que la mandaron matar. En ambos casos la soledad -supongo- se impuso y se sintieron derrotados por una vida glamorosa que no toleraba las debilidades del espíritu. De otro modo, con una fortaleza interior, de cuerpo y mente, continuarían vivos y seductores, la primera despertando amores imposibles y el segundo deslumbrándonos con su imagen inigualable de Rey del Rocanrol y sus canciones que se vuelven mexicanas hasta las cachas cuando canta “Guadalajara, Guadalajara… tu Tlaquepaque bonito…” De Elvis, el ídolo de Acapulco, me quedo con su agringada interpretación con mariachi y de Marilyn con su célebre y revelador brindis durante su visita a México.

En diciembre del año pasado, se difundió una información con un encabezado: “Suicidios se incrementan en navidad y año nuevo” y se apoya en las declaraciones de la psicóloga Silvia Díaz de León en el sentido de que los cambios de clima influyen en el estado de ánimo y lo vuelven depresivo. Por eso -recomienda- hay que estar pendientes de las personas decaídas y más de las que ya intentaron el suicidio, pues un 50% lo vuelve a tratar. Sin embargo, prever un estado de ánimo proclive al suicidio, es difícil si no es que totalmente imposible. No hay un reflejo detectable en ese sentido. Desgraciadamente, el que se inmola, logra, post mortem, lo que pretendía en vida: aceptación, comprensión, tolerancia, cercanía familiar, amor, afecto y un recuerdo. Es el que dedico a Marilyn y Elvis, emblemas de la cultura popular.

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