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Reflexiones Amorosas

JESÚS, MARÍA Y JOSÉ

POR: Antonio Fernández

Todo bien del alma tiene principio en la oración sencilla que se convierte en el saludable habito de iniciar las cosas de la vida en buen orden; La fe y confianza del cristiano católico está depositada en toda obra creada por Dios, ante sus necesidades espirituales y las temporales cree y encuentra en Él comprensión, entendimiento e infinita misericordia, abriendo su corazón al recibir de la oración suplicante y fervorosa como enseña Nuestro Señor Jesucristo; “Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; golpead y se os abrirá. Porque todo el que pide obtiene; y el que busca encuentra; y el que golpea, se le abre”. Con palabras sencillas Cristo Jesús explica la promesa que a la mente humana es imposible comprender, porque está acostumbrada a creer que existe lo que ve, por ello no acude a la oración se vive inquieto porque ha olvidado como confortar su alma ante Dios su Creador, a pesar de ello el Señor pide hacer oración dando la formula a seguir que expone una y otra vez en su peregrinación por el mundo, pues la oración es de palabra y de obra, pero si la fe es nula lo que se pida en “esa oración” a nada conduce y no será escuchada debido a la frialdad, apatía e indiferencia que muestra en su interior quien con poco interés cree que haciéndola a la ligera o exigiéndola obtendrá lo que pide, debido a esta actitud ahí quedará su mala o débil intención, porque en el fondo de su corazón es nada o mínima la fe y confianza en el Señor y Dios Nuestro. Lo anterior es una realidad en este siglo XXI. La naturaleza del ser humano creado por Dios es en él y por Él, poseedor de virtudes que definen las potencias del alma, (memoria, entendimiento y voluntad) por las que se tiene condición de aplicar en todo momento de la vida terrena al poder discernir lo bueno de lo malo, puede quien quiera adherirse a una u otra, su naturaleza que es dada por Dios lo une al primero y rehúye al segundo está virtud no vendrá jamás del Señor, ¿Porque esa inclinación humana de primero ir al bien y no al mal? Sencillo, Dios ha creado al ser humano para ser bueno como Él, dio todos los medios para mantenerse cerca de Él que es la verdad, pero el libre albedrio siendo un bien que equilibra en la persona la conducta para perdurar en el bien, pero el atractivo de la perturbación seduce convirtiendo la persona este bien en el juego del bimbalete donde siempre lo más pesado levanta y lo liviano corre el riesgo de caer sino está asegurado, por ello, cada persona por sí misma al definirse hacer y realizar el bien acumulara tesoros en el cielo, es desechar el mal para que no cargue peso, ¿Qué es fácil, mantenerse o fácil caer, fácil, creer, como fácil será no creer? Lo importante es saber de qué se carece para nutrirse de ello que es la fe en Cristo Nuestro Señor que se ha ido perdiendo en una inmensa mayoría por no encontrar como nutrirse de ella; “Los Apóstoles dijeron al Señor: Añádenos la fe. Y el Señor dijo: Si tuvieras alguna fe, aunque fuera más grande que un grano de mostaza, diríais a ese sicomoro, desgárrate y plántate en el mar” y él obedecería” Recapacitaron no era posible porque a ese instante no creyeron en la palabra de Jesucristo Nuestro Señor y dudaron, piden al Señor “Añádenos la fe” como si tuvieran algo de ella, no reconociendo que nada tienen.

Mostrando está realidad que en ellos fue y lo es en infinidad de personas que dicen tener fe, San Agustín ilustra; “La primera cosa útil para ellos era la ciencia, esto es, conocer de qué estaban escasos; la gran felicidad, saber a quién lo pedían. Señor, le dicen auméntanos la fe. Ved si no llevaban sus corazones como a la fuente y llamaban para que se les abriera5 y los llenara. Quiso que se llamase a su puerta, no para rechazar a quienes lo hicieran, sino para ejercitar a los deseosos” El estado de gracia fortalece en Cristo Nuestro Señor por la fe, al ser carente de esta condición el alma será sacudida por el remordimiento. La fe en Cristo Nuestro Señor no es querer o no querer, es querer porque siendo nuestro Creador toda alma está obligada por su condición de hijo creado por Dios corresponder con amor al amor por el que Dios lo trajo con bienes al mundo a cumplir su mandamiento, palabra y Evangelio, bueno será aprender de tantas almas que en todo siglo le ubicaron en el centro de su vida,

significo que Dios fue y es el centro de sus actos, valoran en Él su camino a la salvación de su alma, lo contrario es vivir una vida en caída libre al precipicio sin llevar paracaídas porque lo olvido al lanzarse, ¿Qué salvación tendrá? Ninguna. Cristo Nuestro Señor vino al mundo a cumplir la misión dispuesta por Dios su Padre, redimir las almas del pecado y lo hizo, peri sí las almas que vino a redimir lo rechazan es una decisión de mala consecuencia, sabiendo todo hijo creado por Él que la oración encausa hacia Él, quien la esquiva justificando mentiras para no hacerla, prefiriendo unirse a las cosas frívolas del mundo deja su alma sin el alimento que la fortalece.

Punto trascendente es ubicarnos en la necesidad de la oración el Obispo de Hipona define; “La oración es un don de Dios” Y como tal, ¿Que habremos de hacer para arraigarla en el alma y corazón? Abrirlo y acogerse a que la oración sea cada vez más profunda y comprendida, desmenuzar el amor a Dios en conversación profunda, rezando y meditando el contenido de las oraciones que Cristo Nuestro Señor enseño, y quien diga que eso es imposible le recomiendo se vea en el espejo, pues cuantas veces se reza y se pierde en cosas hasta pecaminosas, por no disponerse a meditar lo que se reza. Continuando, es elevar el pensamiento a la conversación que alimenta el alma y el espíritu, porque la oración personal es el encuentro que da paz y tranquilidad, anima y dispone el alma con Dios su Creador, la oración es el grito fuerte del corazón que va al corazón de Dios. ¿Y porque la necesidad de la oración? Porque sin ella nadie obra bien, al carecer de la gracia santificante, por lo que es reconocer de San Agustín la enseñanza; “Lo que el hombre (todo ser humano) obra mal es propio de él; lo que obra bien, lo obra por la gracia de Dios” Y la gracia de Dios se obtiene por la oración y de ahí como cascada vendrán los bienes del alma. La razón de lo anterior es porque la oración de María y José forjo su corazón a Dios, desde su niñez encontraron en ella la luz que en su interior fue intensa cada día, ello se refleja en la humildad y obediencia en lo que de Dios Nuestro Señor vino a ellos, fue la oración la que fortaleció su alma ante las adversidades que vivieron desde la Anunciación, la visitación, el regreso de María a Nazaret, la posada negada al nacimiento del Niño Jesús, la carencia de medios en el establo de Belén, la circuncisión, el bautismo, en María y José la oración fortaleció la fe y todas las adversidades que conocemos por las Sagradas Escrituras, lo superaron por la fe y confianza en Dios. Cuanto bien seria en estos tiempos en que las familias desunidas por tanta influencia de las cosas del mundo, del desprecio a los valores del alma, al respeto familiar y de los órdenes de la vida, como todo lo que conocemos de problemática ilógica que existe en nuestras familias, todo lo es aprender de la Sagrada Familia donde la unión, comprensión, entendimiento y armonía en torno a Dios vivieron, fue la oración la semilla sembrada en María y José con la presencia del Niño Jesús los evangelizo que consolidaron por su Hijo el Amado, forjan la familia en un baluarte de fe y confianza en Dios. Trasciende la fe viva de la oración el deseo de salvación grabado en el alma y corazón del cristiano católico; “Jesús José y María, os doy mi corazón y el alma mía”, iniciar el día, al terminar antes del descanso de la noche; “Jesús José y María asistidme en mí última agonía”.

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