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Reflexiones Amorosas

SIN CRISTO NADA ES EL MUNDO

POR: Antonio Fernández

” Las lluvias cayeron, los torrentes vinieron, los vientos soplaron y se arrojaron contra aquella casa, pero ella no cayó, porque estaba fundada sobre la roca” (Mt 7, 25)

Jesús dijo; “El espíritu vivifica; la carne de nada aprovecha. Las palabras que yo os he hablado son Espíritu y son vida “Jesús va a mostrar a toda alma que lo desee, en este hecho portentoso de su obra, que en su sola palabra esta el poder de salvación, quien la guarda en el corazón esta constituida en esperanza de que sin Cristo nada es el mundo y el hombre. Reza el evangelista:…”Cuando subió después a la barca, sus discípulos lo acompañaron”…Va el Señor en la barca de Pedro, la inmensa multitud lo sigue a todas partes, e improvisa un viaje sin bastimento, ni equipaje. Muestra a la vista de los discípulos un cansancio, y todos entienden que el trabajo de su Maestro ha sido bastante, ha llevado el peso de todo sin descanso. Jesús como Dios no duerme, ni tiene cansancio, ha preparado la enseñanza a sus discípulos. Sube Jesús a la Barca, los discípulos también lo hacen, pero en forma no apropiada ante la gente que siguiendo a Jesús se quedan en la orilla. Sobre ello dice San Juan Crisóstomo; “Los discípulos siguieron a Jesús para hacer con Él la travesía del lago. Quiso Jesús vivieran el peligro de la muerte para que no se amedrentaran en los peligros. Dispone atravesar el lago y toma en la barca el lugar apropiado para descansar y duerme. Dice el Evangelista;” Y de pronto el mar se puso muy agitado, al punto que las olas llegaban a cubrir la barca: Él, en tanto, dormía” Permitió Jesús que la barca estuviera a punto de hundirse, para enseñarlos a no dejarse exaltar por la distinción de llevarlos con Él y dejar a los demás. Observemos que cuando se trata de milagros, predicaciones y obras de misericordia, lo hace teniendo presente a las multitudes que lo siguen; pero cuando se refiere a tribulaciones, temores, agobios y amarguras, quiere tener presente a sus discípulos, pues de la misma forma lo hace con cada cristiano, cuando este vive las encrucijadas de la vida, por eso debemos estar siempre preparados a toda situación que se presente, y entender que el Señor esta en su libertad de probar a las almas en todo lo que el desea, y en ellas esta depositar fe y confianza en su divina voluntad, y no en las aptitudes personales.

La tempestad no fue producto de la naturaleza, con acierto dice Orígenes; “Sino que la suscitó el poder de Dios, que saca los vientos de sus tesoros; “El incrédulo dirá: ¿Por qué Jesús ha puesto en peligro tantas almas, siendo Dios no puede hacerlo? Pero la fe nos lleva a la comprensión, cuando analizamos los actos de nuestra vida, y hemos visto como fue la problemática que vivió los peligros, las penas y dolores, dimos gracias a Dios por las consecuencias favorables que concedió, aprendemos del Salmo del Rey David; ”Hace soplar el viento y discurren las aguas” Así decimos sobre el aparente hundimiento de la barca de Pedro con el Señor a bordo y todo el colegio apostólico: Hizo Dios una tempestad para hacer una gran obra, aprendamos que en el proceder de Dios están grandes males, de donde se obtendrán iguales o mas y mejores remedios, Dice San Agustín; “Ha preferido Dios sacar bienes de los males a que no hubiese males en el mundo”.

Un mar agitado con olas que al levantarse jalaban la barca al fondo, sacudidas de un lado al otro que elevan la barca y luego la dejan caer, los discípulos avezados marinos no pueden controlarla a pesar de su experiencia, pero esta es diferente, pues la tempestad se vino en un instante, y no pueden resolver como sacarla de ese vorágine de olas, cuando su poca fe obra en ellos, invadidos de temor acuden agitados a su Divino Maestro, que siempre les resuelve sus problemas, dice el evangelista; ”Acercáronse y lo despertaron diciendo: Señor, sálvanos, que nos perdemos” Jesús no está dormido, obro de esta forma para llevar a sus discípulos al pánico, al pavor y el temor a perder la vida, si en la tempestad hubiéramos sido despiertos, no habrían padecido el temor, y en sus adentros dirían “el

Señor lo resolverá” No abrían orado como lo hizo Pedro, pues las palabras; ”Señor sálvanos que nos perdemos” Es la oración más sublime de clamor y socorro ante las situaciones difíciles de la vida, que muchos, sino igual la han expresado al Señor y de ese peligro han salido airosos, por otra parte, los discípulos dirían al Señor: con un milagro libra y somete a la tempestad, pero no ocurrió así, su fe es poca, no entienden que están a salvo con Jesús, pero fueron limpios al pedir con clamor y clemencia. Recapacitemos, cuando por nuestra conducta de pecadores, nos alejamos del Señor, sino reaccionamos volver a su redil, se va haciendo mas rápido el alejamiento, hasta que el corazón queda oscurecido, a todo esto que nos sucede, el Señor espera nuestra reacción como fue en Pedro, es cuando valoramos nuestra miseria de haber perdido la gracia de Jesús, es cuando con dolor y pena entendemos que sin Cristo nada es el mundo y el hombre, es cuando hacemos una evaluación del antes y del ahora; antes el alma tranquila elevada al Señor vence los obstáculos de la vida; en el ahora, el pecado es dolor, pena, tristeza y todos los males, por eso es recapacitar; el demonio tienta para perder, prevalezca el propósito de elevar el alma sobre sí misma e igual que Pedro, llamar a Jesús solicitando tienda su divina mano y nos saque a flote del mar de amarguras, Él con gozo nos pondrá sobre sus hombros, ha recuperado la oveja que estaba perdida.

” Él les dijo: ¿Por qué tenéis miedo, desconfiados? Entonces se levantó e increpó a los vientos y al mar, y se hizo una calma” Debió ser una mirada fuerte y profunda, Dios ha hablado al hombre de poca fe, quien, desconfiado, no cree, es turbado e irresoluto, vacilante y desconfiado. Jesús reclama esa falta de fe, si el mundo escuchará el reclamo de la fe perdida de ese siglo, angustiado se daría el mundo golpes de pecho, como cuando hay terremotos, la gente se hinca, clama a Dios perdón y clemencia, llora, se arrepiente, pero pasado el cataclismo, todos vuelve a lo mismo y hasta con mas furor, así es la miseria humana, habrá almas que ante las desavenencias de la naturaleza, ven la mano del Señor como prueba antes de las consecuencias, superando las crisis de su vida. No hay que tener miedo a las encrucijadas de la vida, a lo que hay que tener miedo es a la falta de fe y confianza en Jesús, después vendrá la tranquilidad. Y entender que quien es grande haga cosas grandes , pues si Jesús quiso exaltar la tempestad y esta sacudió la barca hasta el punto de hundirse, no se hundió; por ello, al levantarse Jesús increpa a los vientos y al mar, en el acto todo fue como si nunca hubiera pasado nada, la naturaleza ha obedecido a su Creador, aprendamos en la vida; todo cataclismo viene de la mano del Señor, y quien deposita su fe y confianza en Él, suya es la victoria.

” Y los hombres se maravillaron y decían: ¿Quién es Éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?” Ahora entendamos que esa pequeña barca representa a Nuestra Santa Madre Iglesia, las olas y el viento, las tribulaciones que al mundo han causado sus habitantes, instigados por el demonio que como espíritu del mal, se emplea a fondo por hundir no solo la Iglesia, sino las naciones, las sociedades, las familias, las almas. Hunde una por aquí otra por halla y evalúa el poder que cree va adquiriendo. ¿Y decimos donde esta el Señor? El esta en todas partes y frente a cada alma, en la Iglesia esta en silencio en la Eucaristía, no habla, pero inspira el alma que acude a Él.

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