Reflexiones Amorosas

0
280

UNO SOLO ES DIOS, UNA SOLA FE

POR: Antonio Fernández

La muchedumbre admirada de su doctrina, pero de ahí no pasaron, se comentó y corrió entre la gente del sanedrín lo ocurrido, vino la ofensiva de sus adversarios, Jesucristo Nuestro Señor espero para definir su naturaleza divina. La consigna del sanedrín es hostigar y murmurar contra el divino Maestro cuando imparte su enseñanza, a hurtadillas corren el rumor entre la gente de ser mentira y exageración lo que escuchan, así sucede este donde este, por eso cuando conocieron que los saduceos una secta de la aristocracia judía opuesta a la de los fariseos fueron vencidos, se unieron y formaron un solo frente contra Jesús de Nazareth, los primeros perdieron al no tener que contestar de su confabulación sobre la resurrección, el Señor dio el adoctrinamiento para que reconociendo su error admitieran su divinidad al dejar manifestada con mayor supremacía ser el Hijo de Dios hecho hombre. Sin esperar a más se reúnen los adversarios del Señor en un conciliábulo planean otra cuestión doctrinal que consideraron importante, misma que resolvió el Señor con la sabiduría de siempre.

Expone el Evangelista; “Mas los fariseos, al oír que había tapado la boca a los saduceos, vinieron a reunirse junto a Él, y uno de ellos, doctor de la Ley, le propuso esta cuestión para tentarlo” La fe en el Señor es luz viva que ilumina el alma, pero quien carece de fe vive en la oscuridad, sus adversarios eran gente sin fe movidos por el instinto de conservación temen que el Señor logre mayor prestigio, y respeto en el pueblo le reconozca como su Mesías, por ello apresuran a desprestigiar no a una persona común, sino a Dios que está en su presencia, pero la falta de fe los tiene cegados. Seguramente el doctor de la Ley era el de más conocimiento que decidido se acerca irónico al Señor, alaba al divino Maestro para quedar bien y le extiende según el doctor la pregunta tentadora, al analizar el hecho no se entiende la razón de la pregunta que hacen, no valoran que la hacen a Dios hecho hombre, no vieron más allá de sus pupilas, con el propósito de que quede en desprestigio, lanzan a oídos de la muchedumbre la pregunta engañosa que reúne todas estas y más artificios, dándose de experto en la Ley pregunta: -“Maestro, ¿Cuál es el primer mandamiento de la Ley?” ¿Comprenderán lo que van escuchar? ¿Qué esperan oír? ¿Y qué harán a consecuencia de esta pregunta? ¿Creer? Dice el dicho, “El tiro les salió por la culata” Se había establecido una serie complicada de reglas para determinar el nivel grave o leve, mayor o menor de sus preceptos, no era fácil dar una respuesta como la hecha al Señor quien da una afirmación clara, sencilla y entendida; “Respondió Él: -Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente”. ¿Cómo sería en ellos y la muchedumbre su estado de ánimo al escuchar a Nuestro Señor dar a conocer el primer mandamiento de la Ley de Dios? Su voz sonora, fuerte, clara, motivante y específica, sin lugar a dudas el doctor de la Ley y demás seguidores vibraría en el corazón su palabra que les conmovió, elevó el alma y avivó la fe en quienes de corazón escuchan el mandato de Dios, y confusión en los incrédulos. La respuesta de nuestro Salvador es el principal mandamiento que podemos convertir en divisa de salvación si nuestro deseo es; “Amar al

Señor tu Dios de todo tu corazón” la condición del mandamiento sube a estar en condiciones de amarle de corazón, con él alma y él espíritu, ha dicho el Señor;” Buscad, pues, primero el reino de Dios y su justicia, y todo se os dará por añadidura” Aquí la solemne promesa de Jesucristo Nuestro Señor. “Este es el mayor y primer mandamiento. El segundo le es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” Legisla el Señor, ambos son amores que aspiran al punto de salvación, debemos amar a Dios con el mismo afecto, pues esa misma razón de semejanza es para los que venimos y vivimos en el mundo somos de Dios.

“De estos dos mandamientos pende toda la Ley y los Profetas” Bueno y bien es reflexionar en las palabras de Jesucristo Nuestro Señor, desde su nacimiento, vida pública, pasión, crucifixión y muerte fue padecer, sufrir con abnegación y humildad.

Prometió a los seres humanos la divinidad, a los mortales la inmortalidad, a pecadores la justificación, a los viles la glorificación, y todo lo que prometió a los indignos para que no se prometiese como galardón a las obras, sino que se diese gratuitamente, como gracia en nombre suyo. Vivir con rectitud, en cuanto el ser humano puede vivir en justicia, no se debe a mérito propio, sino a beneficio divino”.

hefelira@yahoo.com.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here