Reflexiones Amorosas

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LÁGRIMAS DE CRISTO CONVERTIDAS EN SANTA CÓLERA.

POR: Antonio Fernández

“Y les dijo: Está escrito. “Mi casa será una casa de oración” y vosotros la habéis hecho una cueva de ladrones” (Lc 19, 4)

¿Cuándo crees que será en ti la hora de Dios? ¿Qué te respondes? Se hace un nudo en la garganta y en la memoria un vacío que no acierta palabra que articule respuesta. La hora de Dios creador de todo lo que existe no tiene hora, es Él en cada alma y momento su obrar, dispone los momentos de todo lo creado, ve lo que no vemos y obra su infinita sabiduría a lo que desea, por lo que de nuestra parte pedimos al rezar el Padre Nuestro; “Hágase Señor tu voluntad” significa aprovechar cada latido del corazón en bien de la llegada de esa hora que se haga en nosotros su santísima voluntad. Para bien del cristiano católico, en la misericordia de Dios está la compasión del Padre amoroso, está la comprensión para entender las angustias, y está su ternura íntima y afectuosa por las almas, su bondad inclinada en hacer y dar el bien fortalece en el alma la esperanza de hacer propios los bienes prometidos, confianza que conforta y evita hundirse en la vorágine del mundo, ello será posible conservando la fe en Cristo Nuestro Señor discernir con voluntad entre el bien y el mal, siendo del primero determinarse así mismo ir por la salvación del alma, es cuando se logrará poder escuchar para aplicar en la vida terrena su divina palabra de donde se reciban los bienes prometidos por Dios. Comprendamos, su Santísimo Hijo hablo a sus Padres y discípulos escucharon y creyeron en Él, el pueblo de Israel y el mundo a través del tiempo también lo escucho como si no lo escuchará, negándose a verlo por sí mismo se cegó, por ello son pocos o casi nadie quienes a pesar de esa dureza de corazón se han arrepentido, pero el Señor jamás cesa de hablar al corazón, a pesar de que no se quiera escuchar se escucha, aunque porque no quieren hacerlo prefiriendo seguir alejados de su Creador t no existe disposición a reconocerlo la obsesión continua rechazándolo, si en el tiempo del Señor el pueblo escogido escucho al Señor fue sin guardar su palabra en el corazón, hoy es igual, la inmensa mayoría no valora que el verdadero sentido de salvación está en escuchar y practicar su palabra, doctrina y cumplir el mandamiento “Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, con toda tu alma, y con todo tu espíritu” y “Amarás a tu prójimo cómo a ti mismo” ello infundirá en el alma y corazón armonía, paz y tranquilidad, reconocer que su mandamiento fue para el pueblo que Cristo Nuestro Señor vino a salvar del pecado, si este lo hubiera cumplido, las cosas hoy habrían sido diferentes en el mundo, pero siguió el camino contrario y la consecuencia de rechazar al Hijo de Dios produjo en Israel lamentable dolor y amargura por su propia negligencia, hoy vivimos una cultura en decadencia. Dios Nuestro Señor revela a los siglos por el Evangelista San Juan el eminente y excelso de los misterios, inaccesible a la inteligencia humana, pero que el entendimiento da la razón a que debe ser objeto de fe y creer; “El vino a lo suyo, y los suyos no lo recibieron” ¿Y qué es lo suyo? San Mateo revela solemnemente; “Porque el Hijo del hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido” ¿Y qué es lo que está perdido? La salvación del alma. San Pablo exhorta discernir la trascendente venida del Hijo de Dios al mundo, valoremos lo que fue desprenderse Nuestro Padre Dios de su Hijo y enviarlo a cumplir en el mundo la misión salvadora, ello implica al cristiano católico reflexionar el adoctrinamiento impartido por el Apóstol; “Fiel es está palabra y digna de ser recibida de todos; que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores de los cuales el primero soy yo” Con ello entendemos aunque moleste reconocer que todos en este mundo somos unos miserables pecadores porque pecamos contra Dios Nuestro Padre, lo que ya sería justo reconocerse pecador, eso será un logro surgido del bendito arrepentimiento, pero triste es aceptar que en muchos la soberbia maligna persiste encender y excitar a la rebeldía quedando el pecador atascado en el lodo de sus pecados, sin percibir que sus actos agravan su alma y son causa que las lágrimas de Cristo Nuestro Señor se conviertan en santa colera por no escuchar en tiempo de vida lo que San Lucas refiere de la presencia del Hijo Amado del Padre; “Vino el Hijo del hombre a buscar y a salvar lo perdido” El pueblo de Israel escucho con toda claridad su palabra, pero su soberbia maligna hizo que nada de ello escuchara

y no escucho, por el contrario fue contra Él creyeron que con burlas hirientes y su escarnio ofensivo y humillante iba herir y ofender al Jesucristo Nuestro Señor.

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