Reflexiones Amorosas

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NADIE AMA COMO DIOS

POR: Antonio Fernández

“Sí, pues, estás presentando tu ofrenda sobre el altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo que reprocharte” (Mt 5 23)

Explica San Pablo el fundamento del amor de Dios; “Ni puede ver el ojo, ni oír el oído, ni comprender el corazón del hombre lo que Dios tiene preparado para los que le aman” Muchas personas carentes de fe y de la gracia, su inteligencia no abarca el conocimiento a la obra de Jesucristo Nuestro Señor, que el evangelista da a conocer sobre la existencia del amor de Dios, este cuando es percibido por el alma en su interior es debido a la fe y la gracia se esfuerza espiritualmente hasta sentir que ha hecho propio el amor de Dios, persevera en él y lo conserva, verdad que debiera ser entendida, comprendida y retenida en todo hijo de Dios: nadie ama como Dios ama, ¿A quién ama? A todas las almas sin excepción, el amor de Dios no es como el sentimiento intenso entre los seres humanos, que parte de una necesidad de cual se carece, se busca el encuentro y unión con otro ser para sentirse seguro, de donde nace el sentimiento cordial, sensible y cálido que rodea las nobles aspiraciones entre las personas; el amor de Dios, este es diferente, en primer término surge de su corazón, porque Dios es creador de toda creatura que existe en el mundo y el universo, jamás destruirá lo que ha creado pues lo ha creado con amor, celo y esmero para bien de las almas que es la salvación eterna, además de ello conlleva un ramillete que no se mueve sino por el bien de las almas y estas deben obtenerlos. Dios Nuestro Señor deposita tantos bienes como sea posible para que el pecador los aplique en el obrar diario, y se encuentre en Cristo Nuestro Señor; “El camino y la verdad y la vida” El bien del alma no es exclusivo para unos pocos, el recibirlos es para todos, pero que todos escuchen el llamado es el gran problema, reza el evangelio; “Porque muchos son llamados, más pocos escogidos” El llamado es sin exceptuar a nadie, pero que esos todos atiendan el llamado de Dios son pocos, así es como así mismas las personas se excluyéndose a voluntad se alejan de la palabra del Señor de acuerdo a la forma de vida que llevan, pero luchar por acercarse y no perder lugar pasa a ser de los pocos.

De nuestra parte es imitar a Jesucristo Nuestro Señor manteniendo en nuestro ser el nivel de compasión, de amor fraterno y de misericordia que tenemos depositados en el corazón al prójimo, disponerse reconocer que Dios Nuestro Señor comparte los bienes espirituales y temporales con cada persona, y de ellos somos responsables ante Él de lo bien o mal que sean aplicados, deduciendo que en su mandamiento legisla y da la sentencia en lo que es un acto de su misericordia y de su justicia, por ello dictamina la gravedad que da a saber: no se debe atentar contra la vida de nuestros hermanos, sino también de toda falta de palabra, obra y pensamiento contra el prójimo. Dios Nuestro Señor deposita los bienes del alma y conforme las circunstancias de la vida, esto es, cuando en la edad y la madurez, la conciencia reacciona cuando saltan en el corazón los males y los bienes, ya que nuestra vida no sigue una férrea dirección, sino que la naturaleza humana cambia, modifica y transforma, limita y altera obras y actos en el sentido de la santidad o inclinación a lo no debido, de acuerdo a ello el bien corrige y la gracia conserva, por eso es meditar la razón que ilustra el Santo Cura de Ars: “Si el Señor nos revelara de golpe toda nuestra miseria, moriríamos” Por ello es gradual la enseñanza de su doctrina y mandamientos, es como el niño cuando en su cumpleaños sus padres le llevan un pastel, al verlo el gusto de saborearlo crece y más porque es suyo, quisiera comerlo en un instante, si esto fuera y se dejará que el niño se lo comiera, es posible que lo probaría pero después lo dejaría perdiéndose todo el pastel, pero si sus padres cortan una rebanada y se la come, pide otra y se la dan, puede decir quede bien, gracias. Bueno sirva este ejemplo para valorar la ilustración que sobre nuestras miserias habla el santo Cura de Ars, y vayamos a encontrar en la enseñanza de Jesucristo Nuestro Señor reconocer: nadie ama como Dios ama, por lo que en el quinto mandamiento manifiesta nuestro deber para con el prójimo es volver bien por mal y ser en todo tiempo obradores de paz, así nuestra relación con Dios Nuestro Señor será ordenada la conducta para con el prójimo.

En el Sermón de la Montaña Jesucristo Nuestro Señor dio a conocer que vino a perfeccionar la Ley Antigua y dijo: “Yo no he venido para abolir, sino para dar cumplimiento” Y precisamente a está perfección dio un capítulo aparte que invita a una seria meditación sobre el quinto mandamiento: “No matarás” El cual abarca tantas actitudes humanas malogradas de poner en humillación con toda clase de ofensas, amenazas y males al prójimo al que se busca someter a voluntad o nulificar su existencia. En este siglo más que en los pasados se ha desatado una encarniza y fiereza crueldad contra el prójimo, cuya única solución es arrebatarle la vida cobrando con ella deudas, malos entendidos e intrigas, odios, venganzas, celos y más, creyendo que despojándole de su existencia terrena están solucionados sus “negocios” es mantener sobre el prójimo la prepotencia surgida del poder económico o político, crimen y extorciones. La enseñanza de Cristo Nuestro Señor es llevarla a la práctica de la vida diaria de la que San Pedro instruye; “Quien quiere amar la vida y ver días felices, aparte su lengua del mal y sus labios de palabras engañosas” De donde habremos de valorar que buscar la paz con empeño y tenacidad no es deseo ni anhelo de la gente mala, ociosa, perversa o egoísta, sino de sabios, que en el Libro de los Proverbios como tratado de la felicidad entrega los más altos y sencillos pero contundentes secretos de la sabiduría, reza; “La senda de los justos es como la luz de la mañana, su resplandor crece hasta ser pleno día. El camino de los malos, en cambio, es como tinieblas, no saben en qué van a tropezar. (Y tomando como conclusión a esta ilustración) Ante toda cosa guardada guarda tu corazón, porque de él mana la vida” Y quien es la sabiduría increada surgen esta palabra de Jesucristo Nuestro Señor. La palabra de Dios reza; No matarás” y el mundo dice lo contrario: ¡Matar! Es la contradicción del mal contra el bien, lo malo contra lo bueno, la incitación del diablo contra la palabra de Dios, los primeros vencerán en las cosas del mundo, pero los segundos prevalecerán en la justicia del Señor. El acto del pecado es contrario a lo que la naturaleza humana en realidad necesita para perdonar con generosidad en su perfección y felicidad.

hefelira@yahoo.com

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