Reflexiones Amorosas

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A LA OFENSA LA PENITENCIA ES PERDÓN

POR: Antonio Fernández

…” Deja allí tu ofrenda delante del altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda “… (Mt. 5, 24)

Enseña la Cátedra nuestro Divino Maestro; …” Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian; bendecid a los que os maldicen, rogad por los que os calumnian “… Al instante salta el impulso malo, ¿Cómo he de hacer el bien al que me abomina? ¿Cómo he de bendecir al que blasfema contra mí? ¿Cómo he de rogar por aquel que me incrimina falsedades? El cristiano católico comprende, que en las palabras de Jesús Hijo de Dios, está dar y entregar el amor al enemigo, apreciemos esto aceptando de verdad renunciar a la venganza, al desquite o la represalia, pensando en el acto eficaz del perdón, comprensión y tolerancia por amor a Dios y al prójimo, que redundará en la salvación del alma, algo muy difícil de comprender en este y pasados siglos, que el primer deber del cristiano católico para con sus hermanos es perdonarlos por amor a Dios, ya que Él así lo pide; profundizando en ello, darse una oportunidad a recapacitar en el bien al prójimo, surgirá la pregunta; ¿En las ocasiones en que te han ofendido, injuriado, maldecido o ultrajado, insultado o mentido, denigrado, despreciado burlado del hermano con otras personas: has perdonado? De haberlo hecho, has sido causa del agradado a Dios por tu humilde proceder, has sido causa de gozo en el Señor, puesto que has convertido en realidad su promesa, cuando dijo en su agonía; …” Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” … Has justificado ante Dios la conducta de quien te ha agraviado y maltratado, atesorado bienes de salvación, cuyo valor es incalculable, pero sino has perdonado y has encendido en tu corazón la excitación de la ira, del deseo de venganza, del rencor y el resentimiento que se arraiga en el corazón, el odio a una creciente hostilidad y repugnancia al menospreciar la dignidad buena o mala del prójimo, todo ello conduce quiérase o no a la venganza contra el hermano, intrigar para que pierda su trabajo, sus bienes o desintegrar la familia, agredirle físicamente o causar la muerte, a esto y mas puede llevar al rencoroso, el asunto no termina con la maquinación del perverso al realizar el desquite, sino que el agresor ya no tendrá tranquilidad, ni paz en su alma, solo hasta que se arrepienta sinceramente, menos vivir en concordia con los demás, porque se siente acechado, y endurecido su corazón, se burla de la compasión y misericordia del mandamiento; …”Amarás a Dios y al prójimo como a ti mismo” …Para ese perverso es una nada, envuelto en el resentimiento encuentra satisfacción, solo en vengarse no razona, alerta se dispone pisotear al que sigue, lo hará continuamente porque ha hecho de ello un mal habitó, arraigando en su interior la venganza latente. Por lo anterior, queda en el cristiano católico confiar con fe firme en la enseñanza de San Pablo recibida de su divino Maestro; …” No os venguéis por vuestra cuenta, amados míos, sino dad lugar a la ira, (de Dios) puesto que está escrito: Mía es la venganza: Yo haré justicia, dice el Señor “…
En alguna ocasión una incrédula en tono de duda, decía, quisiera conocer de todos esos que dicen son los mártires del cristianismo, se le dijo, son miles de mártires los que fueron la cimiente de donde surgieron millares de nuevos cristianos católicos. Nuestra Santa Madre Iglesia sufrió persecuciones casi al punto de su exterminio, en forma intensa y persistente, no solo por el Imperio Romano, sino por las naciones paganas donde los Apóstoles predicaron, la buena nueva del reino de los cielos en naciones adoradores de ídolos que tenían como dioses, inspirados por el demonio, a pesar del poder y maldad del infierno Nuestra Santa madre Iglesia se ha mantenido incólume, y se mantendrá porque la promesa de Cristo Nuestro Señor es indiscutible, refiriéndose a este peligro dijo; …”Las fuerzas del abismo no prevalecerán contra ella “… La persecuciones constantes contra los primeros cristianos, duro aproximadamente tres siglos, deteniéndose la persecución cuando el Emperador Constantino se convirtió al cristianismo, aunque en pleno siglo y los pasados continua la persecución contra la Iglesia; de entre esos mártires se tomó uno que da a conocer la fuerza de fe, confianza y entrega por amor a Dios de esas almas en circunstancias donde el odio y desprecio era ley contra los primeros cristianos, también vemos que el valor de la vida no existía, ni para ellos ni para la gente de ese tiempo, con facilidad y atrocidad se arrebata la vida, y sin remordimiento de conciencia, vamos a lo que sigue. La biografía de San Zosino, Mártir; …” Era soldado romano, y estaba en Sozopoli de Pisidia en tiempo del emperador Trajano, cuando un día que había oído celebrar y enaltecer, mucho los dogmas de la religión cristiana, dejo las armas y se fue en dirección a una iglesia para hacerse bautizar. Al llegar cerca de la puerta fue descubierto por unos compañeros, que lo prendieron y llevaron al presidente Domiciano. Confeso a este su resolución, y desde luego fue condenado a los más atroces suplicios. Se le suspendió de una cruz y se le ahogaba entre tanto con humo apestado; lo extendieron luego sobre un lecho de fuego, del cual salió ileso, y le metieron en seguida dentro de una nevera. Al día siguiente volvieron a extenderlo sobre un lecho de ascuas, que al tocarlo el santo se trocaron en un fresco rocío, con cuyo milagro se convirtieron casi todos los circunstantes. Después le calzaron unos zapatos erizados de puntas de acero por la parte interior, y le obligaron a correr delante del presidente; y por fin, viendo que salía con vida de tantos tormentos, lo dividieron en cuatro partes, y así alcanzó la corona de la gloria en el año 110 “… No podía el poder romano perdonar que uno de sus soldados aceptara la doctrina de Cristo Nuestro Señor, por eso fue más cruel el castigo del alma que ya había ganado el premio de la gloria eterna, increíble dirán muchos, como resistir tanto castigo, es cierto, pero esta alma como otras fueron asistidas y fortalecidas por el Señor, salieron bien de tanto castigo, eso hizo atraer más almas a la verdad eterna como así fue. Es de conocer que al padecer estos mártires el injusto castigo que reciben, no había odio ni coraje contra el Emperador y los que le rodeaban, incluso contra los verdugos no lo había, sino la súplica a Dios de perdonarlos.
hefelira@yahoo.com

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