Reflexiones Amorosas

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EL CUERPO DE CRISTO

POR: Antonio Fernández 

”El que de Mí come la carne y de Mí bebe la sangre, en Mí permanecen y Yo en él “… (Jn. 6, 56)

El nombre dado al Sacramento de la Eucaristía, en razón a su excelsa santidad sobre los otros sacramentos, nos invita a una pregunta estimado lector (a) ¿Qué te significa para ti la Santísima Eucaristía? Me adelanto; De momento no encuentras respuesta pero divagas, no tienes la idea de lo que es, ni lo que significa, pero el impulso de la fe te incita a decir algo; quizá un estímulo te apasione y anime a dar una respuesta para que te digas, ¡he contestado! Pero te detienes porque no la tienes; dirás, en verdad nunca había pensado en ello; la nobleza del alma te hace reflexionar: soy cristiano católico, comulgo, asisto a exposición del Santísimo, me conmueve porque creo firmemente estar ante el cuerpo, sangre alma y divinidad de Cristo Nuestro Señor, pero en realidad deseo saber más. Bien, para todos es la caridad, misericordia y paciencia del Señor, no hay porque angustiarse, dolerse o molestar, pero bueno es el deseo de que, al no conocer, es disponerse a buscar el camino para entender, así fue el deseo en los discípulos de Jesús. Después de que expuso a la muchedumbre la parábola de la cizaña; …” Y los discípulos, cuando se acercaron a Él, le dijeron; explícanos la parábola de la cizaña del campo “…Buena razón cuando no se entiende, preguntar. El Señor paciente se las desmenuza, por eso es de sabios preguntar lo que se desconoce. Las palabras que inflaman el corazón por la fe en el Cuerpo de Cristo, son expresiones surgidas de lo profundo del alma al adorarlo en la custodia sobre el Altar, la repetición continua de este acto de fe, fervor y piedad son el alimento espiritual con que el alma y el corazón buscan más y más veces vivir este momento, deseo que fascina, seduce, y cautiva, arrebata y enamora con pasión cuando el alma vive el acercamiento a Dios en la Santísima Eucaristía, llena todo vacío, enciende el amor, vence todo el resquemor de las penas; alma y corazón se deleitan en la blancura esplendorosa del cuerpo de Cristo, siendo trascendente a la vista del Señor el gozo de los corazones amorosos, que en los hechos, es habito servirlo por las obras de caridad, de servir al prójimo, y sobre todo de las pruebas que Dios dispone en aquellos que bien conoce son almas suyas y devotas, sabiendo y conociendo lo presente y venidero en ellas, nos apercibe a conocer este testimonio de fe, que vamos a conocer, es una de las tantas demostraciones de fe que han existido y existirán en los siglos, solo que podrán dar testimonio las lamas de fe; …” Por el año 1870, en Europa, durante la guerra franco prusiana, se suscita en un poblado inesperado incendio, sea provocado o suscitado por un disparo de artillería, lo cierto que el incendio se inicio en la Iglesia. Los habitantes avisándose unos a otros, impresionados y alarmados, pálidos ven, el lugar donde está el incendio en su punto cruel, es Templo, y salta la preocupación en todos, viendo el templo incendiado por todas partes, están convencidos que no había remedio para salvar la construcción, solo de ver las lenguas de fuego que salían de las ventas amenazantes, hacían perder la disposición de apagar el fuego; resulta que el Sr. Cura no se encontraba en casa, ni en el poblado, surge en los habitantes reunidos la preocupación: dentro sobre el Altar, está en el sagrario encerrada la Santísima Eucaristía “… En medio de la congoja comienzan los fieles con la pregunta: …” ¿Quién va entrar en la Iglesia a recuperar el Santísimo Sacramento? En ausencia del Párroco, los ojos fueron sobre el Juez, este dijo: …” ¿Yo no puedo hacerlo? “… ¿Yo soy pobre un pecador, como he de recoger con mis manos la Sagrada Eucaristía, a Nuestro Señor Jesucristo, al divino Redentor? ¡No, no es posible! En el juez no era miedo a morir, sino a cometer lo que para él y los demás era un sacrilegio. La gente respeto su comentario y pensaban en un tercero, más en todos fue la misma respuesta; mientras esto se suscitaba, el incendio iba a más, la Iglesia rodeada por el fuego, el tiempo se perdía. Cuando más apurados estaban, al Juez le vino una idea salvadora y arriesgada; …” Escuchen todos, tengo un hijo de cuatro años, inocente, de alma angélica ¡Mí hijo va a salvar el Santísimo Sacramento! “… El Juez tomó en sus brazos al niño, y entra en el templo en incendio pleno, es por demás pensar el fuego abrazador y llameante, así llega ante el Altar y abre a viva fuerza el sagrario, y dijo: …”Hijito, mira; en este cáliz esta el buen Jesús: Cógelo bien, y el niño lo hizo” …Todo fue en pocos segundos, avanza a la salida de templo, escuchándose el rechinido de las vigas de madera ardiente que empiezan a caer, y entre las llamas y el humo, aparece el Juez en la puerta de la Iglesia con el cabello revuelto y su ropa chamuscada, teniendo el niño devotamente estrechado contra su pecho el Santísimo Sacramento. La Santísima Eucaristía estaba ya a salvo” … ¿Qué vemos en este hecho? Humildad, limpieza y caridad. hefelira@yahoo.com

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