¿Quién intimida a quién Sr. Presidente? (Lease:Quién hace Bullying a quién, EPN)

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POR: Jesús M. Moreno Mejía

Bullying en español: Acoso, intimidación, maltrato entre iguales, amenaza, matonismo.

En noviembre anterior, Enrique Peña Nieto se quejó pública y amargamente de que la Sociedad Civil le estaba haciendo “bullying” al sistema de gobierno que encabeza, especialmente al aparato de seguridad y a la procuración de justicia, desatando con ello una retahíla de comentarios adversos al presidente en todos los sectores del país.
“Nadie reconoce la tarea de los cuerpos de seguridad pública o de las Fuerzas Armadas…Lamentablemente se escuchan más las voces que vienen de la propia sociedad civil, que condena, que critica, que hace ‘bullying’ al trabajo que hacen las instituciones del Estado Mexicano”, afirmó EPN el lunes 13 de noviembre en el Foro Sumemos Causas por la Seguridad, en la Ciudad de México.
Poco después, en síntesis, la gente se pregunta: ¿Quién intimida a quién, señor presidente? Pues, considerando que el anglicismo “Bullying” traducido a nuestro idioma, el español (que es muy basto en acepciones), significa de igual manera: Acoso, intimidación, maltrato entre iguales, amenaza y matonismo.
Es público y notorio en la ciudadanía que la generalidad de las policías y los encargados de la procuración de justicia, no cumplen cabalmente con su cometido y en cambio practican la intimidación, el maltrato, la amenaza, el acoso y hasta el matonismo, que en este último caso significa: Conducta de quien quiere imponer su voluntad por la amenaza o el terror.
Y por extensión, la voz del pueblo pregunta al escuchar la queja de EPN: ¿Pues en qué país vive, señor presidente?
El periodista Jorge Ramos Ávalos señala con índice de fuego que “durante el gobierno de Peña Nieto el aparato de seguridad pública ha fracasado, al igual que la procuración de justicia, dados los resultados estadísticos en seguridad”.
Durante los primeros cinco años del actual mandatario han sido asesinadas 91,284 personas (según cifras oficiales, sin contar las desapariciones forzadas y los resultados negativos de la supuesta investigación de miles de casos de ésta última condición).
“Y este es el verdadero desastre: el gobierno de Peña Nieto –añade Jorge Ramos— está cerca de convertirse en el más sangriento de la historia del México contemporáneo. Más, incluso, que el gobierno de Felipe Calderón, cuando la guerra contra los narcos cobró 104,089 vidas. Este es un gravísimo fracaso como líder.”
Añade que existe otro problema grave, la impunidad, pues la mayoría de los crímenes quedan sin investigarse, sin juzgarse y por lo tanto sin sentencia para los culpables. México es el cuarto país del mundo con mayor impunidad, pues por delante están Filipinas, India y Camerún, según el Índice Global de la Universidad de las Américas.
Si agregamos que Enrique Peña Nieto es un presidente impopular, dadas las últimas encuestas realizadas sobre el particular, se supone que es la ciudadanía la que debería estar furiosa por la manera de gobernar del mandatario, pero como bien dice Jorge Ramos, “la gran ironía es que el enojado es el presidente”.
Lo que él califica como “bullying” no puede calificarse como malas voces, sino críticas fundadas, legítimas, por la impunidad, por las muertes y la corrupción que ha imperado durante el sexenio, y en cuanto al actuar de la policía, la más de las veces ha hecho mal su trabajo, e incluso en contra de la ciudadanía; y casi en forma nula contra los delincuentes.
Porque, cómo explicar tantos muertos, secuestros y feminicidios, sobre todo si se estima que en el país ocurrieron más de 24 millones de víctimas de algún delito durante 2016, según encuestas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, y lo anterior sin contar los números rojos de los cuatro años anteriores, que incluyen a los 43 desaparecidos “misteriosamente” en las inmediaciones de Ayotzinapa hace tres años; los 15 ejecutados por militares en Tlatlaya (de 22 que murieron en ese lugar en junio de 2014), y un largo etcétera.
Señalar lo anterior, más una larga lista de delitos cometidos en los estados por la mayoría de los gobernadores en turno, sin que el Poder Ejecutivo Federal se entere (o mejor, se “haga de la vista gorda” por estar, presumiblemente, en “el cochupo”), todo eso cuenta y no precisamente como EPN dice: “También cuenta, y cuenta bien”.
De todo lo anterior, amable lector, ¿usted qué opina?
P.D. Al terminar de redactar este artículo se recibe una terrible información en varios periódicos nacionales e internacionales: Crece la oleada de violencia en la República Mexicana en 2017. Se registran en el año 23,968 crímenes hasta el 30 de noviembre, y en este último el total de muertes violentas suman 2,764. Con la salvedad de que las cifras son variables en cada diario, pero todas rondando en los miles antes mencionados. Preferimos dar las cantidades consignadas en “El País” (periódico global), pues normalmente es en el extranjero donde se informa con mayor precisión lo acontecido en México.
¡Hasta la próxima!

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