Política Virtual

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LA INGRATITUD TRICOLOR

POR: Cuauhtémoc Torres González

Hablar o escribir de Don Carlos A. Herrera Araluce (qepd), es hacerlo refiriéndose a una persona íntegra, de profundos valores, de una fe y lealtad inquebrantable a “su” Partido Revolucionario Institucional –PRI- y de un desmedido amor por Gómez Palacio, la ciudad que a muy temprana edad lo adoptó.

Don Carlos, como todo mundo en vida lo conoció, nació el 24 de enero de 1936, en el pequeño municipio de Chilchota, Mich., hijo del matrimonio formado por Ernesto Herrera Zavala y María de la Luz Araluce.

Se sabe que fue a finales de esa década, cuando sus progenitores se vinieron a radicar a territorio gomezpalatino en busca de las mejores oportunidades que ofrecía una región en crecimiento y con amplias posibilidades de emprender negocios.

Al paso del tiempo, Don Carlos se involucró en las labores del autor de sus días, como introductor de ganado, especializándose en el manejo de vacas lecheras y en la producción de quesos, convirtiéndose rápidamente en uno de los principales promotores de la caprinocultura comarcana, a grado tal que en los inicios de los 60s ya compraba gran parte de la producción láctea regional, creando la empresa Chilchota, convertida ahora en una de las principales productoras de quesos en el país.

Después pasó a ser miembro de la Asociación Ganadera Local de Productores de Leche y de la Unión Ganadera Regional del Norte de Durango, desempeñándose de manera paralela como empresario hotelero y con prósperos negocios en diferentes entidades del territorio nacional.

Una vez que dominó este rubro, Don Carlos ingresó a la política al inicio de los 70s, ocupando primero el liderazgo de la Federación de Trabajadores de Trabajadores de Durango –CTM-, luego la presidencia del Comité Directivo Municipal del tricolor y después como presidente municipal, en el trienio 1974-77.

Tras de cumplir de manera digna con la encomienda constitucional, Don Carlos se convirtió en uno de los principales promotores del Parque Industrial Lagunero –PIL-, sector fabril al que hace poco tiempo se le impuso merecidamente su nombre.

Por segunda ocasión, de 1998 al 2001, fue de nueva cuenta alcalde gomezpalatino, siempre como abanderado priísta y del

que presumía que nunca dejaría con la frase “yo ni en la cama me volteo”.

Posteriormente ganó el proceso electoral para convertirse en el diputado federal por el Distrito 02, del 2003 al 2006, puesto del que ni siquiera tomó la protesta de rigor por habérselo dejado a su suplente, Rosario Sáenz López.

A Don Carlos se le recuerda de buena manera por su carisma, don de gentes y verticalidad para abordar cualquier tema, de ahí que a la fecha existan miles de familias gomezpalatinas agradecidas por los empleos que les generó para ayudarlas a salir adelante.

Es por ello que causó extrañeza y hasta desconcierto que el lunes 2 de marzo, en que se cumplió su cuarto aniversario luctuoso, pasara desapercibido para los soberbios directivos del PRI, tanto del estado de Durango como del municipio de Gómez Palacio, olvidándose que Don Carlos fue uno de sus principales activos, uno de sus candidatos que más votos les generó y evidentemente uno de los militantes que “nunca se les volteó”.

Será quizá por esa altivez y arrogancia de sus dirigentes que el tricolor no sólo ha perdido los procesos electorales de los dos últimos años, sino hasta a casi tres millones de militantes.

Por hoy, fue todo. Hasta la próxima…Dios mediante.

Para quejas, sugerencias y hasta una que otra mentada…aguilaquecae_51@hotmail.com y aguilaquecae51@gmail.com

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