Notitas Educativas

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MI HIJO ES AGRESIVO

POR: Karina García Vázquez

Si el comportamiento de mi hijo es agresivo: ¿deberías preocuparme?
No eres el único.
Cuando los niños presentan un alto grado de agresividad, los padres y sus maestros se preocupan. ¿Cuál es el problema? ¿Por qué se comportan de esta manera? ¿Qué está fomentando y consolidando esas conductas agresivas?
Los niños que muestran conductas agresivas suelen estar angustiados y alterados. Es difícil tranquilizarles y ayudarles a controlar esos comportamientos, que a menudo les causa problemas, se les castiga y, se les acaba tachando de «traviesos» o «malos».
Los comportamientos agresivos de estos niños también pueden generar un considerable malestar en los demás. Los niños agresivos suelen serlo verbalmente y en su manera de argumentar sus ideas, también pueden experimentar dificultades para controlar su temperamento ya que los demás en seguida les molestan y enfadan. Suelen ser desafiantes y pueden parecer estar enfadados y resentidos. Con su comportamiento agresivo pueden interrumpir las clases en la escuela y pueden llegar a herir, amenazar o incluso asustar a otros niños.
Si no intervenimos, corren el riesgo de desarrollar desórdenes de comportamiento graves, desafiante o trastornos de conducta. Conforme aumentan sus problemas, su comportamiento agresivo supone una amenaza para la seguridad de otros niños e incluso de los adultos. Cuando un comportamiento agresivo alcanza este nivel, en algunos casos acaban expulsados o suspendidos de la escuela. En estos casos, lo más importante es la protección de los otros niños y de los maestros.
Aunque algunos comportamientos son menos extremos o problemáticos, siguen siendo preocupantes. Pueden ser violentos con otros niños y golpearles, darles puñetazos o pellizcarles. Algunos niños lanzan pequeños objetos o arrojan y rompen cosas cuando se enfadan o alteran. Otros se enrabietan y patalean o gritan.
Otros niños son agresivos verbalmente, les amenazan y se burlan de ellos. Usan el control emocional para victimizarles e intimidarles. Pueden incluso aislarles y difundir rumores sobre ellos.
Más allá del nivel de agresividad, la intervención temprana es importante para ayudarles, pues necesitan desarrollar estrategias de afrontamiento saludables para controlar su comportamiento y gestionar la rabia y el conflicto, así como otros sentimientos y situaciones angustiosas. Tenemos que enseñarles otras maneras de resolver los problemas y darles estrategias para ayudarles a calmarse y a controlar su sistema nervioso, para que así cuando se sientan amenazados no se active en ellos tan fácilmente la respuesta «luchar».
¿Cuál es la causa de la agresividad en los niños?
Los niños no se comportan de manera agresiva porque sean «traviesos» o «malos», su comportamiento puede deberse a patrones cerebrales determinados por experiencias previas. Normalmente, estas experiencias implican relaciones y/o experiencias sociales específicas, o incluso un trauma, bien sea uno solo, o traumas de relaciones complejas. A su vez, estos patrones cerebrales activan la respuesta defensiva, y el niño responde con agresividad para protegerse de la amenaza que ha sentido. Este proceso suele ser inconsciente e inmediato, y se escapa del control del niño. Para otros niños puede resultar difícil percibir cualquier amenaza clara o, si la perciben, para ellos es en su mayor parte inofensiva, por lo que cualquier respuesta agresiva estaría injustificada.
En consecuencia, detrás de un comportamiento agresivo se encuentra a menudo el cerebro, en parte determinado por las experiencias previas.
Son múltiples factores los que se combinan y alimentan la agresividad en los niños.
En algunos casos, por ejemplo, la combinación del temperamento del niño y/o una predisposición genética, más la influencia del entorno (p. ej., el estrés), puede aumentar la tendencia del niño a la agresividad como principal estrategia de confrontar los problemas. Algunos de esos factores que se combinan y pueden contribuir a aumentar el grado de agresividad de los niños son:
Las influencias genéticas y/o el temperamento, que, a su vez, se ven determinadas por la experiencia. La genética por sí sola no provoca comportamientos agresivos. Las relaciones de apego inseguras o desequilibradas pueden condicionar los patrones cerebrales que, a su vez, pueden acrecentar el nivel de agresividad del niño.
Estrés permanente que no encuentra alivio.
La falta de estrategias para resolver y afrontar los problemas de forma adecuada.
Falta de modelos de conducta a seguir (la gente alrededor, familiares, la televisión y los videojuegos) que valoren y sean un ejemplo de comportamiento no agresivo.
Estilos de enseñanza ineficaces, por ejemplo: autoritario, controlador, severo, coercitivo, permisivo, demasiado indulgente, o de rechazo. Si alguno de los padres tiene problemas psicológicos como depresión o alcoholismo puede contribuir a estresar al niño.
Mala conexión entre padres e hijos: un estilo de enseñanza ineficaz podría ser la consecuencia más que la causa del comportamiento del niño. Los comportamientos problemáticos de los niños pueden afectar al estado de ánimo de los padres y los comportamientos parentales.
El estrés, las alteraciones y conflictos familiares.
La inestabilidad y la falta de un entorno seguro y estable.
Daños neurológicos, como una lesión cerebral adquirida.
Las siguientes sugerencias pueden servir para ayudar a los niños con comportamientos agresivos. Prueba con lo que se ajuste más a tu situación.
Recuerda: los cambios de comportamiento llevan su tiempo. Hace falta ser constante y perseverar.
Estate pendiente de cualquier pequeño cambio. Los pequeños pasos marcan la diferencia y os llevará a obtener un resultado positivo. Observa cuándo las cosas están funcionando o se está produciendo algún cambio positivo, por pequeño que sea.
La constancia, la perseverancia y la paciencia aumentan las posibilidades de que tus esfuerzos se vean compensados. Prueba algunos de estos consejos y ayuda a los niños con comportamientos agresivos.
Evita los castigos físicos: los castigos punitivos y severos se asocian con un comportamiento agresivo en los niños. No hay que olvidar que los padres y otros adultos son un ejemplo para ellos. Si los progenitores responden con agresividad, lo más probable es que sus hijos respondan de la misma manera.

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