Mi Intimidad

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POR: Dr. Manuel Estrada Quezada

Todos tenemos un confidente en nuestra vida. Generalmente es un buen amigo y en el mejor de los casos, alguno de nuestros padres o ambos. Otra gente confía su interior a un representante de la religión que profesa.
Claro que hay situaciones para platicarle a un amigo.
Otros casos de orden sentimental se confían a la pareja.
Algunos más a hermanos.
También se encuentra confidente en quien tiene ascendente moral sobre nosotros.
Pero quiero señalar que hay una intimidad muy profunda en nosotros, que es sagrada y esa nadie la sabe.
Es aquel secreto que habita en el fondo del alma y del corazón.
No lo platicamos porque sea malo, simplemente porque a veces no nos comprenderán.
En esa intimidad que solitariamente nos hace llorar o en ocasiones sonreír.
Es aquella cuya sola evocación nos remonta a un pasado lejano o reciente en medio de un profundo suspiro.
A veces doloroso, otras reconfortante.
También nos sirve para ser reflexivos o analíticos.
No podemos saber si nos ha servido para bien o para mal, sencillamente es nuestro interior que solo conocen Dios, y nuestra conciencia.
Vive.

Aún falta lo mejor por venir…

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