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MAMÁ POLA… ¡Esto no es un adiós, sino un hasta pronto!…

Hoy voy a dedicar mi columna a una persona muy especial, que me dio tanto en la vida y no sólo a mí, sino a quienes tuvimos la enorme fortuna de ser parte de su familia y de su vida. La verdad creo que nadie estamos preparados para las despedidas, es tan difícil dejar ir a las personas, aún cuando son mayores, estén enfermos, etc., aunque estemos conscientes que así será o es el ciclo de la vida y nadie seremos eternos, es imposible asimilar que ya no volverás a ver a alguien, por más que te digan que está descansando y ha partido a un mejor lugar.

Hay pérdidas que duelen tan profundamente en el alma y que calan hasta los huesos, que se llevan una parte de nosotros y sabemos que nada será igual sin ellos, sin su presencia, sus risas, sus sueños, sus consejos y esa chispa de gracia que los hace tan especiales.

Hace un par de días partió de este mundo terrenal Apolonia Parras Ramírez o Mamá Pola, como cariñosamente le llamábamos todos, partió a un día de cumplir sus 89 años de edad, y la verdad duele su partida, no sólo fue mi abuelita; sino que durante toda mi vida siempre fuimos vecinas y quedan tantos recuerdos de ella, tantas anécdotas que vivirán en nuestra memoria y en los corazones de quienes tuvimos la dicha de ser parte de ella y de convivir en su andar.

Mamá Pola, siempre tan ocurrente y siguiendo los chistes y bromas que le hacían sus hijos y nietos y demás; siendo madre de 11 hijos, tuvo cantidad de familia que la acompañó en el trayecto de su vida.

Es tan fácil recordar cada momento a su lado y sus pláticas tan llenas de sabor y eternas; cómo cuando conoció a Pancho Villa, le encantaba recordar sus anécdotas y le brillaban sus ojitos, cuándo le preguntaban sobre su juventud, el tiempo en que conoció a Pancho Villa, eran detalles y cosas que ella llevaba tan claras en su memoria.

Y cómo olvidar algunos de sus cumpleaños que se le festejó a lo grande, rodeada de toda su familia que llenábamos un salón entero y en un par de ocasiones le llevaron un bailarín, que aunque algo apenada, no dejaba de disfrutar el momento y siempre hacía bromas con respecto a quiénes le bailaban.

Mamá Pola, una mujer que dio mucho por cada uno de sus hijos, nietos y demás familiares, siempre al pendiente de todos cuando pudo, le encantaba viajar, iba y venía a placer de todos lados, visitó tantos lugares. Que poder decir de esa mujer morenita, de ojos entrañables, mirada profunda y brazos siempre abiertos para quienes lo necesitaban. Al paso del tiempo, siendo alguien que contaba con una gran familia, le gustaba que todos fueran de visita a su hogar, y preguntaba siempre por quienes llegan a faltar, pero siempre rodeada y es de esperarse, tan amada por su gran forma de ser.

Hoy en estos tiempos de redes sociales, en los que todo mundo acudía de la mano con su celular a su casa, preguntaba que veías o de que reías para que le mostraras, y cómo olvidar también sus

bromas cuando le mostrabas videos de chicos guapos (aunque pobrecitos ya que carecían de ropa, jajajajaja).

Tan difícil olvidar que también a Polita le gustaba la cerveza, cómo poder decir que no al enfrentarse a una de ellas y qué decir cuando eran las llamadas micheladas a quienes ella nombraba chimeladas que le parecían tan deliciosas y hubo un tiempo en que decía que cuando fueran de visita le llevaran una chimelada, jamás decía que no a una salida, una comida, una reunión, un viaje.

Polita siempre se caracterizó por ser una mujer fuerte, madrugadora, platicadora a más no poder, y pensándolo bien nunca la vi molesta o enojada o si alguna vez lo estuvo no lo parecía, ya que siempre llevaba una paz y una tranquilidad guardada en los bolsillos y una sonrisa que esbozaba con cada visita que llegaba.

Si!, es tan fácil hablar de todo lo que hizo, que logró, que vivió y del gran amor del que siempre vivió rodeada y que expresaba a pesar de los problemas que pudieran presentarse.

Y yo viviendo toda mi vida al lado suyo, cómo dejar de pensar en sus días en los que la costura era parte de sus actividades recreativas, creo que en lo que fue mi niñez y parte de mi juventud, era quien hacía cada uno de mis vestidos, también recuerdo que cuando fui a la secundaria formé parte del taller de Corte y Confección, que jamás pude aprender nada, ya que era Mamá Pola la que me terminó cada uno de mis trabajos requeridos.

Y quien puede olvidar sus típicos desayunos de pan y café tan de madrugada cuando vivía Papá Güero, que siendo vecinos nos hablaban para hacerles compañía para desayunar y jamás podían recibir un no como respuesta.

La verdad es que fueron tantos y tantos momentos tan bellos a su lado, eran tan fácil disfrutar su compañía, saborear sus pláticas y reír con sus ocurrencias. Es tan corto este espacio y son tan largos los recuerdos.

Despedirse no es nada sencillo, y más cuando alguien formó parte directa de tu vida, de tu crecimiento. Mamá Pola, te extrañaremos cómo no tienes idea, mi vecinita de toda mi vida; gracias por tanto, y por todo el amor que pudiste darnos a cada uno de los que formamos parte de la familia LOMELÍ, pero la verdad es que, ¡este no es un adiós, sino hasta pronto!… (QEPD POLITA).

Los invito a leerme en el Diario Digital e Impreso EXTRA de la Laguna y en mi página de Facebook: Estrellas en el Cielo (Escritor).

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