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Los nefastos “Niños bien” vandalizan el Cañón de Fernández

En un espacio comprendido desde la presa Francisco Zarco al Cañón de Fernández -60 kilómetros en promedio- pandillas de patos del bosque, patos canadienses que andan de vacaciones, garzas y garzones, águilas cola roja, dan la bienvenida a los amantes de la naturaleza, y un bosque de galerías de ahuehuetes, álamo y sauces les proporcionan sombra fresca y vigorizante, alentados por agua limpia que contribuye, también, a la recarga de los mantos acuíferos regionales.

El Cañón es un área natural protegida de importancia mundial que forma parte del Desierto Chihuahuense, un territorio desértico con la mayor biodiversidad del planeta, sobre todo cactus que florean una vez al año sólo por las noches.

El desfiladero natural protege al río Nazas cuyas aguas cuentan con 27 tipos de peces y alimentan una abundante vegetación de ahuehuetes, álamos y sauces, aparte del matorral desértico que cree a sus orillas, con el agave Victoria en peligro de extinción y la flora desértica formada por huizaches, mezquites, y ocotillo.

Los registros oficiales confirman una superficie de 17 mil hectáreas, las más ricas en especies endémicas de plantas, animales y aves; sin embargo, los brigadistas de ecología que han realizado estudios de campo, reportaron una notoria falta de cuidado, e insistieron en la necesidad de proteger en ese sentido al eco sistema regional que tiene al río Nazas como principal fuente de agua y vida de la comarca lagunera.

El parque, además de sus aves endémicas y migratorias, es un humedal vital para la recarga del acuífero, un dato que deberán tomar muy en cuenta los planificadores del proyectado acueducto para traer agua desde la presa Francisco Zarco a la zona conurbada, y del cual sólo se han manejado datos técnicos sobre su funcionalidad, capacidad de conducción y costos, sin tocar para nada los posibles quebrantos que causarían a los boques de galería las grúas, camiones, tubos, aditamentos, helicópteros y cuadrillas de trabajadores e ingenieros que suelen destruir bosques con el pretexto de la modernidad.

¿Respetarán a la parvada de patos que día a día alegran con sus sobrevuelos, chapuzones y arribos un extenso humedal que abriga en sus orillas árboles de gruesos troncos y nervudas raíces bañadas por las aguas del río, teniendo como huéspedes -entre otros- a los patos migratorios de Canadá? ¿El vuelo del águila pescadora, de las auras y los cardenales chivo? Los disfruto cada vez que me llevan de paseo y me entero que la fauna del cañón la componen ardillas, zorros, cacomixtles y coyotes, conejos de patas blancas, la víbora con patas y las lagartijas de collar, que saldrán corriendo en busca de refugios que también ya han sido invadidos por construcciones de cemento y ladrillo.

El cañón -dicen los registros oficiales- es un sitio representativo e importante de la Comarca Lagunera con una cuenca baja del río Nazas de 32 kilómetros de longitud, 581 especies diferentes de aves, peces y vegetación y una densa flora que lo convierten en un oasis en medio del desierto. También hay tortugas que allí mismo nacen y se reproducen desafiando a las aves que rompen sus huevos en gestación.

“Paraíso de esplendorosos paisajes” llamó al cañón y su río el articulista de viajes Nicolás Triedo, una apreciación que confirman los laguneros domingo a domingo -y cada semana santa- con una gran presencia en aquellos parajes.

Por lo tanto, es merecedor de un gran aplauso el subsecretario de Recursos Naturales y Medio Ambiente, Raúl Villegas Morales, al impedir el acceso al Cañón de Fernández, a los llamados vehículos motorizados “arrasaterrenos” (racers se llaman en inglés) , manejados por “niños bien” de Torreón y Gómez Palacio, quienes a su paso arbitrario e irresponsable por la reserva natural, aplastan y matan tortugas, zorrillos, ardillas, conejos, correcaminos; dañan hasta desaparecerla, la flora circundante y asustan a los peces del humedal que le da vida a la comarca lagunera.

Advirtió el funcionario que esa actividad resulta altamente nociva en virtud de que amenaza la existencia del Cañón de Fernández en su calidad de reservorio de agua de importancia nacional e internacional y su floresta conformada por árboles centenarios.

Hay operativos de protección de las áreas protegidas por parte del gobierno de Durango y el municipio de Lerdo, pero en el colmo de su ignorancia ecológica, los vándalos motorizados recurrieron al amparo para continuar hollándolas, en un claro y cínico desdén hacia los ambientalistas empeñados en la defensa del Cañón de Fernández, supuestamente amenazado por otra contingencia: la construcción de presas derivadoras de las aguas del río y la instalación de túneles

para la conducción del líquido a las comunidades de la zona metropolitana. Todo un verdadero lío.

Desgraciadamente los nefastos “racers” no se han ido, y como aves de rapiña, continúan haciendo daño al Cañón de Fernández: el pasado lunes 11 de octubre, Milenio. La Opinión Laguna publicó: “Pese a restricciones de ingreso al Cañón de Fernández, los Racers continúan acudiendo al área protegida. Son “niños bien” que hace caso omiso a las disposiciones oficiales” para proteger y salvaguardar el cañón, un humedal natural reconocido por los gobiernos de todo el país firmantes del tratado “Ramser”, un acuerdo entre naciones enfocado a frenar la destrucción que amenaza a los recursos naturales del mundo y de la Laguna en particular.

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