Lo que vive y lo que ha muerto del 68

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POR: Fernando Rangel de León

Hace 50 años cuando tenía 23, como estudiante de derecho de la UNAM, anduve en algunas de las manifestaciones, marchas y mítines del movimiento del 68, en la ciudad de México, en contra de la represión, la falta de democracia, de libertades, de respeto a los gobernados, y del control absoluto del gobierno de la prensa y de la televisión, sobre la sociedad civil, por todos los medios, siendo el más visible y manipulador el PRI;
que detuvo el progreso y desarrollo de México por décadas; pues los pocos beneficios que le dió fue a “cuenta gotas”, y en su favor.

En el 68 Othón Salazar, líder magistral; Valentín Campa y Demetrio Vallejo, lideres ferrocarrileros, tenían alrededor de 10 años como presos políticos, acusados del delito de disolución social, que consistía en hacer propaganda a ideas de gobiernos extranjeros; se reprimían los paros como ocurrió con el de los médicos en 1966; el que por haber sido apoyado por el Doctor Ignacio Chávez, fue “tumbado” de la Rectoría de la UNAM por el Presidente, Gustavo Díaz Ordaz, con flagrante violación a la autonomía universitaria;
los ganaderos “policía capitalina” eran un azote para los defeños, la ciudadanía era a los
21 años, el partido comunista estaba proscrito, y las elecciones las controlaba totalmente el gobierno; entre otras muchas cosas contrarias a la democracia.

Con el movimiento del 68 entre otras cosas se lograron la libertad de los presos políticos,
la derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal, que tipificaban el delito de disolución social; la desaparición de los granaderos, la disminución de la edad para votar y ser votado de 21 a 18 años, relativo respeto a la población, atención a las necesidades de los estudiantes y apoyo a las universidades; leve apertura a la incipiente democracia, apoyo al campo, facilidades para la creación de nuevos partidos, tímida intervención
de la sociedad civil en la toma de decisiones del gobierno; y fomento y defensa de los
derechos humanos y creación de organizaciones no gubernamentales ONGs.

Pero lo que más sigue vivo del 68, es la impunidad, la impunidad del mismo 68; la impunidad de la masacre de Aguas Blancas, Guerrero, el 28 de junio de 1995, con 17 muertos; la impunidad de Acteal, Chiapas, el 22 de diciembre de 1997, con 45 muertos; la impunidad de Atenco, Estado de México, con 146 detenciones y 26 violadas; y
sobre todo la impunidad por los 43 desaparecidos entre el 26 y 27 de septiembre de 2014, en Ayotzinapa, Guerrero.

Ni uno de los presidentes de la República, de 1968, a la fecha, acabó con la impunidad por los delitos cometidos contra grupos sociales independientes, en estos últimos 50 años; esperamos que Andrés Manuel López Obrador, no solamente acabe con la impunidad, sino que impida que se cometa ese tipo de delitos.

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