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La triple alianza de China, Rusia e Irán muestra su músculo militar y desafía a Biden

(AGENCIAS) 13 de Febrero de 2021.- El eje China-Rusia-Irán se consolida y se prepara para enfrentar los intereses de Estados Unidos en todo el planeta. Una buena muestra de lo que está pasando son las segundas maniobras navales conjuntas en poco más de un año que se inician esta próxima semana en el Océano Índico. A fines de diciembre de 2019 se realizaron en el Golfo de Omán. Y no es el único nivel de cooperación de estos tres países: Rusia e Irán apoyan al régimen de Bashar al Assad en Siria y coordinan sus acciones militares; los tres están operando coordinadamente en Venezuela y varios países africanos; mantienen estrechas alianzas con otras potencias regionales como India y Turquía. Y todo esto se desarrolla en el vacío que dejó la Administración Trump y cuando apenas comienza el gobierno de Joe Biden, que prometió reclamar para Estados Unidos su papel preeminente en los asuntos globales. Un concepto que este eje chino-ruso-iraní pone a prueba.

Las maniobras militares trilaterales fueron anunciadas el lunes pasado por el embajador de Rusia en Teherán, Levan Jagaryan. “El próximo ejercicio naval multilateral se celebrará en el norte del Océano Índico a mediados de febrero de 2021”, dijo Jagaryan. “En su transcurso está previsto, entre otras cosas, trabajar en la cooperación para llevar a cabo operaciones de búsqueda y rescate y medidas para garantizar la seguridad de la navegación”. Ese mismo día, el presidente Joe Biden habló en el Departamento de Estado y proclamó que “América ha vuelto”, en un aparente retorno a las posturas tradicionales de la política exterior que habían sido “recalibradas” bajo la política de “América primero” de Trump. Biden prometió ser más duro con Rusia, en su primera comunicación telefónica le echó en cara a Xi Jinping el expansionismo chino en Asia y las violaciones de los derechos humanos y dijo que no iba a levantar las sanciones impuestas por Trump contra Irán -cuando se retiró unilateralmente del tratado nuclear de 2015- hasta que el gobierno de los ayatollahs no detengan el enriquecimiento de uranio.

El eje Beijing-Moscú-Teherán, es gigantesco en términos demográficos, con una población en conjunto de 1.500 millones de habitantes. Enorme, desde el punto de vista geográfico, con 29 millones de kilómetros cuadrados y una economía, que en conjunto, representa el 22% del PIB mundial. Además, con dos de sus integrantes: China y Rusia, que son parte del exclusivo club nuclear y miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, con el respectivo derecho a veto. El nuevo Eje está dotado, igualmente, de un poderío militar, capaz de contrapesar, en las áreas de disputa, en el campo naval, terrestre y aéreo, a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Los ejercicios navales conjuntos se producen inmediatamente después de que Biden a principios de febrero ordenara al USS Nimitz, entonces el único portaaviones de la Armada de Estados Unidos en Medio Oriente, que abandonara su área de responsabilidad y regresara al puerto de origen en el estado de Washington. Apenas unas semanas antes, Trump había decidido que el portaaviones permaneciera en la región en medio de una mayor tensión con Irán. El jefe del CENTCOM, el centro de comando de las fuerzas armadas, el general Kenneth McKenzie, dijo que las acciones de Irán presentan el “motor de inestabilidad más desafiante” en Medio Oriente. “Estados Unidos enfrenta una competencia cada vez mayor en la región de parte de Rusia y China y ambos países están tratando de disputar el poder y la influencia a través de una combinación de medios diplomáticos, militares y económicos”, agregó McKenzie hablando en la convención virtual del Middle East Institute, en sus primeros comentarios públicos desde que Biden asumió el cargo. “Rusia y China aprovechan su proximidad a la región, sus relaciones históricas, la percepción de un declive en el compromiso de Estados Unidos y la crisis provocada por el Covid para establecer y fortalecer relaciones oportunistas”.

La Triple Alianza chino-ruso-iraní se fortaleció con la guerra civil siria. Presionaron en conjunto en varios frentes para evitar que las potencias occidentales y sus socios de Oriente Medio lograran derrocar al régimen de Al Assad. De esa manera, concretaron una base de operaciones militares cerca de Irán, al sur de Rusia y al occidente de China. En el caso de Beijing, esa fue una maniobra indispensable para su seguridad. De Oriente Medio y Asia Central, recibe cerca del 50% del petróleo y el gas que necesita para su economía. Ya en mayo de 2014, Xi Jinping sostuvo en la Conferencia de Interacción y Medidas de Confianza en Asia (CICA), celebrada en Shanghái y a la que asistieron el presidente ruso Vladimir Putin y su par iraní Hasan Rohani, que “CICA debe convertirse en un diálogo sobre la seguridad y la plataforma de cooperación mutua y debe establecer un mecanismo de consulta de defensa a fin de crear un centro de respuesta de seguridad en caso de grandes emergencias”. Después se firmó un histórico acuerdo de suministro de gas ruso a China, por 400 mil millones de dólares.

Ese fue el comienzo de este eje que ahora muestra su músculo militar en el Océano Índico y que promete ser el mayor desafío de política internacional que van a enfrentar Joe Biden y sus aliados europeos en los próximos cuatro años.

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