Justicia social para Tlahuelilpan

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POR:  José Vega Bautista

Al menos 89 muertos y decenas de heridos ha dejado una explosión el viernes 18 en una toma ilegal de combustible en el municipio de Tlahuelilpan, en el Estado de Hidalgo (en el
centro de México). La detonación ocurrió cuatro horas después del aviso de una fuga intencionada de gasolina. Los habitantes se habían desplazado al lugar con bidones para intentar llevarse algo del hidrocarburo. El Ejército llegó antes de la explosión, pero se replegó para “evitar un enfrentamiento con la población”, según ha informado el Gobierno mexicano a través del equipo de comunicación de la presidencia.

La explosión ha tenido lugar en plena batalla del Ejecutivo federal contra el robo de combustibles, un negocio de gran escala en México en el que también ha penetrado el crimen organizado. Desde el pasado 21 de diciembre, las autoridades mexicanas han cerrado varios canales de transporte de gasolina en el centro y occidente del país, que engloba las regiones más afectadas por el robo de combustible, popularmente conocido como huachicoleo.

La clausura de las tuberías por las que circula la gasolina ha obligado al despliegue de camiones cisterna para llevar combustibles a las estaciones de servicio. (El País 200119)
Como parte del contexto de la tragedia, el periodista de Foro TV, Fernando Rodríguez, ha
señalado: “Puedes mandarles mensaje a los huachicoleros y van hasta tu casa a llenarte
el tanque”, en su descripción de la situación de inseguridad y el robo de combustible que
se vive en el Valle del Mezquital en Hidalgo, el cual integra a municipios como Tlahuelilpan,
Mixquiahuala, Tezontepec, Tlaxcoapan, entre otros. Mediante una historia a través de tuits,
Fernando Rodríguez explicó que su familia es originaria de un pueblo que se encuentra a lado de Tlahuelilpan, lugar donde ocurrió la explosión del ducto de Pemex que dejó 67 muertos. “Yo crecí ahí. En el último par de años, el huachicol creció muchísimo”.

Detalló que en la zona hay sólo tres gasolineras, sin embargo, desde hace años siempre estaban vacías. Nadie cargaba. Cuando cerraron los ductos, los clientes regresaron. (El Sol
de México 190119) Juan Pedro Cruz Frías, alcalde de ese municipio hidalguense donde explotó un ducto de combustible –producto de una perforación clandestina–, dijo que las personas que perdieron la vida el pasado viernes también son víctimas de la falta de oportunidades. (El Sur Acapulco 190119).

Por su parte, el presidente Andrés Manuel López Obrador, en sus conferencias de prensa ha sido enfático al señalar que, durante años, el abandono y falta de oportunidades orillaron a la gente a buscar mejorar sus condiciones, aun arriesgando su vida. Se llegó a estas prácticas porque hay millones de personas que no tienen para lo más indispensable,
pero el pueblo es bueno y honesto. Y que su gobierno trabaja para ofrecer alternativas
para que nadie deba ponerse en riesgo y vivir dignamente. “Los problemas sociales se enfrentan atendiendo las causas estructurales y respetando los derechos humanos”.
“Continuaremos luchando contra el robo de combustible hasta que logremos erradicarlo”, aseguró el presidente de México, López Obrador, desde la zona del suceso. El Gobierno federal ha ordenado, además, el despliegue de más de 5.000 militares para vigilar las
instalaciones, canalizaciones y los camiones cisterna. Precisamente este jueves, el Ejecutivo federal informó del bloqueo de las cuentas de 42 empresas, el arresto de 435 personas vinculadas al robo de carburante y la apertura de 1.831 investigaciones. De acuerdo con los datos oficiales, en 2017 y 2018 el robo de combustible ha provocado pérdidas de alrededor de 3.000 millones de dólares (2.638 millones de euros) en las cuentas públicas. (El País 200119).

Ya en este espacio hemos señalado que la política anticorrupción y combate al robo de hidrocarburos ha sido muy bien vista por la mayoría de la población.

Pues ahora esta tragedia muestra otra cara de lo triste de esta práctica. Pero, sobre todo,
de lo deleznable de las causas: por un lado, personas ambiciosas que tienen un estilo de
vida donde lo fundamental es el dinero, lo material y lo superfluo; y otro grupo social
que, al verse limitados en sus oportunidades de subsistencia, recurren a estas prácticas
arriesgando, para sobrevivir, lo único con lo que cuentan, su vida. Dos caras del mismo
problema, por tanto, el gobierno y la sociedad debe plantearse soluciones específicas para
cada caso: cero impunidad para unos, y desarrollo económico y social para los otros.

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