Ilusiones

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

SE PRETENDE que un sector de la población acepte se está formando la opinión pública”. En realidad es un adoctrinamiento de masas para hacer creíble cuanto difunden los medios de comunicación masiva. Esto explica la aceptación del público de las mentiras y tergiversaciones de la verdad. En verdad, la politización de la ciudadanía está muy lejos de ser una realidad y lo que existe es manipulación que sirve para organizar manifestaciones, sin importar si el individuo tiene o no una idea precisa de la razón de estar en una protesta.

EL TEMA de una vida larga o corta es tratado como reza el refrán: “Cada quien habla de la fiesta según le fue en ella”. Pero Francois de La Rochefoucauld describe en una sentencia una verdad que muchos no olvidan, por más esfuerzos que hagan: “La vejez es un tirano que prohíbe, bajo pena de muerte, todos los placeres de la juventud”.

ALGUNOS pensadores afirman que la naturaleza es cruel y con ello quieren significar están de acuerdo con la idea de que “El hombre es el lobo del hombre”. Este pensamiento es una generalización y, como tal, ¿podría haber una excepción? Tal vez. Hay quienes piensan que el comportamiento del hombre de las cavernas a la era actual no cambió mucho en su lucha por la supervivencia y sigue igual de cruel. Otros admiten adecuó su espíritu salvaje a una actitud gregaria y que sólo una mínima parte mantiene prácticas nocivas que destruyen la tierra, al reino animal y vegetal. Se culpa a los dueños de monopolios de la destrucción de la vida, en cualquiera de sus manifestaciones. Para saciar su avaricia mantienen en funcionamiento empresas que destruyen la ecología del planeta. Por este motivo, debería hacerse una aclaración. Al hablar del ataque de los seres humanos contra el planeta, lo más correcto es señalar a la élite empresarial, poseedora de inmensas fortunas, que en su avariciosa búsqueda de riquezas perjudican el equilibrio natural de la Tierra.

EL GRAFITTI de un artista de una ciudad cosmopolita (ni se les ocurra imaginar a Torreón, Gómez Palacio o Ciudad Lerdo, pues no cubren criterios sociales, culturales, arquitectónicos, artísticos, ni siquiera mundanos), señala: “Un hombre no envejece cuando se le arruga la piel, sino cuando se arrugan sus sueños y sus esperanzas”. Muchos viejos, o mejor utilicemos el eufemismo “personas de la tercera edad”, expresarán que el espíritu también languidece por el olvido. Gente de “juventud acumulada” sufre la indiferencia de hijos y nietos. Es triste y lamentable pero ese es el reflejo de una sociedad consumista que vive para el materialismo.

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