Ilusiones

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

Además de la guerra, la cual es una constante en nuestro mundo actual (también atentatoria contra toda expresión de vida), la industria contaminante de los países ricos hace mucho tiempo dejó de ser una amenaza y se ha convertido en un peligro real. Este amago hace peligrar todas las formas vivas del planeta.

La producción de bienes, servicios y productos es una labor que se realiza a gran escala sin tomar en cuenta los daños a la ecología. Aún los países con pocas fábricas su equilibrio ecológico está igual de amenazado que naciones con grandes empresas. El daño provocado se expande por toda la Tierra.

Agua, tierra, aire, toda la naturaleza, junto con todo ser viviente, incluidos los humanos, están afectados seriamente por fábricas contaminantes que manufacturan los artículos de uso cotidiano. La contaminación es mucha y grave y la desaparición de la capa de ozono es mayor cada día. Este fenómeno

produce el cambio climático que a su vez provoca grandes transformaciones en los sistemas ecológicos.

Todo lo anterior es del conocimiento de los gobiernos de todos los países. La nula regulación de fuentes que

envenenan al planeta permite en cada nación del Tercer Mundo la existencia de empresas contaminadoras. Si en su país de origen no permiten su funcionamiento, son llevadas a países donde el dinero compra voluntades.

Desgraciadamente, la gente común sólo conoce superficialmente los efectos nocivos contra la humanidad y casi nada sabemos de su capacidad destructiva. Quienes sí conocen y hablan y escriben para difundir el peligro que enfrenta el planeta poca atención reciben. Se ha escrito sobre cambios morfológicos por mutaciones genéticas en fauna y raza humana. Sin embargo, los gobiernos y los gigantes empresariales difieren soluciones.

Además, no se acepta que las leyes contra la contaminación ambiental tienen muchas deficiencias y presentan muchos recovecos por donde los representantes vuelven inservibles los reglamentos. El dinero compra la escasa voluntad que pueda existir en los representes de las autoridades encargados de evitar la contaminación. Un ejemplo: la confección de ropa se realiza sin vigilancia y se utilizan colorantes que envenenan la tierra, el agua, la flora y la fauna.

El problema es muy grave pero el ciudadano común desconoce su dimensión real. Actualmente se realizan campañas contra todo lo que envenene la Tierra. Sólo

se conocen parcialmente en las redes sociales. En ellas se difunden imágenes de lo que puede ser la vida en el futuro si proseguimos arrojando basura a diestra y siniestra. Y no hacemos nada para impedirlo.

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