Ilusiones

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

¿EL AMOR es fácil?, es una pregunta constante que se hacen hombres y mujeres, sobre todo éstas últimas. La mayoría responde afirmativamente, sin siquiera pensarlo. Pero se engañan quienes creen es fácil amar, que el amor llega sin buscarlo. La persona capaz de amar vive con estos atributos: satisfacer el sentido gregario; cuidar, proteger, respetar, ayudar, permitir la libertad del otro. Amar implica una conducta cotidiana con normas, algunas difíciles de seguir. Son muy pocos quienes se atreven a autodisciplinarse y tener bajo control todo aquello que el exceso podría convertir en vicio.

UNA peculiaridad del hombre surgida durante el desarrollo de la inteligencia, fue el sentido de acumular riqueza. Puede decirse que en el medioevo apareció la usura tal como la conocemos: Una práctica carente de escrúpulos, caracterizada por el afán de incrementar las ganancias y hacer más grande la fortuna propia. Una forma de engullir el dinero o bienes materiales clase media y los pobres.

PARALELO a las instituciones bancarias hizo su aparición el agio. Muchos hombres hicieron significativas fortunas con préstamos de dinero y cobro de altísimos intereses. Para recibir un préstamo el futuro deudor debe firmar una letra, dejar un bien en garantía, cuyo valor exceda mínimo 100% del empréstito o firmar un contrato para asegurar el pago. El agio lo prohíbe la ley sólo en el papel. Los bancos y tiendas de autoservicio tienen ganancias muy sustanciales en sus transacciones. He ahí un motivo de llamar al sistema socioeconómico “capitalismo salvaje”. Con esta práctica retrocede el derecho más básico de los derechos humanos: tener acceso a una vida digna.

LA GUERRA no es buena ni cuando se gana. Las guerras no las hacen los pueblos, son una estrategia de las élites económicas y políticas mundiales para hacer más dinero. Los conflictos bélicos inician con la manipulación social hecha para mantener el estado de cosas, tal como conviene a sus intereses. Otro método de control social son las guerras económicas. Se cree son menos cruentas porque, aparentemente,

no hay derramamientos de sangre. Pero si no hay masacres, sí hay muerte por enfermedad y hambre. Y los medios de comunicación son un arma propagandística. Muchos periodistas cobran por engañar al público. Se aprovechan del COVID-19 para tratar de cambiar el temor a miedo y propiciar un “golpe de Estado”. Nada les importan las muertes que pueda haber, sólo aprovechan la pandemia para derrocar a un gobierno democráticamente electo y satisfacer su codicia.

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