Ilusiones

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

CUANTO mayor es el cargo público recibido (casi siempre mediante lambisconería, dinero, amiguismo, compadrazgo o “cuerpomatic”), menor es la calidad moral y ética del beneficiario. Su comportamiento cambia tanto que excede, en muchas ocasiones, el autoritarismo y complejo de poder del cacique quien otorga el “favor”. De allí nace el dicho “Se subió a un ladrillo y se mareó”. Cicerón 106 A.C-43 A.C (Marco Tulio Cicerón, escritor, orador y político romano) dejó este precepto a la posteridad. Sin embargo, los políticos de todos los partidos desconocen, no respetan o hacen caso omiso de esta enseñanza: “Cuanto más altos estamos, más debemos bajarnos hacia nuestros inferiores”. Son muchos casos de hombres públicos que han atendido el exhorto de Cicerón, pero a decir verdad, pocos en relación a los pillos de la política mexicana.

LA AMBICIÓN desmedida de quienes tienen dinero en súper abundancia (que hasta la quinta o décima generación de su descendencia tendrá asegurada una

vida de lujos), es un vicio el cual no es distintivo solamente de la aristócracia y de los políticos corruptos. Ahora se ha convertido en un rasgo de una gran parte de la sociedad. Los empresarios imitaron a los lacayos de reyes y emperadores, tanto en su ansia de dinero, como en sus relaciones explotadoras con la sociedad y vicios sexuales. Lo peor es que ricos, pobres y hasta la plebe también aspiran a ese tipo de vida. Esta actitud ha permitido a la clase en el poder manipular a una gran mayoría de personas sin educación y cultura, o que si la tienen, la olvidan. Estudiosos del comportamiento humano señalan que el hombre codicioso causa perjuicios a sus semejantes, en diversos aspectos, con tal de lograr grandes fortunas que les permitan llevar una vida de lujos y depravaciones sexuales. No importa que para lograrlo deban cometer graves delitos. Después de todo, escapan del castigo al pagar con parte del botín obtenido.

EN UNA sociedad cansada de robos, fraudes y ultrajes cometidos contra los pobres, es un consuelo escuchar la frase de quien tiene en sus manos el destino

económico, social, político, moral y ético de la nación: “Al margen de la ley nada. Por encima de la ley nadie”.

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