Ilusiones

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

DENUESTO. Al presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), un anónimo ciudadano lo consideró merecedor de un poema en verso libre, y en el segundo argumenta, retomando el final del primer verso que inscribe: “LA DIGNIDAD NO SE VENDE”.

<<Ni por mucho, ni por poco, porque un funcionario honesto no flaquea ante el presupuesto ni ante el soborno tampoco. Dirá usted que me equivoco o de plano que soy necio, así que ¡vámonos recio!, total, la verdad no ofende: cuando su hueso defiende SE ESTÁ USTED PONIENDO PRECIO>>.

ILUSIÓN. Igual a un niño de tres años que espera la llegada de la Navidad, así espero una explicación, sea de algún miembro de una corte real, o lingüista, me explique a qué tipo de nobleza se referían los aristócratas del pasado y del presente que les permitió y permite vivir con tantas riquezas como si fuesen poseedores de la lámpara de Áladino, ser

déspotas y creerse hechos a mano por algún dios pagano.

CONFUSIÓN. En días pasados me comentó un amigo había encontrado dos frases que casi despedazan su visión de la sociedad gringa. Esta percepción ha sido conformada por películas de Jolivud: todos los gringos tienen mucho dinero; la mayoría son delgados, atractivos, sexys, alegres, educados y, sobre todo, buenas personas. Las frases que deprimieron a mi amigo eran: <<En cultura, México es superior a Estados Unidos, pero en rapacidad, Estados Unidos es superior a México>>. La otra se refería a la codicia de los vecinos del norte: <<La riqueza nunca duerme. Los ricos siempre están listos para lucrar las 24 horas del día”. ¿Verdad que no es cierto? Preguntó con desesperanza y deseo de escuchar palabras que desmintieran tales asertos. Yo me engañé diciéndome sería una mentira piadosa, como afirma el Dr. David Livingstone Smith que todos mentimos diariamente. Yo reconocía mi simulación encubría algo tan grande como la mentira del mexicano “nomás otra y nos vamos”. Consolé a mi amigo: “Es pura envidia de los

pobres y feos”. Y reí para mis adentros de mi propia hipocresía.

el Marqués de Sade expresó: “No es mi manera de pensar lo que ha traído mis desgracias, sino la manera de pensar de otros”. El pensar diferente a lo acostumbrado siempre ha traído problemas a quienes lo hacen, pero son quienes no piensan igual han abierto nuevos mejores horizontes a la humanidad”.

Retórica.

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