Ilusiones

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POR: Hugo Ramírez Iracheta 

CHUMEL, el muchacho que representa la oposición de los ricos contra Andrés Manuel López Obrador, cree no caerle bien. Tal vez así sería si con sus gracejadas en Internet el chavo le hubiese hecho perder las elecciones. Eso no ocurrió y todo indica que su humor sólo es bien recibido por los ricos, no por la plebe.

LOS CÍNICOS dicen es bueno tener mucho dinero. Otros comparten la idea de San Francisco de Asís de alcanzar la felicidad esforzándose por alcanzar la unión con Dios. Una de sus frases era: “Yo necesito poco para vivir, y lo poco que necesito, lo necesito poco”. Es decir, hacía plena su existencia al vivir espiritualmente, sin tener bienes materiales. El Papa Francisco, con la autoridad moral lograda por su vida casi monástica, habla de la necesidad de preocuparnos por los pobres y luchar porque terminen las diferencias de las clases sociales. La desigualdad económica para el “Papa de los pobres” es injusta y debe ser repudiada. Tal pensamiento debe serlo también para todo buen católico. Sin comida, cobijo y medicinas la Navidad es una fecha cualquiera para los pobres en su calendario
de la desdicha.

MUCHAS personas afirman, y hasta presumen, saber amar. Decirlo es fácil. Pero ser capaz
de preocuparse por el bienestar de otros es difícil. Erick Fromm lo expuso en su libro “El
arte de amar”. Es uno de los mejores textos sobre este sentimiento, al cual quienes acceden a él se vuelven mejores seres humanos. Es posible, entonces, obtener la tan anhelada felicidad.

No confundirla con el efímero gozo de comprar, tener y atesorar cosas materiales, pues en algún momento de la vida surgirá la conciencia de su carencia de valor espiritual. Y ese conocimiento será causa de pena moral. El verdadero amor implica experimentar preocupación por nuestros semejantes; tener empatía por quienes poco o nada tienen, dejar de lado nuestro egoísmo y reconocer el deber de aminorar su infortunio. Pero esto es sólo una parte del amor. También debe estar presente en nuestras relaciones interpersonales. Así los esposos podrán compartir sus vidas, tener la dicha de disfrutar de los hijos y convertirse en una familia que participe activamente en la búsqueda del bien común. ¡Ah!, por cierto el amor romántico es una rémora en el crecimiento humano, utilizado por los mercaderes para vender sustitutos del verdadero amor.

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