Ilusiones

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

DIVULGAR y propagar la ignorancia es la fórmula ideal de los gobiernos totalitarios para someter al pueblo. Mantenerlo bajo control tiene el objetivo de conservar en cargos de gran influencia a un reducido grupo de hombres con poder político y económico. Al hacerlo, esa reducida camarilla controla la economía nacional y al manipularla se beneficia en su provecho. Las desventajas de un pueblo analfabeta es que quienes detentan el poder pueden accionar como mejor les convenga. Una muestra de ello es la ciudadanía mexicana. Un gran porcentaje de la población es analfabeta; otro apenas tiene estudios básicos y los profesionales poseen un nivel académico bajo y reducido. Esta situación no permite realizar análisis de la realidad socioeconómica y política de México. Cuando se habla de civismo, la gente se remite a los saludos escolares del lunes, pocas veces al conocimiento de las normas morales de interrelación de una sociedad, además de conocer la historia patria. De política el saber es mínimo o nulo. Menos se sabe de la dialéctica. El concepto es para algunos profesionales, intelectuales o filósofos. Sin embargo, los ciudadanos comunes deberíamos saber la importancia de estudiar una idea, escuchar los diferentes argumentos que se planteen sobre ella y conformar de las concepciones nuevas una síntesis que permita la comprensión cabal de la idea primigenia.
Uno de los grandes exponentes de este método, fue Platón, quien hacía que sus discípulos expusieran ideas, intercambiaran conceptos, los cuales ampliaban su conocimiento. Ello les permitía ver las cosas de distinta manera y cambiaban su forma de pensar. Los gobiernos dictatoriales, autoritarios, oligárquicos, plutocráticos y otros de tipo totalitario, consideran su aliada a la ignorancia. Por ello dejan de lado a la educación.
MUCHAS personas verbalmente admiten no creer en Dios. Algunas otras lo hacen no acatando o quebrantando leyes religiosas, ya sea porque dudan de la entidad divina o, porque dejan de creer en ella. Esto sucede si no fueron escuchados sus ruegos cuando imploraron por algo (salud para ellos, vida para un familiar moribundo y hasta fortuna personal). Hay quienes argumentan que Dios es invención del hombre. Fundamentan esa idea en el antropomorfismo de la concepción de las divinidades, lo cual crea rechazo directo o encubierto. Por otra parte, está la no aceptación a lo que consideran iglesia autoritaria, materialista y hasta cruel. Un ejemplo clásico de lo último lo es la tristemente famosa Santa Inquisición. Un agnóstico afirmó: “Yo no creo en un Dios inventado por el hombre. En un principio, fue creado para combatir el miedo al misterio de los elementos naturales. La creencia se mantuvo por ambición, codicia y justificar guerras que saqueaban las riquezas de otros pueblos. Dios no es mezquino y es indescriptible, innombrable. Tan grande es su poder, que no se tiene la menor idea de su magnificencia. Es todopoderoso, no requiere de idolatría, devoción, fe o reconocimiento humanos. Carece de nociones humanas. En una energía inextinguible y eterna, ajena al “bien” o al “mal” que crea y destruye incesantemente. Su creación es indescriptible: billones de billones de galaxias que contienen a su vez billones de soles, estrellas (soles extinguidos miles de millones de años atrás), y planetas como los existentes en el sistema solar de nuestra galaxia, la Vía Láctea.

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