Ilusiones

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

LOS GOBIERNOS capitalistas tienen algo en común: invaden países para apropiarse de sus recursos naturales. Utilizan pretextos tales como defender la soberanía de las naciones, la libertad o la democracia. Estados Unidos de Norteamérica no ha invadido militarmente a México. No Hay necesidad de hacerlo. Mediante medidas económicas coercitivas se ha apoderado de las riquezas naturales, pese a la antigua Constitución. Para hacerlo compró las conciencias de malos gobernantes. Éstos a su vez derogaron las normas que convertían a las riquezas naturales propiedad de la nación y, por lo tanto, no podían ser vendidas o rentadas para su explotación a la iniciativa privada, nacional o extranjera. Pero cuando no existe real educación, tampoco hay nacionalismo y la dignidad personal se doblega ante la fortuna.
QUIZÁS después de la elección del movimiento armado de 1910, los comicios presidenciales no han producido el interés y expectación como los que actualmente se registran. Aunque debe elucidarse si la inquietud es por los candidatos a ocupar la primera magistratura nacional; los muchos partidos políticos (diez a nivel nacional) que presentaron candidato o se unificaron en torno a un aspirante. Pero, como es del dominio público, la gente está harta de los aumentos diarios que destrozan el poder adquisitivo de los trabajadores. Los altos precios crean mayores problemas a los pobres para satisfacer las necesidades básicas de su familia. La clase media resiente merma en su economía y deben disminuir los gastos de esparcimiento y confort. ¿Quién puede olvidar los aumentos a gasolinas, gas L. P. y la electricidad, causa de incrementos en cascada de todos los productos? La incertidumbre y aprensión por un futuro ya de por sí bastante lúgubre crecen por la incógnita de quién será el próximo mandatario.
CUANDO dirigía a la nación más rica del mundo, tres días después del ataque a las Torres Gemelas, George W. Bush emitió un decreto el cual otorgaba al jefe del Ejecutivo poderes extraordinarios. Esta legislación permite al ocupante de la Casa Blanca tomar medidas excepcionales. Tal ordenanza ha sido fundamental para que Estados Unidos de Norteamérica pueda tener presencia en 135 países del mundo. Esa norma la aprovechó Donald Trump. Bajo el argumento de que Siria posee fábricas de armas químicas, ordenó bombardear a ese país. Este parece ser el preludio para posterior envío de tropas, poner una marioneta en el gobierno y adueñarse del petróleo y de una nación situada estratégicamente en una zona en conflicto. Oficialmente no hubo bajas y sólo se destruyeron instalaciones de armas químicas. Trump logró un momento de gloria entre sus simpatizantes que creen las fantasías de Rambo. Hay quienes preguntan: ¿por qué los bombardeos no liberaron sustancias tóxicas que pudieron causar graves daños a la población?
DESDE tiempos remotos el miedo es el mejor aliado de los hombres de guerra. En política, que es un combate sin armas (al menos debería serlo) atemorizar al oponente es parte importante en la estrategia de atacar y defenderse. En política se aplica más el engaño, el artificio y la mentira. Esto podemos observarlo en las campañas de los candidatos a la Presidencia: “El fin justifica los medios”. Lo lamentable es que en esta guerra los únicos que ganan son los políticos y pocas veces la plebe.

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