Hasta siempre Amor

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POR: Irma Bolívar Ayala 

Amor, este es el acto más difícil que me ha tocado escribir. Hablar de ti, en tu ausencia, solo física, porque estoy cierta que mi soledad se siente acompañada con tu espíritu. Como siempre, juntos hasta la eternidad.
Qué puedo decir que no sepan quienes te conocieron. Que era un padre amoroso, sí. Que eras un hermano que estaba atento a las necesidades de tus pares, también. Que eras un amigo fiel, respetuoso, lo saben. Que fuiste una persona generosa, solidaria, afable, incansable, respetuosa, lo demostraste en todo momento. Que fuiste un marido extraordinario, sin igual, lo viví.
No voy a hablar de tu labor periodística, tu legado ahí está. Más de 50 años dedicado al periodismo, fundaste con mi humilde colaboración este periódico, Extra de La Laguna el 11 de mayo de 1992, del que siempre sentiste orgullo, lo iniciaste con el único afán de tener una tribuna donde escribir y defender las causas nobles y sociales que afectaran a la comunidad.
De los casi 25 años que compartimos juntos como esposos, un poco más por nuestro relación de trabajo, a decir verdad nos conocimos en septiembre de 1985, desde entonces inició una auténtica amistad, nunca existió una discusión que no pudiéramos conciliar con el diálogo, con respeto, nunca hubo malas palabras, ni ofensas entre nosotros.
El amor que nos profesamos nos permitió vivir con alegría, nos divertimos en grande, viajamos, disfrutamos la vida con admiración y cuidados mutuos. Que tuvimos desacuerdos, sí, pero siempre supimos con tu sabiduría llegar a punto de acuerdos.
Siempre estarás en mi corazón, mi soñador en busca de aventuras, guerrero incansable, tierno, inteligente, sabio, con una bendita locura que me contagiabas a seguir tus sueños, a veces por caminos inciertos, en los que creías y te aferrabas. Siempre confiado en Dios y me decías: … no te preocupes amor, Dios proveerá, EL siempre nos acompaña y está con nosotros…
Mi René, mi Amor, nunca supiste de rencores, siempre perdonaste toda ofensa, nunca albergó tu corazón resentimiento alguno, tu nobleza siempre la utilizaste para ayudar a los demás, para compartir, para estar, para darte, lo diste todo, no te quedaste con nada.
Viviste en amor y te fuiste sabiéndote amado, hasta el último aliento. Tu corazón dejó de latir con tu rostro tranquilo, en paz, confiado de que ibas al encuentro de Nuestro Señor Jesucristo y con tus seres queridos que se te adelantaros. Esa era tu fe, mi fe, que me permitirá seguir de pie y continuar para esperar el día que volvamos a encontrarnos. Mientras tanto viviré de nuestras vivencias, coincidencias de nuestro amor.
Agradezco a Dios estos años compartidos.
No dejes de acariciarme. Hasta siempre mi Amor. Tu Chiquita para siempre.

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