Espejismos Laguneros

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

LA MAYORÍA de la gente no escuchamos. Sólo oímos el sonido de la propia voz. Produce un gran embeleso. Lo cual, aunado a nuestro egocentrismo, anula la capacidad de atender y entender todo cuanto sea ajeno al pensamiento personal.

Sin embargo, paradójicamente, la repetición de ideas, frases y conceptos (retórica o simple demagogia de políticos), es aceptada por la gente, en ocasiones sin creer las patrañas.

Hace días escuché una cita del Papa Francisco. Aludía a la incapacidad de escuchar a los demás.

En una sociedad imbuida en la carrera: “yo quiero tener más que tú”, ¿hay alguien que recuerde las enseñanzas de Jesucristo acerca de amar al prójimo?

Amar a otra persona requiere conocerla.

Sin embargo, si el conocer se fundamenta en opiniones de quienes conocen al sujeto, sin ningún estudio a quien se pretende “psicoanalizar”, entonces

los libros de Freud, Jung y Fromm merecen la aplicación del método “Fahrenheit 451”.

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